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Angola, 30 años de crisis humanitaria

Buena parte de la población angoleña depende totalmente de la ayuda humanitaria y de la distribución de alimentos que lleva a cabo el Programa de Alimentación Mundial. Una situación incomprensible, si se tiene en cuenta que Angola debería ser uno de los países más ricos del África subsahariana, gracias a sus recursos naturales.

AMANDA SANS / MÉDICOS SIN FRONTERAS
Atención médica
Alice tenía sólo 16 años. Murió el pasado octubre en un pasillo del hospital de Kuito, mientras esperaba una operación de urgencia que le podía haber salvado la vida.

Desplazados
Los desplazados llegan a las ciudades en un estado de salud crítico, tras haber caminado varios días expuestos a la violencia, el hambre, las minas antipersonas y sin ninguna atención médica.
Alice tenía sólo 16 años. Murió el pasado octubre en un pasillo del hospital de Kuito, mientras esperaba una operación de urgencia que le podía haber salvado la vida. Había llegado sola, tras caminar cuatro días por el campo y con un feto de siete meses en su vientre que, sin que ella lo supiese, ya había fallecido. En aquel frío pasillo, sólo la acompañaba Emilie, una enfermera de Médicos Sin Fronteras que trataba de mantenerla despierta con la esperanza de que el cirujano de MSF, el doctor Wei Cheng, finalizase la intervención de una niña de tres años a la que había estallado una bomba en el cuerpo. La niña tenía metralla en intestinos, pulmones, ojos y pies. Se estaba muriendo. Alice, también.

Para desesperación de Emilie, la operación de la niña se alargó varias horas. No había nadie más en el hospital que pudiese operar. El doctor Cheng es el único cirujano. Alice falleció a las siete de al tarde sin que Emilie pudiese hacer nada. A la misma hora, la niña de tres años salvaba su vida gracias a la operación del médico.

Esta situación se repite diariamente en el hospital de Kuito, capital de la provincia de Bié. Una ciudad destruida por la guerra. El doctor Wei Cheng expresa su frustración y su impotencia ante dramas como el de Alice, al mismo tiempo que cree que "un país como Angola, con recursos naturales tan ricos como el petróleo y los minerales, debería tener capacidad para hacerse cargo de las necesidades de su población".

"Nuestra riqueza, nuestra desgracia"
Así es como resumen los angoleños la situación de su país, que desde hace 30 años vive sumido en una guerra que ha cobrado un millón de vidas, ha mutilado 70.000 más, ha provocado el desplazamiento de dos millones y medio de personas y ha abandonado a su suerte a la población civil, que intenta sobrevivir atrapada entre dos fuerzas enfrentadas y la indiferencia de la comunidad internacional. Además, los 180.000 refugiados angoleños que han llegado a Zambia y los 170.000 que hay en la República Democrática del Congo han implicado una peligrosa regionalización del conflicto.

Buena parte de la población angoleña depende totalmente de la ayuda humanitaria y de la distribución de alimentos que lleva a cabo el Programa de Alimentación Mundial. Una situación incomprensible, si se tiene en cuenta que Angola debería ser uno de los países más ricos del África subsahariana, gracias a sus recursos naturales. Angola cuenta con enormes reservas de petróleo crudo y diamantes, considerados entre los más preciados del mundo. Los ingresos del Estado alcanzaron en 1999 cerca de los 6.000 millones de dólares. Se estima que las exportaciones de crudo alcanzarán a las de Nigeria durante lso próximos cuatro o cinco años. Actualmente, una gran potencia como Estados Unidos importa más petróleo de Angola que de Kuwait.

Un discurso que enmascara la realidad
Sin embargo, pese a que la situación económica del Gobierno es boyante gracias a estos ingresos, el desarrollo económico y social del país es prácticamente nulo. Los millones de dólares que provienen de la venta de los diamantes y del petróleo sirven para seguir alimentando el conflicto armado, que se perpetúa en el tiempo sin que la comunidad internacional actúe al respecto. Es más, la comunidad internacional –varios de cuyos países tienen unos claros intereses económicos en Angola- tiende a considerar que la situación humanitaria es una consecuencia inevitable de la guerra. Y aunque la situación es tal vez ahora peor que nunca, el Gobierno, sus aliados económicos y la comunidad internacional hablan de una "normalización" de la misma. Un discurso que enmascara la terrible realidad en la que se encuentra la población y que contribuye a eximir de sus responsabilidades a los principales actores del conflicto.

Las consecuencias sobre la población:

  • La esperanza de vida es tan sólo de 42 años.
  • La tasa de mortalidad infantil es una de las más elevadas de África: de cada 1.000 bebés que nacen, 120 mueren.
  • Uno de cada tres niños muere antes de cumplir los cinco años.
  • El 76% de la población se ve privado de acceso al sistema de atención sanitaria.
  • Cerca del 70% de la población carece de acceso a agua potable.
  • El 35% de los niños están desnutridos.
  • En 1990, Angola se situaba en el puesto 64 del Índice de Desarrollo Humano, en una lista de 174 países. El año pasado, estaba en el puesto 160.
  • La media de hijos por cada mujer es de 6,9.
  • De cada 50 mujeres que dan a luz, una fallece. En España, muere una de cada 25.000.