|
|
 |
¿Cómo elegir un fotoprotector?

ABAI COSMETICS / TECNOESTÉTICA
Llega el buen tiempo, y con él la tentación de tumbarse cómodamente en la playa, el campo o la ciudad y dejarse acariciar por los primeros rayos de sol. Esta costumbre placentera, saludable y muy relajante tiene, sin embargo, su lado negativo; y es que no son pocos los que sufren los nocivos efectos del sol en su piel tras una exposición excesiva sin protección. Cada verano los expertos avisan insistentemente de la necesidad de broncearse de manera responsable.
El criterio que debe condicionar, en primera instancia, la elección del factor de protección solar es el fototipo de piel.
- Fototipo 1
Piel muy clara, con pecas, cabellos pelirrojos o rubios muy claros. No se broncean, la piel se quema. Se recomienda extremar los cuidados y usar un producto con protección 50+.
- Fototipo 2
Piel clara, cabellos rubios o castaños claros. Apenas se broncean y casi siempre se queman. Se recomienda un SPF de 50+ y luego SPF 30.
- Fototipo 3
Piel entre clara y morena; cabellos rubios oscuros o castaños. Al contacto con el sol, primero se enrojecen para broncearse después. Al comienzo deben usar SPF30 y recurrir a uno de 20 a medida que se consiga el bronceado.
- Fototipo 4
Piel morena de cabellos castaños. Se broncean fácilmente, pero necesitan protección para evitar hiperpigmentaciones, la epidermis se engrosa y los poros se abren. Se recomienda un SPF 20.
- Fototipo 5
Piel muy morena, cabellos castaños, muy oscuros o negros. Se broncean intensamente y casi nunca se queman, aún así, deben protegerse con un factor de protección bajo para evitar las manchas y la flaccidez.
- Fototipo 6
Piel negra y cabellos negros. Su color se intensifica al sol, pero no suelen quemarse; se recomienda usar fotoprotector bajo para preservar la juventud de la piel.
La edad constituye también una premisa fundamental en la elección del factor de protección. La piel infantil tiene necesidades distintas a la de un adulto, los fotoprotectores para adultos no son adecuados para niños. Lo mismo ocurre en la adolescencia, cuando la piel es más sensible por los cambios hormonales, o en la edad madura, con el envejecimiento prematuro y la menor producción de colágeno. En estos casos se impone la elección de un factor de protección elevado.
|
|  |
|