El nivel de hidratación de nuestra piel dependerá de la facilidad que tenga para retener parte del agua que pasa por ella. Las ceraminas son las verdaderas encargadas de determinar el nivel de hidratación, además de proteger y reparar las agresiones solares.
Pero con el paso de los años nuestra piel va perdiendo su capacidad de retener agua y por tanto también de eliminar las toxinas. Conforme la piel va perdiendo su capacidad de retener agua, pierde sus propiedades suavizantes y protectoras y se vuelve cada vez más seca y menos elástica, apareciendo las primeras arrugas.
Cuando utilicemos productos hidratantes para nuestra piel, éstos deben proporcionarnos la suavidad y la elasticidad perdida, ya que su función no es otra que la de regular el PH de nuestra piel, aportar los oligoelementos y las vitaminas que necesitamos para evitar el agrietamiento y la descamación, potenciar la formación de tejidos proteicos que retrasen el envejecimiento y actuar contra los radicales libres.
Si tu piel se halla deshidratada o en mal estado como suele ocurrir después de la época estival, proporciónale una buena hidratación siguiendo los siguientes pasos, pero recuerda una piel hiperhidratada puede ser tan perjudicial como una deshidratada.
En primer lugar prepara tu piel con una emulsión limpiadora. A continuación realízate un peeling corporal, aplicando el producto siempre con movimientos circulares ascendentes (que favorecerán el retorno venoso). Una vez el producto haya penetrado lo retiraremos con agua.
Al finalizar la ducha nos realizamos un masaje con el guante de crin, que favorecerá la renovación celular, y al finalizar masajeamos la piel con un aceite hidratante a base de aceites esenciales (germen de trigo, almendras dulces, lavanda, tomillo...) éste suaviza y da flexibilidad a la piel, además de estimular la circulación.
A continuación podemos aplicar una mascarilla corporal, cuya función será aportar flexibilidad y vitalidad a piel, la dejamos actuar durante 15 minutos y la retiramos con agua.
Para finalizar aplicaremos sobre la piel, después de haberla secado bien, una crema o gel hidratante realizando un suave masaje hasta que éste penetre totalmente. Aquellas que tengan la piel seca utilizarán una crema hidratante con componentes oleosos, ésta les permitirá recuperar la tersura perdida, mientras que aquellas otras que tengan la piel grasa utilizarán una hidratante con pocos o ningún componente oleoso. El aceite de lavanda, por ejemplo, regula las secreciones de grasa, además de hidratar, revitalizar y limpiar la piel en profundidad.
Si necesitas una hidratación extra para las zonas más secas o duras del cuerpo como pueden ser codos, rodillas y talones, aplícate un poco de manteca de cacao, es un producto natural muy hidratante que te devolverá la humedad perdida en estas zonas.
Y como la hidratación también va por dentro... debemos llevar una dieta sana y rica en vitaminas, en la que no debe faltar las verduras, las frutas y los cereales integrales, y por supuesto beber un mínimo de un litro de agua al día. Por otro lado deberás reducir el consumo de alimentos precocinados o enlatados, así como la ingesta de alcohol, café y tabaco, ya que estos productos atacan nuestra piel.
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Nutrir e hidratar en un acto: el baño diario
Crema hidratante corporal...