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La rosa mosqueta

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En la cordillera de los Andes, crece silvestre la rosa mosqueta, arbusto de pequeñas flores que tantas aplicaciones tiene en la cosmetología y dermoestética actual. |
ABAI WORLD / TECNOESTÉTICA / ABAI COSMETICS
Las semillas de su fruto proporcionan el aceite de rosa mosqueta, que contiene altos niveles de ácidos grasos insaturados (linoleico, oleico y linolénico entre otros) los cuales son muy importantes para la actividad cutánea, aunque el compuesto más importante que posee es la tretinonina (ácido transretinoico vitamina A ácida - retinol), que es el principal responsable de las acciones benéficas sobre la piel y regeneración de los tejidos. Además, la cáscara pulposa de sus semillas presenta un alto contenido de vitamina C.
Sus beneficios sobre la piel en distintos tratamientos han sido probados y aprobados bajo estricto rigor científico. Actúa intensamente atenuando arrugas y sobre el fotoenvejecimiento. Posee propiedades colágenas para el rejuvenecimiento de la piel, y protege frente a la deshidratación por vientos y atmósferas secas. También es un excelente activador de colágeno y un autogenerador de melanina.
Muy apreciada en tratamientos dermatológicos, para paliar:
- arrugas y líneas de expresión
- quemaduras
- cicatrices quirúrgicas
- manchas de piel
- queloides queratosis
- acné, melasmas y cloasmas
- estrías, y en el embarazo para dar flexibilidad a la piel
- verrugas
- psoriasis
- carninomas
- cicatrices hipercrónicas e hipertróficas y retráctiles
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