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Cuando los celos te carcomen

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Introducción
Celos, envidia, voracidad, trilogía de emociones "negativas" que alimentaron la creación de diez mandamientos y miles de leyes en todo el mundo que ningún poder judicial logra que se cumplan finalmente.

Sentimientos que habitan en el origen de la vida y en la concepción mítica del mundo que los propios hombres escribieron en los relatos religiosos y en los artísticos. Aún dentro de su oculta simbología en nuestro pasado lejano hay un Caín que mata a un Abel, o un Yago que induce a 0telo al homicidio a través de una calumnia porque desea su puesto, o una madrastra que inútilmente pregunta "espejito, espejito... ¿quién es la más linda del reino"? y ante la respuesta que certifica la falta se instala ella la idea de regalar a su rival una manzana envenenada.

Los celos son afectos constitutivos de nuestras más pequeñas células narcistas, y no hay ser viviente que en alguno de los ámbitos de su existencia no los haya sentido alguna vez.

También se nos revelan los celos como ingrediente del amor de pareja y se evidencian de las más diversas maneras (instinto de posesión, temor a la pérdida, fascinación del rival, pulsión de muerte, actos de violencia, o como espuela para el erotismo en un vínculo).

Pero fundamentalmente los celos "imaginarios" o "alucinatorios" son los generadores de conflictos en las parejas, en las familias, en los espacios laborales, y hasta en las contiendas políticas. Hasta se podría decir que dos gerentes de programación de emisoras competidoras hoy mueven el tablero de los ciclos televisivos para ganar el amor del público, de manera irrespetuosa hacia los espectadores, más allá del negocio que los aumentos de audiencias puedan ocasionar.

Porque en teoría buscamos una definición y un origen de los celos, saciamos nuestra ignorancia hasta conocer la fibra más íntima del monstruo verde de las siete cabezas, pero... ¿y luego qué? ¿Qué hacemos con ese saber si no podemos lograr una apropiación instrumental que nos ayude a producir un cambio en el aquí y ahora? A mitigar el sufrimiento del que cela y del que es celado.

El operar sobre los celos es una tarea de aprendizaje o, cómo diría Enrique Pichón Riviere, de "enseñaje".

La respuesta obvia es que el problema no está sólamente en enterarnos qué nos pasa y porqué, sino en ver qué podemos hacer con eso. Y cómo podemos enfrentarlo a diario con técnicas renovadoras, creativas, sorprender al otro y a nosotros mismos con recursos que nos permitan movilizar esas ansiedades profundas que nos provocan navegar aguas turbulentas donde los vínculos corren riesgos de atorarse en piedras o acantilados. Llegar pues, a través de técnicas de "trabajo grupal" allí donde la palabra no puede ser agente de cambio. Porque el cuerpo muchas veces se nieta a mentir. Y comprender finalmente que seguimos siendo únicos e irrepetibles, justamente como componentes de la gran riqueza grupal en acción, y no dentro de la ilusión del Todo pasivo y omnipotente que alguna vez creímos ser, como parte de una fantasía inevitable, pero de corta duración. Añorar ser el único es por empezar, no poder entender finalmente cuál es nuestra propia situación dentro de la corriente vital de la que formamos parte. Y es conectarnos con la impotencia de pretender detener y encapsular lo incontrolable, el Otro, ahogándonos en ese mar imaginario y frustrante.

Lo grupal, por último, nos provee la ilusión de lograr vencer ese Uno formado por el paciente y el analista, ese dúo unificado en un animal simbólico de ocho patas, madre e hijo indiferenciados, trabajando los celos y su herida desde la circulación de la energía grupal.

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