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Cuando los celos te carcomen

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Habrá sido celoso el marido de Melanie Klein. Su biografía la presenta como una mujer inquieta que con frecuencia se mudaba de ciudad y adquiría un nuevo desafío. No sólo realizó técnicas lúdicas en terapias infantiles, sino también se ocupó de grupos de adolescentes con adicciones, ya en Estados Unidos.

Para Melanie Klein existe un "Edipo temprano" que comienza a desarrollarse en la etapa depresiva del bebé, cuando éste percibe a la madre como objeto total, y se ve afectado por el fuerte vínculo que descubre entre su madre y su padre. Hanna Segal en su libro "Introducción a la Obra de Melanie Klein", Editorial Paidos, define esta situación afirmando que la misma le origina al bebé intensa frustración, celos, envidia, fantasea que sus padres están casi en coito continuo, y que se dan entre si gratificaciones que él, el bebé, desea exclusivamente para si.

Melanie Klein diferencia envidia de celos y voracidad. Los celos se basan en el anhelo de poseer íntegramente al ser amado, al objeto de deseo, y excluir todo rival. La relación es triangular y este sentimiento es posible a partir de ese momento de la vida en la que el sujeto puede reconocer y diferenciar la existencia de objetos y de relaciones objetales. En la envidia el deseo es ser uno tan bueno como lo es el objeto, y de no poder hacerlo, intentar destruirlo para que el dolor que produce la envidia cese. La voracidad en cambio es el intento de extracción de todo lo bueno que posee el objeto sin medir las consecuencias de ese acto.

Aquí van sus definiciones, anotemos:

  • Envidia: consiste en colocar impulsos destructivos y partes malas dentro del objeto, con el fin de dañarlo, destruirlo y controlarlo. Identificación proyectiva destructiva, fundamentalmente sobre objetos parciales. Tiene un componente libidinal menos intenso que la voracidad y está impregnada del instinto de muerte.

  • Celos: Se basan en la envidia, comprenden una relación de al menos dos personas y conciernen principalmente el amor que el sujeto siente que le es debido y le ha sido quitado o está en peligro de serlo, por un rival. Son necesariamente una relación de objeto total.

Melanie Klein señala que al comienzo de la vida hay dos fuentes de ansiedad: la interna estaría dada por el instinto de muerte que fundamenta el temor a la aniquilación y la externa, que estaría dada por la experiencia al nacer en forma de la primera castración y sería la base de las angustias posteriores.

La primera relación objetal que realiza el niño es la alimentación y se realiza con el pezón de la madre, tanto para los instintos de vida como para los de muerte, impulsos que estarían en equilibrio cuando el bebé está libre de hambre y tensión interna. El equilibrio se puede perturbar tanto por pulsiones internas como por elementos del medio, desencadenando la avidez.

Cualquier aumento de la avidez fortalece la sensación de frustración y paralelamente aumenta la intensidad de la agresión, lo que simultáneamente incrementa la ansiedad persecutoria y esta aumenta, a su vez la avidez, formando un círculo cerrado. Por otro lado, a medida que aumenta la gratificación, disminuye la envidia, la disminución de la envidia permite mayor gratificación y esto a su vez, estimula la disminución de la envidia.

Para Lacan los hombres y las mujeres no se diferencian por sí al reconocerse sino que, en tanto seres hablantes, son reconocidos, es decir, supone la asunción del propio sexo mediante la aceptación del sexo del Otro, más allá del encuentro con la diferencia sexual anatómica que describió Freud. Se trata de la confrontación con la existencia de una relación distinta a la castración, una posición distinta en el deseo, un estilo distinto en el amor, otro goce que no es el goce de uno.

"No sé qué soy" es el síntoma que produce la sexuación cuando se trata del reconocimiento del sexo pero no en uno sino en el Otro. La otra al acentuar y poner en juego su feminidad me ayuda a desenfundar mi masculinidad, y viceversa.

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