Suscríbete gratis al boletín de Mujeractual

¿Y por una costilla?

GERARDO JORGE SCHIDLOWSKI
Adán y EvaHabía lío por todos lados, arriba, abajo, alrededor. Él quería descansar y no podía. Al fin perdió la santa paciencia y ordenó -¡haya paz!- y el caos, tan temido por los científicos, se puso en fila.

Dios al fin pudo dormir su siesta ese día (los días en aquella época duraban como un mes).

En los días siguientes, aún sorprendido de sus facultades (nunca antes las había probado) siguió dando órdenes, hasta que casi todo lo que vemos actualmente estuvo creado. Casi todo.

Algo faltaba por ahí. Pero no lograba atinar qué. Él notaba que había paz, tranquilidad, que ese parque era un edén, como lo nombraba en privado, y sin embargo lo sentía incompleto.

Caminando por el bosque, de pronto sintió los pies mojados. Se había metido en un charco de agua. Las sandalias estaban arruinadas. De las medias ni hablemos. Hasta su toga estaba enlodada. Mascullando se sentó en un tronco caído para limpiar el desastre.

  • ¿De dónde salió ese charco? -se preguntó intrigado- ¿y quién derribó este árbol?

Mirando con atención a su alrededor, vio a uno de los tantos animales que pululaban por ahí, de los que ya había perdido la cuenta y olvidado sus nombres. El castor, que estaba construyendo un dique para alojar a su familia, también lo miró intrigado.

  • ¿Por qué estás sentado sobre mi material de construcción, no ves que se me hace tarde? -le reprochó-.

Los animales eran muy confianzudos, aún no habían visto a Dios enojado tirando rayos.

  • Perdóname -tartamudeó Dios, sorprendido de su propia reacción al pararse tan rápido que casi pierde el equilibrio. Con ese charco cerca, buena la habría hecho si se caía en él. Tengo que hacer algo con ese lodazal, o tomar otro camino cuando esté paseando por aquí, pensó.

Metió curioso una mano en el agua y sintió en el fondo un barro muy suave. Nunca había tocado algo tan delicado. Bueno, en realidad aún no había tocado las suficientes cosas como para acumular alguna experiencia que le sirviera para comparar texturas. Todo lo había creado dando voces, pero con sus manos, como un artista, un artesano o un albañil no, aún no había hecho nada.

Como no tenía nada que hacer formó unas pelotitas con barro y se entretuvo un rato probando puntería con esos puntos brillantes que se veían en el cielo (a ese famoso cinturón de asteroides que gira alrededor del sol, lo creó así, sin proponérselo).

(página 1/6) sigue en ...