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Los tres lugares de Lawrence

MARTA SEGOVIA / UNO CONTENIDOS
Estuve la semana pasada por tierras gallegas. Y lo cierto es que ese hermoso rincón de la península que igual disfruta del Cantábrico que del Atlántico, es realmente singular. Cualquiera de nosotros que haya surcado muchos caminos podrá alegar que todas las tierras de España tienen particularidades suficientes como para ser calificadas de singulares. Es cierto. Y, al mismo tiempo, todos convendrán conmigo que Galicia tiene algo profundamente sugestivo. También podría ser que al decir esto, mis raíces celtas me estuviesen traicionando, pero aún así, Galicia es especial.

Lo que sí quería decirles es que pienso que cualquier persona acaba por identificarse siempre con alguna tierra en concreto que termina por imprimirle carácter. Decía el malogrado viajero-escritor (se lo comieron los leones en África) Lawrence, inglés de principios de siglo, que todo ser humano tiene tres lugares o destinos que siempre lleva en el corazón. Uno, su tierra (de donde nace o de donde se siente); dos, aquél lugar que un día te fascina, al que siempre se quiere regresar y en el que incluso se anhela vivir; y tres, aquel lugar al que de vez en cuando hay que volver para encontrarse con uno mismo. Si Vds., queridos lectores, bucean en su alma, no tardarán en encontrar esos tres lugares que definen su espíritu.

El primero de ellos es casi visceral. Se lleva en la sangre. Suele coincidir con el lugar de nacimiento, pero no siempre. Se puede ser hijo natural o hijo adoptivo de una tierra. El ser humano, independientemente de allá por donde ande, nota en su corazón la música, la cultura, la forma de ser y la llamada de esa tierra en la que hunde sus raíces. Los gallegos y asturianos, que de eso saben mucho, llaman “morriña” a ese vacío que se produce en el interior cuando transcurre mucho tiempo desde que no se ha palpado ese primer lugar de Lawrence.

Pero un día, un desvío del camino, un recoveco equivocado o buscado, un avatar del viaje, te sumerge en territorios no conocidos, no hollados antes por tus pies. Y de pronto la fascinación te asalta y esa particular conexión psíquica despierta. Uno se siente en un paisaje nunca antes visto pero conocido desde siempre. Surge la magia y desde entonces un especial influjo, una atracción irresistible, te obliga a volver y volver. Da igual los otros muchos caminos o los otros muchos lugares que se hayan recorrido a lo largo de la vida. Ese rincón, el segundo lugar al que Lawrence aludía, que todo ser humano lleva en el corazón, es aquella tierra en donde querríamos vivir y morir sumergidos en su fascinación particular. Ese es el segundo lugar de Lawrence.

Luego está el tercero, aquél otro territorio en el que encontrarse a sí mismo. Es un lugar en el que se suele navegar para descubrirse en soledad pero con uno mismo. Es una tierra que invita a la prospección interior y que normalmente ofrece paz y serenidad. Si Vds. lo piensan con detenimiento seguro que existe un lugar especial que es aquél que siempre elegirían para meditar cuando algún golpe de la vida les saca del camino o cuando alguna decisión importante ha de cambiar su rumbo.

Y esos son los tres lugares de Lawrence que dan título a estas palabras. La verdad es que la larga reflexión que el inglés hace en su libro sobre estos lugares del corazón tiene mucha miga y más adelante nos dice que cada uno de aquellos lugares tienen su reflejo en una persona. Una de donde vienes (normalmente el padre o la madre); otra que te embruja, fascina y con la que siempre quisieras estar; y otra que está presente en todas las decisiones de tu vida, pues cuando cambias de camino o eliges otro rumbo, siempre está a tu lado.

Y la verdad es que esos nexos entre lugares y personas, al final de la vida, son lo esencial de la misma. Todo lo demás acaba siempre por ser accesorio.

Piénsenlo porque seguro que de ello extraen alguna buena conclusión o, en su defecto, les ayudará a conocerse un poco mejor. Eso espero; y sino, al menos, me gustaría que se hubiesen entretenido leyendo estas palabras. Si al final, ni una cosa ni la otra, siempre pueden pensar que son cosas de Lawrence, el de los tres lugares.