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De lo sagrado, de lo humano y del amor

MARTA SEGOVIA / UNO CONTENIDOS
Enamorarse es una cuestión de vitalidad. Quiero decir que es parte de la vida y otorga vida al que lo vive y lo sufre. No hay amor sin sufrimiento, cierto es; pero tampoco hay vida sin amor. Amor, sufrimiento y vida resultan, pues, inseparables. También es cierto que la palabra amor, de usarse tanto y con tanta banalidad, resulta, al final, carente de significado.

Amor es cuando dice Lorca: "...alrededor de tu piel, ato y desato la mía ...". Una magnífica expresión de amor sentido... ¿o de sexo apasionado? Sexo, amor, sentimiento, vida, sufrimiento... son el verdadero torbellino que deberíamos definir por enamorarse. Hay quien tiene miedo a enamorarse, por el dolor sufrido o por el que se pudiera sufrir. Aunque quizá, ese miedo es más fruto de la inseguridad que del pavor ante el dolor que se pudiera sufrir.

Bueno pues todo esto viene a que creo que me he enamorado. ¿Otra vez? dirán los que me conocen. ¿Un amor eterno... de cuánto tiempo? Dirán, con cierto cinismo, los que tan bien me conocen. ¿Un amor para toda la vida, el definitivo? comentarán los que saben de verdad de mí.

Yo creo que todos los amores nacen con voluntad de eternidad, si no, no son amores. Pueden ser deseos, atracción, pasión, divertimento... pero no amor. El amor (y es extraño que lo diga yo) tiene algo de sagrado que lo convierte en atemporal... No puede existir, por definición, amor con fecha de caducidad. Lo que sucede es que ¡es tan dulce (y tan fácil) hablar de amor en el momento apropiado, con la persona adecuada!

No quisiera que me malinterpreten, pero a mí me cuesta mucho hablar de amor. Les he dicho que considero que el amor, junto con la palabra, son los dos únicos elementos sagrados que, de verdad, nos quedan a los seres humanos. Y como tales, son los únicos vínculos que, de verdad, nos quedan con Dios, sea cual sea el Dios de cada uno. Y por tanto, pervertir o prostituir la palabra amor, utilizándola a diestro y siniestro, me parece una estupidez. Creo que, si antes de pronunciarla, antes de decir el tan osado “Te quiero”, lo pensáramos dos veces, las relaciones sentimentales entre las personas serían más fáciles. ¿Porqué no decir: "Te deseo", "Me agrada tu compañía", "Me apasionas", "Me pareces interesante", "Estoy a gusto contigo",... y un largo etcétera, antes de decir el tan peligroso “Te quiero”, que a tantas y tantas confusiones lleva. Deberíamos ser más cautos y humildes antes de pronunciarlo. También deberíamos ser más considerados con el otro/a., ya que la interpretación de estas palabras puede reportar confusiones no deseadas. Deberíamos ser, en definitiva, más exactos en la definición de nuestros sentimientos.

¿Cuántas veces en una vida alguien puede decir de verdad "Te quiero"? ¿Cuántas veces en la vida se está dispuesto a dar y recibir sin esperar nada a cambio? ¿Cuántas veces en una vida se puede respirar el aire que respira otro?, ¿pensar antes en el otro, que en uno mismo?, ¿desear sus palabras, sus sonrisas, sus miradas... para vivir? ¿Cuántas veces en una tan corta vida podemos llegar a darnos tanto como para pensar que el otro vive de nuestras miradas, de nuestras sonrisas, de nuestras caricias...? Pues miren ustedes, yo creo que ninguna..., una a lo sumo. Ésa es, al menos, mi definición y percepción del amor. ¿Utópico? ¿irreal? ¿imaginario?... Seguramente.

Piensen, de verdad, lo que es vivir, día a día, con otra persona. Compartir un espacio físico, atender, en parte, sus necesidades, mantener una relación de cierta comunicación, compartir tiempos, actividades, obligaciones, etc. Eso, no es necesariamente amor. Es una fórmula social de pareja, que tiene muchas ingratitudes y para la que hay que estar muy preparada. Puede ser una relación de intereses compartidos, puede ser una relación de cierta atracción, puede ser una relación... en fin, mil cosas... pero ¿amor? El amor, queridas lectoras, casi no existe, por lo menos en estado puro. Es una fantasía sólo alcanzable, excepcionalmente, de forma parcial. Creo, en definitiva, que cuando decimos "Te quiero", en realidad, estamos diciendo "Me gustaría quererte... pero es tan difícil."

No sé si me he explicado, ya saben que eso me suele ocurrir al final de mis escritos, pero creo que, por lo menos, saben por donde va lo que quiero decirles y, a partir de ahí, si lo consideran apropiado, pueden construirse su propia idea. La mía, como ven, es bastante incrédula al respecto. Pero hay veces, que lo sagrado del amor comienza a provocar cambios físicos y mentales en una y, de pronto, te parece estar en esa situación tan particular en la que todo te parece distinto y en la que estás dispuesta a olvidar parte de tus creencias. Y así ando yo en estos días.

No me hagan mucho caso pero hoy..., ahora, creo que estoy enamorada. Y ya ven, mi idea de lo sagrado y todo eso se va al carajo. ¿O esta vez habré dicho "Te quiero" de verdad? Se lo contaré.