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El que no puede pagar, muere

Estoy cansado de ver a mujeres, niños y hombres que mueren de SIDA o de la enfermedad del sueño cuando sé perfectamente que el tratamiento existe y puede ser accesible. Estoy cansado de que la rentabilidad esté por encima del derecho a la salud. Estoy cansado de escuchar: "El que no puede pagar, muere".

DR. JAMES ORBINSKI / MÉDICOS SIN FRONTERAS
Médicos de MSF
La salud no debe ser un privilegio de sólo unos pocos o de los ricos.
¿Debemos decir a nuestros pacientes: "Lo siento, no puedo tratar su enfermedad: morirá porque el mercado falla"? No puedo aceptarlo. La salud no debe ser un privilegio de sólo unos pocos o de los ricos. Los gobiernos y la comunidad internacional tienen que actuar ya para solventar la crisis del acceso a los medicamentos vitales. La salud de la gente no debería depender del libre mercado. El mercado farmacéutico ya está suficientemente regulado. Son los gobiernos nacionales los que autorizan a las compañías a vender medicinas, y los que les garantizan la exclusividad de los derechos de mercado a través de las patentes. Una compañía tiene la responsabilidad ante sus accionistas de conseguir los máximos beneficios. Cuando el beneficio corporativo priva a la gente del acceso a los medicamentos, la intervención del gobierno está llamada a actuar.

En Tailandia, los pacientes con SIDA y meningitis son afortunados en un aspecto: pueden dar las gracias por no vivir en Kenia. El fluconazol, que es el medicamento usado para tratar esta enfermedad, cuesta 0,70 euros al día en Tailandia, mientras que en Kenia cuesta 2 euros. En Tailandia la patente del medicamento no está protegida; en cambio en Kenia sí lo está. Eso significa que en Tailandia el medicamento puede ser fabricado y vendido más barato. En Tailandia los pacientes pueden ser tratados. En Kenia, en cambio, mueren.

La protección a las patentes hace que los precios los marquen las compañías multinacionales farmacéuticas abusando de los derechos de las patentes de los medicamentos que los gobiernos nacionales les otorgaron. Por lo tanto, se exige la intervención de los gobiernos.

La solución no es eliminar la protección de las patentes pero sí el pedir que los precios de los medicamentos se modifiquen de acuerdo con el nivel de ingresos de los países. El mercado por sí sólo no asegura un acceso a los medicamentos esenciales. Los estados tienen la obligación de regular la situación para frenar la conducta de las compañías, y para dar prioridad al desarrollo de determinados medicamentos.

La salud no es una comodidad, es un derecho de cada persona: no es negociable, y es obligación de los estados el respetarla, protegerla y satisfacerla. La reglas del comercio y del beneficio no deben ser una barrera para la salud, y la salud no debería depender de la generosidad de los privilegiados. No obstante, es imposible solventar estos temas sólo con la caridad.

Los países desarrollados deberían fomentar esos acuerdos comerciales que puedan mejorar el acceso a los medicamentos esenciales: las importaciones paralelas y las licencias obligatorias.

Los países desarrollados deberían apoyar las nuevas iniciativas, incluir un mandato público de investigación y desarrollo y una "Ley de medicamentos para las enfermedades abandonadas" que potenciaran el desarrollo de los medicamentos para las enfermedades endémicas de los países pobres. También deberían dejar de presionar a los países pobres con restricciones arancelarias y asumir la responsabilidad de mejorar la salud de la población.

La búsqueda de la salud en las poblaciones debe ser prioritaria sobre los intereses privados o los beneficios. La salud es inherente a la dignidad de las personas.