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El Sur también existe

Levantamos muros para encerrar nuestros miedos, sin darnos cuenta de que con ello nos encerramos nosotros también.

PEPE GÁLVEZ / TRIBUNA / FSAP
Vallas de MelillaEn los años del franquismo se utilizó como metáfora de la situación de la sociedad aquella prohibición que figuraba en las ventanillas de los vagones de pasajeros de los trenes: prohibido asomar la cabeza al exterior. Ahora, esa orden la hemos convertido en práctica habitual, sólo que consentida y disfrazada. Somos ya un país que invierte gran parte de su ocio en viajar, pero seguimos desconociendo lo que no nos interesa y, sin embargo, deberíamos, saber, por ejemplo, cómo se (mal)vive en ese Sur, del que nos llegan esas continuas embajadas no deseadas.

En estas páginas hemos comentado, y ahora volvemos a recomendar, Ébano el libro del periodista polaco Ryszard Kapuscinski, autor también de El emperador y Un día más con vida. Su dolida, a veces estupefacta descripción del hundimiento humano en el continente africano, ha encontrado digno eco en las palabras escritas de Bru Rovira. Este reportero de La Vanguardia, hace años que ofrece sus crónicas sobre la continua tragedia en que se ha convertido la vida en ese continente. Así, últimamente hemos conocido por él cómo ese país olvidado que es Tchad, ve cómo de sus entrañas, se arranca con codicia el petróleo, sin que se cumpla la contrapartida de unas mínimas medidas de desarrollo. Ahora RBA edita, con el significativo título de África, cosas que pasan no tan lejos, un libro que se basa en reportajes publicados en el mencionado periódico durante más de diez años.

Ya sabemos que a las vacaciones les pedimos un relajamiento, muchas veces tan merecido como ansiado. Pero esa distancia que conseguimos establecer con el aturdimiento del día a día, nos puede permitir, además de disfrutar de pequeños y grandes placeres, levantar la mirada, más allá de los límites de nuestra comodidad. En todo caso, el libro de Bru Rovira nos ofrece la posibilidad de conocer un poco más un paisaje que aunque esté preñado de odios, codicia, violencia y sufrimiento, nos acercará más a la condición humana y nos permitirá asomar la cabeza, aunque sea tímidamente, a ese exterior cada vez más cercano.