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Hijos con autoestima

SHEILA MORATAYA FLEISHMAN
ImagenRecientemente he podido tener la oportunidad de trabajar con diferentes organizaciones para padres y profesionales hispanos en diferentes estados de los Estados Unidos. No hay duda que nosotros los hispanos, seremos la minoría más grande en el año 2005. Por esto es urgente la necesidad y responsabilidad de autoeducarnos.

La cultura de la autoestima es algo que no nos da la escuela, la Universidad, o el trabajo. Si vivimos en los Estados Unidos, vemos como ésta está enfocada en el aspecto material y en el espíritu de competencia. Si vivimos en un país latinoamericano, nuestra autoestima está orientada a la pertenencia a una familia y a una comunidad. La mayoría de nosotros hemos sido educados en hogares en donde no existía la cultura de la autoestima. El sentimiento de autoestima es el que permite que cada uno en el fondo se sienta especial, merecedor del amor y felicidad y único.

El hogar es el único lugar en donde se nos pueden brindar estos sentimientos hacia nosotros mismos. El que nuestros padres no lo hayan hecho en su momento, explicará por qué muchas veces nos sentimos poco valiosos, con un limitado aplomo y no preparados para el rechazo de la gente. La autoestima puede reconstruirse en la edad adulta, pero si ya somos padres, ¿por qué no tomarnos el tiempo de hacer una mejor tarea de la que hicieron nuestros padres con nosotros?. Las siguientes actitudes parentales pueden influir sistemáticamente sobre la autoestima:

Implicación de los padres
Tanto la calidad al dar amor como la atención al estar con los niños cuenta. El recién nacido, desde el primer momento que se siente en los brazos de su madre o de su padre necesita verse mirado y bien recibido. Es el primer sentimiento que tendrá sobre él mismo y quedará grabado para siempre en su subconsciente: soy bienvenido. Los padres descritos como indiferentes hacia sus hijos o aquellos que se ausentan frecuentemente durante largos períodos tienden a tener hijos con niveles más bajos de autoestima (Coopersmith,1967; Rosenberg,1965). Los niños con niveles superiores de autoestima, tienen muchas veces padres activamente implicados. "Están" verdaderamente para ellos. Por eso convertirse en padre o madre es aceptar el reto de "entregarse generosamente" a ese nuevo ser que viene y depende totalmente de mi calidad como persona.

Aceptación incondicional de los padres
La aceptación se usa con frecuencia para describir la voluntad de los progenitores a ver las virtudes y debilidades de un hijo, o a ser consciente de cada niño en términos de sus potencialidades y limitaciones. Este hallazgo del psicólogo Coopersmith en 1967 sigue siendo vigente también hoy. Es importante que desde muy pequeños vayamos aceptando la propia individualidad y forma de ser de cada hijo. Motivarlos pero no forzarlos a ser como nosotros queremos que sean. Exigirles pero estando conscientes que cada quien tiene sus límites. Hay niños que aprenden a leer a los 3 años, otros lo harán a los seis. Existen pequeños que son extremadamente extrovertidos; otros que son tímidos y se esconden debajo de la cama cuando llega visita. Lo importante es no mostrar actitud de enojo o frustración ante su comportamiento. Especialmente cuando se tienen hijos totalmente diferentes. Acoger, aceptar y mostrar orgullo por cada hijo, revela el grado de madurez emocional en los padres.

Expectativas claras
Las expectativas y límites claramente definidos son actitudes en los padres que a menudo se asocian con el desarrollo de la autoestima positiva en los niños. Establecer objetivos de educación altos (pero no imposibles), por ejemplo, implica establecer límites claros y firmes (pero no duros e inflexibles). Hacerlo, ayuda a desarrollar la autoestima de nuestros hijos en dos formas:

  • Por una parte, hacen saber al niño que ciertas forma de conducta son deseables o "buenas" y que debe esforzarse por lograrlas. Le hace aprender que vale la pena autoexigirse.

  • Por otra parte, establecer límites o marcar territorios es importante porque no hacerlo es, a largo plazo destructivo para la autoestima. Un ejemplo sencillo puede ser la hora de ir a la cama. Lo importante en este caso, sería cumplir con la disciplina de irse a la cama siempre a la misma hora.

Respeto
El tratamiento respetuoso hacia los hijos es otra actitud que merece ser tenida en cuenta. Las investigaciones sobre los estilos parentales de disciplina, por ejemplo sugieren que frente al estilo autoritario o permisivo, el democrático (Coopersmith, 1967) o autoritario (Baumrind, 1975) es más favorable para el desarrollo de la autoestima de los niños. De parte de los padres debe de prevalecer la actitud de "yo te respeto porque existes" no porque eres mi hijo. Una actitud así, evita el romper a gritos ante comportamientos de un hijo. Implica estar atento a que él es una persona independiente que merece todo mi respeto y que además es mi hijo. Muchas veces, los padres fallamos en este aspecto porque vemos en el hijo, una propiedad con la que podemos hacer lo que nos da la gana hacer, cuando en realidad tenemos en nuestras manos el cuidado mental y espiritual de ese ser humano.

Es importante que como educadores de nuestros hijos tomemos consciencia del efecto potencial que tienen nuestras actitudes en la vida de aquellos que estamos formando. El ser humano es energía en potencia. Una energía que requiere de la formación y guía adecuada para que la misma no se desperdicie. Si con nosotros fallaron, intentemos al menos cortar el círculo y aspirar a un tipo diferente de ser humano. Ese que será el resultado de nuestra propia paciencia y entrega.