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El mayo que cambió la vida y transformó la sociedad

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Hay acontecimientos, como el Mayo del 68 que no envejecen con los años, que siguen conservando una aroma fresco y una imagen de juventud en el recuerdo. Cuarenta años más tarde, dos veces la cifra del tango, no podemos decir que el tiempo ha pasado como si nada, porque nos ha dejado el peso de expectativas que no dejarán de serlo, y movimientos conservadores que se empeñan una y otra vez en dar marcha atrás a la historia. Pero ahí está el recuerdo de un periodo hermoso como todos los que consiguen agitar las viejas estructuras del poder e inquietar a los poderosos. |
PEPE GÁLVEZ / TRIBUNA / FSAP
En aquellos tiempos, a los españolitos nos helaba el corazón una dictadura que pretendía prolongarse por medio del desarrollismo, nuestra celtibérica versión del neocapitalismo. El aumento del nivel de vida, el 600 y el piso pretendía convertir a los proletarios en propietarios satisfechos con el orden a cualquier precio. Las cosas no fueron así, o no fueron del todo así, pero entonces los Pirineos era mucho más que una barrera orográfica; mientras en Francia, y pronto en otras partes de Europa y América, se planteaban qué hacer con la libertad, nosotros aún estábamos en el qué hacer para conseguir la libertad. La censura tamizaba y matizaba, de qué manera, las noticias que nos llegaban de una Francia que no sólo estaba sometida a la democracia partidista sino que se veía arrastrada al marasmo del caos social. Y, sin embargo, esos ecos sonaban a música celestial para muchos oídos que veían, veíamos, confirmadas las esperanzas de que las cosas no siempre tenían que ser así, o como cantaba Bob Dylan "es que los tiempos están cambiando".
Para tener noción de los cambios, hay que situar los déficits democráticos que entonces padecían las sociedades del primer mundo; de nosotros y el tercer mundo ya ni hablamos. Instaladas en su etnocentrismo esos cuerpos sociales veían cómo los procesos de descolonización se extendían por Asia y África. Francia, por no ir más lejos, acababa de salir de dos guerras y dos derrotas una tras otra, en Indochina y Argelia y Estados Unidos se hundía poco a poco en el marasmo del Vietnam. Las relaciones laborales dentro de las fábricas se regían por el tradicional autoritarismo, así como por el despotismo derivado del taylorismo.
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