Suscríbete gratis al boletín de Mujeractual

Decepciones

A sus 34 años, Pilar no se casa con nadie. Su primer novio resultó poco serio para mantener una relación: se fue con otra. El segundo era tan guapo como aburrido. Intentó espabilarlo pero el chaval no fue capaz de cambiar. Tampoco encontró su príncipe azul entre los chicos del trabajo, del barrio o del grupo.

AMALIA NOVATTI
Pareja En busca del hombre ideal
Pilar jura que tiene mala suerte y que todo le sale mal: pero lo cierto es que ha puesto su ideal demasiado alto: su padre, un ejecutivo inteligente, guapo, divertido, buen padre y amante, marcó el ideal de hombre que ahora espera. Por otra arte, sus amigas, madres de familia, apenas le pueden dedicar tiempo. Y ella, desde su inmadurez, cree que han traicionado su amistad. Su vida va de desengaño en desengaño: no tolera la frustración, vive al límite de su estabilidad emocional y el más mínimo contratiempo la hunde. Por eso ya no se arriesga.

Muchos pueden ser los motivos de decepción y es normal sufrirla a lo largo de la vida: una promesa incumplida, la ruptura de un amor, un trabajo malogrado durante todo el año que sale mal... ¡nos sentimos derrotados!. Pero, pasado un tiempo, recuperamos fuerzas y volvemos a tener ilusión. Por supuesto, no es lo mismo la traición de un amigo que el disgusto por la mala calidad de unos zapatos de catálogo. El primero requiere un proceso de recuperación que en el segundo es casi inmediato. Las personas inmaduras o con tendencia a endiosar e idealizar personas, cosas y circunstancias se llevan más desengaños: "no tengo suerte", "no creo en el amor", "todo me sale mal"...

No esperes más de lo que van a darte
Las expectativas son ideas preconcebidas, esperanzas, ilusiones sobre lo que se entiende que debe ser algo o alguien. Para evitar la decepción, las expectativas nunca deben superar las posibilidades.

Personas dependientes y carentes de afecto
Las personas dependientes suelen sufrir en sus relaciones sociales porque exigen demasiado a sus amigos, vecinos y conocidos. Tienden a idealizar a cualquiera que les tienda una mano; piensan que le tendrán para siempre cuando, quizás, sólo se trata de una relación circunstancial. Lo mismo ocurre cuando alguien padece una carencia afectiva: tiende unos lazos de unión que, al romperse, provocan una enorme frustración.

Autodecepción: No asumo ni un fallo
Cuando ponemos todo nuestro empeño en conseguir una labor y fracasamos, nos sentimos decepcionados. Y en cierto modo, cambia la opinión que tenemos de nosotros mismos. Si este sentimiento se repite varias veces, la autoestima se tambalea y con ella nuestra seguridad psíquica. Una autodecepción moderada puede ser positiva: nos enseña a evitar cometer los mismos errores. Y por el camino más práctico, nos ayuda a proyectar el ánimo hacia la superación personal. El problema viene cuando la autodecepción se integra psicológicamente de forma negativa, bloqueándonos. Tras un fallo, algunas personas se convencen de su poco valor y optan por abandonar toda lucha: el fracaso se interpreta siempre como definitivo.

Ideal normal
Premisa: "Deseo..."
Planteamiento: "Lograrlo sería genial, pero no resolvería todo".
Idea inconsciente: "Puedo obtener parte de lo que sueño".
Consecuencia del fracaso: Si el ideal no se alcanza, habrá decepción, pero la autoestima se recuperará pasado un tiempo.

Ideal patológico
Premisa: "Debo..."
Planteamiento: "Cuando lo haya conseguido, mi vida será maravillosa".
Idea inconsciente: Todo o nada. "Debo conseguir mi sueño; si no, me muero".
Consecuencia del fracaso: Si el objetivo no se logra, depresión y decepción crónica.

Por todo ello, intenta alcanzar tu meta, pero teniendo presente la posibilidad de fracaso.