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Entrevista a Josefina Aldecoa

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Josefina Aldecoa acaba de publicar "Fiebre", una recopilación que recoge lo más representativo de su actividad cuentística. La autora leonesa, miembro de la Generación de los 50, refleja en sus obras la preocupación por el ser humano y sus conflictos. Desde siempre ha manifestado interés por lo cercano y por las situaciones vividas por los protagonistas de cada época. Esta inquietud no sólo se refleja en sus libros, paralelamente a su faceta literaria, se halla su labor educativa, al frente de un colegio que fue creado en 1959 y al que continúa dedicando sus esfuerzos en la actualidad. |
EUGENIA RODRÍGUEZ / UNO-CONTENIDOS
"Fiebre" es una recopilación de cuentos que recorre varias etapas de su actividad literaria, desde los años 50 hasta los 90. El cuento es un género que usted no ha dejado de cultivar a lo largo de su carrera. ¿Qué es lo que le atrae de este género?
No lo he cultivado con la asiduidad que me gustaría, porque es un género que me gusta mucho, es una obra maravillosa para emprenderla. Lo que me atrae de él es ese algo que tiene de instantánea fotográfica, capta un momento de la vida de los personajes, se trata de sorprenderlos en un momento crítico, en ese instante en el que va a pasar algo. Empieza y termina brevemente, resulta muy redondo. Cuando queda bien es una obra perfecta... un género muy tentador.
¿Considera que es un género bien tratado, tanto por la crítica como por los lectores?
Yo creo que cada vez se va imponiendo más, ha habido etapas. Cuando un lector descubre el cuento no lo deja ya, porque es tentadora la idea de que puede dejarlo y retomarlo cuando quiera, sin el riesgo de perderse en la narración, como puede suceder con una novela. Aquí la historia es más breve, empieza y termina. Se puede elegir cuál leer, sin importar el orden.
¿Cuándo descubrió su vocación de escritora?
Yo creo que la vocación de escritor empieza como vocación de lector. A partir de ahí nace el deseo de convertirse en comunicador. Yo leía mucho de niña. Empecé leyendo cuentos de todas clases, novelas de aventuras, rosas... A los trece o catorce años fui pasando a otro tipo de literatura de mayor calidad. Cada lector tiene un gusto especial, que a veces no tiene nada que ver con la historia de la literatura. Hay muchos tipos, si se lee mucho se exige cada vez más y mayor calidad.
¿Uno nace siendo escritor, o es algo que se descubre con el paso del tiempo y con el aprendizaje?
No creo que uno nazca siendo nada, creo que uno se hace. Aunque para determinadas profesiones se puede estar más o menos predispuesto, tener más o menos capacidad en función del carácter, la sensibilidad, las circunstancias vividas... En el caso del escritor la formación que se necesita es muy compleja y es mucho menos determinante lo genético.
¿En qué momento se decidió a dar el paso de publicar?
Al principio uno lo que hace es redactar. Yo empecé a publicar durante mi etapa de estudiante universitaria.
Usted estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Madrid, y durante esta etapa entró en contacto con otros escritores, como Ferlosio, Martín Gaite o el que se convertiría en su esposo, Ignacio Aldecoa. A todos ustedes se les ha incluido en la llamada Generación de los 50. ¿Cuáles eran los ideales de esta generación? ¿Qué queda en usted de ellos?
Bueno, nosotros formamos la Generación de los 50, aunque se trata más bien de algo cronológico, durante esos años empezamos a escribir una serie de personas..., era la posguerra, se tocaban temas que tenían que ver con el momento, los problemas de aquella gente. El origen de esta generación es, pues, totalmente cronológico; hay que diferenciar claramente lo que es una generación de una escuela literaria. Cada uno de nosotros desarrollaba un tipo de literatura distinto, no había unos ideales comunes en este sentido, la coincidencia no era otra que la de escribir sobre lo que se tenía cerca, sobre las vivencias de la época. De lo que se ha vivido queda todo, y yo continúo escribiendo de todo lo que veo a mi alrededor.
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