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Entrevista a Alex Alemany

Nacido el 5 de enero de 1943, la obra de Alemany es el eslabón perdido entre la poesía y la pintura. Buceando en sus propias sensaciones, sentimientos y conceptos, nos los comunica con la credibilidad de su técnica preciosista, haciéndonos participes deĦ clima del cuadro, e identificándonos con las cosas que en él nos cuenta: realismo mágico.

EUGENIA RODRÍGUEZ / UNO CONTENIDOS
Cuadro de Alex Alemany¿Cuándo descubrió su vocación por la pintura?
    Pues de pequeño, ya en los primeros años de mi vida ya empecé, en el colegio, a dibujar en los márgenes en blanco de los libros, y fue una tendencia espontánea y sin precedentes.

¿Quiénes eran sus maestros durante sus años de aprendizaje, sus principales referencias?

    En San Carlos, en la Real Academia de Bellas Artes, eran Gerardo Huerta y Francisco Lozano los principales. Aunque, bueno, también hubo otros que, como profesores al menos, también me aportaron los suyo, como Jiménez Montero, Hernández Suria, y muchos, pero, vamos, los más nombrados son Huerta y Lozano.

Posteriormente a estos años de iniciación, usted viajó por diversas partes, como por Inglaterra, en busca de las tendencias, de las vanguardias, ¿le costó encontrar su propio estilo?

    No, es algo que con el tiempo fluye con la misma evidencia que fluyen otras tendencias, de cualquier tipo. Lo que ocurre es que, en la medida en que uno sigue aprendiendo y sigue teniendo curiosidad por lo que le rodea, pues va evolucionando. Y, entonces, va encontrando cierta coherencia y eso implica el reconocimiento de las propias limitaciones y que, además, va unido con una tremenda curiosidad por lo que no se sabe, que es casi todo. Nunca se cierra este proceso. Además es muy mal síntoma el creer que se sabe algo, porque es el primer paso hacia la ignorancia, que es un camino sin vuelta.

¿Usted piensa, cuando pinta, en el público hacia el que se pueda dirigir o, tal vez, es una expresión de lo que, en ese instante, le surge?

    Desde hace tiempo veo la pintura como un psiquiatra. Es decir, que cuando yo tenía alguna obsesión o algo que me martillaba, pues lo pintaba y así se desvanecía, o por lo menos lo expresaba y así se convertía en el primer paso para empezar a dejar de tener esas obsesiones. Es un planteamiento muy personal, y que también mucho de denuncia. Es decir, las últimas tendencias de vanguardia que, en aquel momento me tenía bastante obsesionado, también bastante distantes desde mi planteamiento, yo jamás olvidé que la pintura es una forma de expresión, de comunicación personal. Y, desde principios de siglo, la verdad es que las artes plásticas seguían un discurso paralelo a otras artes como la poesía o la arquitectura, haciendo un planteamiento global a todos los hombres. Por ello, tenía en mi interior muchos conceptos que necesitaba también expresar a través de la pintura, que también tenían mucho que ver con la poesía.

En su temática está muy presente el mundo femenino, ¿por qué esta inclinación hacia el lado femenino?

    Porque todo fenómeno humano me interesa, porque tienen una importante trascendencia poética. Y la maternidad es uno de ellos, siempre ha sido una facultad humana que se asemeja a las explicaciones bíblicas sobre la creación y todo esto. Pero está a nuestro alcance y es más comprensible, y nos rodea cotidianamente. En cuanto a la mujer, en general, qué voy a contar. Las mujeres siempre me han parecido una de las más bellas creaciones. Y mi admiración por la mujer va mucho más allá de las convenciones estéticas. Además, los datos actuales me están dando la razón, porque se está demostrando que las mujeres son mucho más inteligentes que los hombres. O, por lo menos, son mucho más humanas, mucho más capaces para el amor y tienen una serie de virtudes que los hombres no podemos presumir tanto.

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