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Entrevista a Alex Alemany

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Cuadro de Alex Alemany¿Y es este alma femenina la que usted pretende reflejar en sus retratos?

    Sí, por supuesto. Lo que ocurre es que trato que la estética no sea más que la superficie del alma interior, que es lo que yo persigo. A veces recurriendo a la sublimación física femenina, y a través del rostro, en un intento por darle una trascendencia espiritual que no tendría si me fijase, únicamente, en las líneas estéticas y armoniosas del cuerpo femenino.

¿Se podría decir que el retrato es su género predilecto?

    Bueno, desde pequeño, mi tendencia espontánea ha sido retratar a mis compañeros, a mis profesores, mediante la caricatura. No sé bien porqué me atrae mucho más la expresión humana, cualquier gesto... obviamente también pinto paisajes, sobre todo marítimos, porque me paso muchas horas mirando el mar. Pero siempre me parece mucho más trascendente la relación con un humano que la pura observación de fenómenos naturales, donde no hay un intercambio mundial entre ellos y yo. La naturaleza va por su parte y yo no puedo hacer más que observarla.

¿Se considera usted un pintor disciplinado, muy exigente consigo mismo?

    Soy muy exigente conmigo mismo, y cuantos más años cumplo más lo soy porque es una forma de ir aprendiendo, con el conocimiento de las propias limitaciones. Y yo, cuanto más sé, más me doy cuenta de las propias limitaciones que tengo. Hay que ser humilde, porque a través de la humildad me he dado cuenta de que no estoy ni a la mitad del camino que yo querría hacer, además que es normal.

En su trabajo, ¿usted también acepta encargos?

    Acepto a medias los encargos, porque cuando, a veces, me piden alguna cosa, los soslayo. Entonces, cuando, a veces, el personaje tiene cierto magnetismo y tiene una expresión que me convence, pues hago caso omiso de la vista y me pongo a pintarlo directamente. En cuanto a los encargos de temas generales, que hago yo libremente, acepto encargos, en el único sentido del tamaño de los cuadros.

¿Destacaría alguna personalidad a la que haya hecho encargos?

    Bueno, destacaría a un recién desaparecido, como es Antonio Ferrandis, que disfrute mucho pintando, porque es una persona muy fácil de pintar, porque todo él era una expresión tan clara que no hubo ninguna dificultad, y eso generó una amistad y una aproximación humana.

¿Le influye la crítica a la hora de ponerse a trabajar?

    Soy muy escéptico con la crítica, a pesar que me trata bien. Pero es que no entiendo el oficio del crítico, no sé quién les dio autoridad para establecer modas, ya no para juzgar, y es una consecutiva lista de barbaridades y de errores. Son creadores frustrados, y que muestran esa frustración a través de etiquetas y emitiendo juicios que nadie les pidió sobre los que estamos en el oficio.

Usted, como presidente del Círculo de Bellas Artes, ¿cómo ve las nuevas generaciones?

    Los veo desorientados, pero no cabría esperar otra cosa, por ser el signo más claro de las nuevas generaciones. Desorientación, globalización del pensamiento, donde no hay enemigos, no hay causas por las que luchar, la saturación de información donde hay infinitas expresiones artísticas, donde se mueven por el individualismo, los artistas que se crean a ellos mismos ante la imposibilidad de orientarse por esa saturación de la información y poder elegir una tendencia determinada.