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Entrevista a José María Alfaya

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Hacía tiempo que teníamos ganas de invitaros a conocer más a fondo a uno de los columnistas de la última página de Tribuna. Méritos le sobran pero nos frenaba ese tabú atávico que impide hablar bien, y en su propia casa, de un compañero querido. Sucede que hemos constatado que esto derivaba en una injusticia. La ocasión para repararla, sólo en parte, nos ha venido dada por la próxima salida de un libro-disco, con la estelar participación de José María Alfaya y el Taller de Reinsertables, en el que se compendia y estudia, para regocijo popular y asombro de eruditos, la magna obra de Vinicio Pollo Sanguinetti. |
MARIANO CRESPO / TRIBUNA DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA
¿Se pueden comprender en todas sus perspectivas las décadas de los 80 y los 90 sin las reflexiones de Pollo Sanguinetti?
Perfectamente. (Risas) Es más para entender los 80 y 90 habrá que estudiar a cualquiera que no sea Pollo Sanguinetti. Pero en él encontrarás descripciones divertidas que reflejan esa época.
¿Cómo surgió la idea de hacer el libro-disco?
La idea surgió hace un año. Quería un libro-disco porque me interesaba generar una ficción en torno a las canciones que utilizamos en el espectáculo y cuya autoría adjudicamos a Pollo Sanguinetti. Entonces, como soy un integrador vocacional de recursos incompatibles entre sí (risas) y como conocía a la gente de Ediciones de La Discreta, gente que me encanta por su complicidad con los autores que publican, y como, por otro lado, Pepe Tarduchi estaba haciendo una historia cachondona de los "Reinsertables", y como, además, en el Taller empezábamos a musicar a otros autores, me pareció que era el momento adecuado para finalizar la etapa de Pollo Sanguinetti con este libro-disco, ficción humorística que parte de los textos de Guillermo Alonso del Real. Y para ello hemos solicitado y obtenido la colaboración de unos cuantos cómplices: Dulce Chacón, Luis Junco, Juan Varela-Portas, Dativo Donate, Noé Mora S.J...
Por cierto, los orígenes de Pollo-Sanguinetti son africanos.
Las canciones de Pollo son africanas porque a Guillermo, que es el letrista, lo conocí en Tetuán, cuando yo actuaba y era el roadmanager (risas) del Indio Juan en una especie de recital poético que intentábamos colocar por todos los centros culturales de Marruecos. Yo entonces estaba dirigiendo el de Fez y actuaba de promotor en los restantes centros. Llegamos a Tetuán, Guillermo daba sus clases en el Instituto Español, y nada más conocernos, surgió la complicidad (gestos expresivos de compinchamiento por fumaratas e ingestas alcohólicas varias); el primer día que trabajamos juntos surgieron seis canciones. La figura de Pollo como alter ego literario apareció más tarde. Surgió por primera vez en un programa radiofónico de Onda Verde como homenaje al "Johann Sebastian Mastropiero" de Les Luthiers.
Aunque te sea incómodo, vamos hablar de ti sin la protección que te proporciona tu máscara de Vinicio. Tú también eres africano.
Nací en Ceuta que es África pero no lo es, porque es una África transformada por la presencia cristiana desde 1415 y, sentimentalmente, no se puede considerar África. Sin embargo una parte, mínima si se quiere, de originarios de ese trozo de África española, entre los que me encuentro, sí que mira hacia Marruecos sin complejos. Nunca he percibido el Islam como algo amenazante sino como igual pero diferente. Observándonos de cerca te das cuenta de que somos extraordinariamente parecidos.
Tú habías estudiado Filología Semítica y visitabas la Escuela de Estudios Árabes de Granada pero tu relación con África se intensificó de manera obligada.
La culpa la tuvo la policía española. Había concluido la carrera y en una movida policial, me encontré acusado de los peores crímenes contra el orden público y me tuve que exiliar. Otros se iban a París pero yo como era más desgraciado, (risas) me tocó el Norte de África. Allí, tras ejercer la enseñanza, tuve la suerte de trabajar como director de un centro protoCervantes en Fez. Cohabitaba con mis colegas del Instituto Francés y conocí por ellos lo que era la animación socio-cultural. Lo que los franceses llamaban así era lo que había hecho toda mi vida.
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