Entrevista a Carlos Baute

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A Carlos Baute se le compara con Chayanne y con Ricky Martin. La consabida fórmula de ritmo latino, rostro agradable, físico de escándalo y coreografías perfectas no ha funcionado mal en otros lanzamientos de figuras musicales pero, desde luego, no sirve para explicar el éxito que está consiguiendo este arrebatador venezolano de 26 años en nuestro país. Y es que esa recurrente fórmula no tiene nada de mágica si, detrás, no existe un buen trabajo que permanezca tras el brutal impacto de la imagen en las fans adolescentes. |
NATHALIE RON / UNO-CONTENIDOS
Carlos Baute se propuso, hace ya años, recuperar los sonidos afrovenezolanos más tradicionales, fusionar músicas e internacionalizar los ritmos de Latinoamérica. Ahora recoge los frutos de ese empeño con las ventas de su primer álbum para el mercado español y tercero de su carrera "Yo nací para quererte".
¿Esperabas esta acogida y el nivel de ventas que estás teniendo en España?
La verdad es que siempre se trabaja con la ilusión de que la gente va a escuchar tu música en sus casas pero, desde luego, nunca te imaginas que vas a vender tantas copias. Yo me entrego a lo que hago y si el público me gratifica escuchando mi música, pues yo me entrego más todavía. Es lo más grande que nos puede pasar a los cantantes y, sobre todo, si, además, participas en la composición de los temas y en la coproducción, como me ha pasado en este caso en el que he escrito varias de las letras. La experiencia ha sido maravillosa.
Es tu primera coproducción, ¿te ha gustado la experiencia?
Ha sido una experiencia tremenda porque estuve presente todos los días, desde que empezamos a grabar las bases, con la guitarra, el piano y los demás instrumentos, diciendo en cada momento si me gustaba o no, si había que cambiar un acorde por otro, planteándonos la armonía global del disco. De esta manera, pude plasmar todas las ideas que tenía en mente. Esta producción soy, de verdad, yo.
En tus canciones hay por igual baladas tiernas y ritmos bailables. ¿Con qué te sientes más a gusto?
Con las dos. Me encanta interpretar y también trato de hacerlo cuando estoy bailando, algo que es muy difícil, porque estás haciendo una coreografía, con el mismo sentimiento y algo de sabor, pero en las baladas supongo que entregas parte de ti mismo, porque cuando yo escribo la mayoría son cosas autobiográficas, que me han sucedido, con letras muy reales y situaciones que vive cualquiera. En cambio, en las canciones rápidas las letras son fantasía, lo que uno se inventa con su propia creatividad.
¿Asumir la producción del disco te ha permitido controlar más el resultado final, conseguir el producto que realmente buscabas?
La verdad es que siempre quise internacionalizar la música afrovenezolana. Llevo seis años haciendo música folclórica en mi país, estudié tres años de percusión afrovenezolana y me impregné del folclore, también estuve bailando las danzas típicas de allá y me dije a mí mismo que, de alguna manera, tenía que sacar todo eso al exterior. Con las dos producciones anteriores no lo pude hacer y, cuando conocí a Yasmil Marrufo, a quien considero un genio de la música, le conté mis ideas y nos pusimos manos a la obra, agregando elementos musicales de toda Latinoamérica, fue fascinante.
Las letras de tus canciones son claramente románticas. ¿El amor es tu principal fuente de inspiración?
Completamente, el amor, la mujer y todo lo que te pasa alrededor. Cuando te pones a escribir tienes que tener la sensibilidad a flor de piel, tienes que estar bien abierto para percibir y agarrar los mensajes que te manda la vida. Tienes que oír a las personas que están a tu lado y que te cuentan lo que les pasa y, de ahí, poder hacer una letra. En mi caso, la mayoría de las cosas que cuento en mis canciones me han pasado a mi, pero hay otras que les han ocurrido a otros, y son muy interesantes…
Otra de las características que más admiran tus fans es tu forma de bailar, ¿dónde aprendiste?
Es como con el flamenco o con las sevillanas, los llevo en la sangre porque tengo raíces españolas y porque en Venezuela los padres meten a sus hijos en clases de flamenco como otros los apuntan a natación. Yo estudié sevillanas a los 14 o a los 15 años, en el primer grupo musical en el que estuve y con el que grabé mi primera producción profesional. Además, me crié muy cerca de la playa y allí se bailan los tambores… esa es mi manera de bailar, la que aprendí con la gente negra, con la gente del pueblo y es lo que quiero transmitir, ese ritmo y ese sabor que existen en Venezuela y en muchas partes de Latinoamérica… Los latinos siempre estamos escuchando este tipo de música, vayas donde vayas, y lo aprendes en la misma calle.
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Carlos Baute se propuso, hace ya años, recuperar los sonidos afrovenezolanos más tradicionales, fusionar músicas e internacionalizar los ritmos de Latinoamérica.
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