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Entrevista a Heide Braun, librera de cabecera

Esta mujer alemana, amiga mía desde hace muchos años, es una historia motorizada de las librerías de mujeres en España. Es un símbolo de la lucha de los pequeños para sobrevivir en la selva de las multinacionales. También del empeño de las mujeres artesanas frente al marketing y la cultura basura. Defensora del lenguaje de las mujeres en castellano, catalán, alemán, inglés...

IMMA BERNABÉ / TRIBUNA DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA

Nos conocimos en una librería.

    Si un día me pierdo, búscame en una librería... Me conocerías en Dona, la primera en que estuve, que era una cooperativa. Yo llegué a Valencia en el 79 y una de las primeras cosas que hice fue acercarme a esa librería. De ahí a que empezara a echarles una mano pues igual pasaron un par de años.

Has conocido todo la historia de las librerías de mujeres.

    Yo he vivido la trayectoria de las librerías de mujeres en dos épocas. Hubo una primera donde las librerías nacieron desde el movimiento feminista, supliendo una serie de tareas no propias de una librería, sino más de un centro de información. En Dona había una tarde en que iba una abogada que aconsejaba en casos de divorcio y de separación. Nos hartábamos de dar direcciones para abortar de Londres y de Amsterdam, y luego de Valencia cuando las hubo. También pagábamos el pato más de una vez y estaba el personal asustadísimo. Eran otros tiempos.

Tenía muchas pintadas fascistas...

    Recuerdo en Dona una manada de machos entrando con sus botas paramilitares pidiendo "Mein Kempf", de Hitler, y cuando les decías que ese género no lo llevábamos, empezaban a tirar las estanterías. No ganábamos ni para repintar todas las veces que pintaban "lesbianas", "zorras" y todos estos hermosísimos y contradictorios términos que inventa aquella gente.

Luego vino tu segunda experiencia.

    Una librería que se llamaba "Sal de casa", gracias a un eslogan de aquel entonces que decía "sal de casa y vota no", cuando el referéndum de la OTAN. "Sal de casa" se abre en el 85 con la voluntad de crear un espacio para la literatura, tanto la ficción como el ensayo, sobre y escrito por mujeres. Este era nuestro principal móvil para crear la librería.

También hicisteis un fichero de gente...

    Fue una estrategia de supervivencia en "Dona". Se tenía un fichero de gente que hacía unas aportaciones voluntarias trimestrales mínimas para que la librería pudiera subsistir. En el caso nuestro no era así, porque como queríamos ser autosuficientes o rentables, se hicieron unas cuentas que consistían en una suma global que se te acumulaba en tu cuenta de libros, y tú, cuando venías, no pagabas porque ibas gastando de tu saldo del que te podías pasar en un momento determinado...

Y luego esa relación de novedades que mandas todos los meses.

    Eso empezó en "Sal de casa", donde empecé a hacer cada mes y medio una pequeña relación de novedades, bien citando comentarios de mi propia cosecha si había leído el libro, o bien de la propia solapa para que la gente estuviera informada. Y también haciéndome eco de cualquier actividad que se organizaba en la librería. Porque en la librería también hacíamos charlas con gente, presentaciones de libros, lecturas de poesía, historias típicas de animación socio-cultural.

Ahora está de moda, pero antes erais pocas las que lo hacíais.

    Y ahora se sigue sin hacer porque el espíritu es diferente. Se hace en la FNAC pero es distinto porque es firmar libros a los lectores. Aquí era diferente. Era un contacto más directo y la verdadera presentación del libro.

Eso obliga a un gran esfuerzo.

    Es la cruz de todos los comercios pequeños al borde de la subsistencia. Cuando hablo del cierre siempre realzo que no fue por cuestiones económicas. Y por otra parte y, de alguna manera, sí que lo fue. Yo me decía, quiero conocer el Cabo de Gata. Y sabía que no podría conocer Gata con la librería abierta.

De ahí el proyecto de autoempleo...

    Es un poco una síntesis de todos los aprendizajes y los deseos. Los aprendizajes, como ya hemos mencionado, es que ya no quería reincidir en esta esclavitud de pequeña tienda. Los deseos eran seguir vendiendo libros porque es lo que mejor hago y lo que más me gusta en la vida. Y entonces, cómo se combina eso. Un día una amiga de Barcelona me dijo que se había hecho del Círculo de Lectores. ¿Qué tiene el Círculo de Lectores que no tengamos los demás? Pues que te lo llevan a casa. Entonces pensé, pues yo puedo hacer también eso. Monté "Sidecar", que es como "Telepizza" pero con libros (risas). Tú llamas y te lo traen.

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