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Entrevista a Antonio Canales

Muchos le señalan como el número uno del flamenco, con su virtuoso zapateo y la fuerza de su movimiento de brazos. Es un bailaor nacido en el popular y famoso barrio sevillano de Triana, es hijo y nieto de artistas y comenzó sus estudios en el Ballet Nacional, del que fue solista.

MERCEDES MARCO / UNO CONTENIDOS
Nos estamos refiriendo a Antonio Canales, para quien el flamenco está de moda, aunque no es una moda. Es consejero de la UNESCO, aficionado a la caza y a la pesca, hincha del Betis y seguidor acérrimo de otro genio, el torero Curro Romero. Tiene fama de hogareño y es poco proclive a vender su fama fuera del escenario.

Eres un embajador de la cultura flamenca española en todo el mundo, la gente te conoce fuera de España.

    Sí, hay países que apuestan mucho por el flamenco. En países como Francia, Alemania o Japón la gente me quiere mucho y viene a ver mis espectáculos. No me puedo olvidar por ejemplo de Venezuela, hay países donde se me conoce tanto como aquí.

Has dicho que el flamenco está de moda aunque no sea una moda, ¿a qué te refieres exactamente?

    Hace unos quince o veinte años el flamenco no tenía el encanto de ahora. Los aristócratas, artistas, pintores, intelectuales..., a todo el mundo le gusta el flamenco. Ahora es una horterada decir que no te gusta el flamenco y hace diez años era una horterada decir que sí te gustaba. Ahora, España está de moda también. Exportamos muchas cosas y era importante que el flamenco, que es nuestra máxima y más profunda cultura de la tierra, tuviera lo que tiene ahora. Pero eso no quiere decir que sea una moda como una canción, o algo que pase. Es algo vivo y, además, es un arte joven y al que le quedan muchos años.

Tanto tú como otra gente, como Joaquín Cortés, sois los que quizá habéis puesto de moda el flamenco...

    Nos ha tocado una cierta labor. A lo mejor hacía falta personajes como nosotros. Yo soy muy diferente a Joaquín Cortés, cada uno es de una manera, pero cada uno en nuestro terreno hacemos nuestro papel. Hacía falta que el flamenco se llenara de este tipo de cosas para que llegara a otros campos donde no había llegado, para que llegara a la juventud, que fuera a ver los espectáculos, comprara los discos. Pero claro, nosotros también le debemos mucho a la labor enorme de gente como Paco de Lucía, Camarón de la Isla, Antonio Gades, Mario Maya y toda una serie de personas que han ido mostrando espectáculos. Nosotros no hemos inventado nada, hemos sido una pieza más del eslabón.

Antonio, aunque sea complicado de responder, ¿quién ha sido para ti el más grande del flamenco?

    Es muy difícil decir un nombre sólo. Camarón es grande, Carmen Amaya también es grande..., hay muchos. Luego hay personas que dicen que Lola Flores no era flamenca, pero es que no se podía ser más flamenca que ella. Hay algo de confusión en ese aspecto.

Naciste en Sevilla y pronto fuiste a Madrid, ¿cómo fueron tus inicios en este mundo?

    Lo pasé mal por muchísimas cosas. En primer lugar porque estaba el régimen franquista y yo lo viví en mis propias carnes. Cuando llegué a Madrid tenía muy pocas salidas y tuve que estar durmiendo en el metro, comiendo en un convento y buscándome la vida por ahí. Conseguí un trabajo en un "tablao" ganando 1.300 pesetas todas las noches. A raíz de aquello me vio el director del Ballet Nacional y me cogieron para la compañía.

Y empiezas a codearte con gente muy importante del mundo de la danza...

    Sí, estuve tres temporadas en el Ballet Nacional y, después, empecé a hacer cosas como solista y de primer bailarín, y de ahí, a París. Estuve trabajando con muchísima gente, dando clases con ellos. Pude ver todas las corrientes contemporáneas que había por Europa y, luego, cuando regresé a España, empecé con todo lo que me había traído conmigo. Me moví por compañías más flamencas y monté la mía propia, con la que ya llevo diez años. Hoy es más fácil empezar para un bailaor.

Por ejemplo, ¿cómo llega la gente a tu compañía?

    Es complicado, porque yo, normalmente, tengo unos quince bailarines que siempre están rotando y los utilizo desde que tienen unos dieciséis años, cuando ya empiezan a salir de los conservatorios. El baile es algo que empieza muy pronto en uno, yo empiezo a verlos desde muy pequeños, veo las aptitudes que tienen, cómo van a desarrollarlas, qué cuerpo van a tener, quiénes son sus familias, miro muchas cosas. Luego, cuando llegan a los 22 ó 23 años ya empiezan a hacer sus compañías, otros sus grupos, otros destacan como estrella, otros son buenos coreógrafos y otros se quedan en el camino. De aquí han salido más de siete u ocho compañías que hay por ahí, primeros bailarines que están ahora en el Ballet Nacional... Es una labor de diez años en los que se ha ido mucha gente y es muy duro entrar. Hay que pasar muchas pruebas y reunir las condiciones necesarias.

Eso quiere decir que, además de bailarín y coreógrafo, eres de alguna manera descubridor de futuras promesas.

    Sí. Creo que el artista debe, como el escultor, preparar bien los materiales, y me gusta ir viendo la progresión de los niños bailaores.

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