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Entrevista a Dulce Chacón

Al pasado se puede viajar en transporte privado o público, por recuerdo individual o por la memoria colectiva. Dulce Chacón optó en "Cielos de barro" por recoger aquello que le contaba la niña que fue. Ahora en "La voz dormida" escribe nuestra silenciada historia basándose en el recuerdo de los protagonistas que la vivieron, padecieron y sobrevivieron. Unos personajes que han convertido sus humildes vidas en un alegato en defensa de la dignidad...

MARIANO CRESPO / TRIBUNA DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA
    ...He encontrado en todos ellos una dignidad por encima de todo. He tenido la satisfacción de ver que la gente ha podido perder la vida, perder la libertad, perder incluso el nombre porque a Libertad González le quitaron el nombre perderlo todo. Pero no la dignidad... Y la siguen manteniendo...

Pero eso fue al final de la charla con Dulce Chacón. Con esta mujer, extremeña de Zafra, que había publicado "Contra el desprestigio de la altura" en 1995. Recordaba este título cuando jadeaba y maldecía por el rellano del quinto piso de la escalera que conduce a su casa. También recordaba su primera novela "Algún amor que no maté" cuando intentaba recuperar el resuello…

Has dicho que las mujeres entraron en la república de las letras por la puerta de la poesía. En tu caso también has llegado a la novela por el camino de los versos.

    Nunca pensé que iba a escribir una novela. A mí eso me parecía muy difícil. Tantísimas palabras todas seguidas (risas). La poesía es la concisión, algo totalmente distinto. Me parecía muy difícil escribir una novela y cuando empecé a escribir la primera creía que estaba escribiendo un cuento. Un cuento que se fue alargando y acabó en novela y que precisamente ahora se lleva al teatro.

"Querrán ponerle nombre", "Las palabras de la piedra", "Matar al ángel", en verso. "Blanca vuela mañana", "Háblame, musa de aquel varón", en novela, con el salto cualitativo que se produce cuando gana el Premio Azorín de 2000 con la mencionada "Cielos de barro", en donde evoca la posguerra desde sus recuerdos infantiles. Ahora los personajes reales toman la palabra…

    Lo que he buscado es la memoria colectiva, sobre todo de las mujeres, pero también de los hombres, que perdieron la guerra y que fueron represaliadas y que sufrieron no solamente la pérdida de la contienda sino la represión en la dictadura.

Eso te habrá llevado un gran trabajo de investigación.

    He estado 4 años documentándome, entrevistando gente. Porque he querido escribir una novela de la memoria exclusivamente. Pero de la memoria de otros porque, evidentemente, ese tiempo yo no lo viví.

Una continuación de tu trabajo anterior...

    No, no fue una continuación porque yo esta novela la tenía pensada con anterioridad, de hecho la comencé antes. Es una necesidad que tengo de contarme a mí misma la historia que no me han contado. La historia de la República que yo la sabía muy mal, y no es que ahora la conozca bien, pero la conozco mejor.

En un momento muy adecuado pues, sobre todo tras el éxito de "Soldados de Salamina", parece que se ha abierto la veda del recuerdo, después de tanto olvido.

    La magia de la literatura hace que lo que a mí me interesa, lo que yo necesitaba escribir, le interese a los demás también. Es el segundo fin cuando uno se pone a escribir: que te guste a ti pero que les guste a los demás también.

Pero aquí parece que se había hecho un pacto de desmemoria desde la Transición ¿A qué se debe que la memoria vuelva a interesar?

    Se debe a que los protagonistas están vivos y no lo van a estar durante mucho tiempo. Son gente que tienen ochenta y tantos años. Gente que todavía tiene voz pero que no les han dejado hasta ahora expresarse. Nuestra generación, que somos sus hijos, tenemos una necesidad, incluso moral, de contar la historia que no nos han contado. La historia que no les dejaron contar. Y la urgencia es que todavía viven y queremos hacerlo como un homenaje. Para que ellos sepan que su voz va a ser escuchada.

No habrá contribuido también nuestra mala conciencia y esa arrogancia creciente de nuestros dirigentes que, por cierto, siguen sin condenar el golpe de Estado de 1936.

    Yo creo que hay dos cosas. No sólo el silencio de la derecha que ha sido impuesto y muy doloroso para la gente que ha sufrido la barbarie. Pero también ha sido la izquierda. A los republicanos que perdieron la guerra les duele más el silencio de la izquierda que el silencio de la derecha, porque el silencio de la derecha es hasta cierto punto lógico, pero el silencio de la izquierda no lo es.

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