Entrevista a Alberto Fernández Liria

|
"…Y al fin bajó hacia la tierra, perdón, quise decir a la guerra", cantaba Silvio Rodríguez en los tocadiscos de nuestra juventud. Por entonces, ignorábamos que el poeta había escrito que la vida no es como nos la pensábamos, sino como nos la temíamos. |
MARIANO CRESPO / TRIBUNA DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA
Alberto Fernández Liria se hizo psiquiatra para aliviar el sufrimiento humano allá donde se produjese, por eso no nos extrañó a nadie el día que supimos que se iba a la exYugoslavia. Lo que nos dejó helados fue el teletipo de agencia: “Médico español herido en atentado en Bosnia”. Una ráfaga de fusil nos hizo mayores de repente. La guerra iba con nosotros.
¿Entonces, no fue un atentado de un comando?
Hubo un enviado especial que tenía mucha más información que nosotros sobre absolutamente todo y se inventó una historia perfecta. Una historia que no tenía que ver absolutamente nada con la realidad.
¿Qué sucedió exactamente?
Lo hizo un radical croata, vecino nuestro, cuyo hermano gemelo había muerto en la guerra con los musulmanes, y decidió hacer una acción personal.
Fue más bien un acto de locura.
De la locura de la guerra. Él decide una acción ejemplar contra los musulmanes, pero como contra los musulmanes no podía actuar porque estaban al otro lado del río, decidió hacerlo contra nosotros que pensaba éramos una ONG que trabajaba con los musulmanes. Lo inexplicable es que de 9 personas que estábamos, sólo matase a una.
Y pasaste de terapeuta a víctima.
Una víctima privilegiada. Si yo hubiera sido un soldado o un civil bosnio ya estaría muerto. Para repatriarme se firmó un acuerdo que permitió que un helicóptero violara la exclusión aérea y entonces me sacaran en un avión de mi país que podía permitirse ese lujo. Me llevaron a un hospital donde le he costado al Gobierno español más que el “Hispasat”. Si a mí me hubieran dejado en el hospital de Mostar en el que estaba, me hubiera muerto, después de unos días de generar un gasto sanitario.
Un gasto sanitario militarmente estratégico.
Las armas están pensadas, como las minas antipersonas y también las balas rápidas, para producir un tipo de lesión que puede acabar o no con la vida del sujeto en el que ha actuado. Pero el asunto es que, mientras tanto, producen una situación que requiere la intervención de otros muchos sujetos para conseguir mantener a la persona viva.
Las personas ocupadas en curar quedan inservibles para soldados.
La estrategia de los francotiradores que disparaban sobre Sarajevo o sobre Móstar no era disparar a la cabeza, sino disparar a la femoral. Porque a una persona que se dispara a la femoral, se queda en el suelo pegando gritos, pidiendo ayuda, y es probable que otras personas acudan a dársela y entonces les puedan disparar. Lo importante no es producir bajas, sino inutilizar a otras personas que van a requerir la intervención de otros muchos sujetos para mantener a la persona viva.
¿Cuál es el papel de la ayuda humanitaria?
Es un papel complejo. En primer lugar está la ayuda directa de mantas, alimentos, medicamentos, agua y todo lo necesario para restablecer un funcionamiento lo más normal posible. Esto generalmente se ha hecho bien, aunque oye uno algunas noticias que…
|
 |

| Recomendamos |

|
| Imágenes |

Alberto Fernández Liria en el lugar donde fue herido.
|
|