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Entrevista a Alberto Vázquez-Figueroa

Alberto Vázquez-Figueroa ha conseguido hacer de su mayor deseo, la escritura, su modus vivendi. Desde su juventud, en pleno Sahara, no ha dejado de escribir y, después de más de sesenta títulos publicados, la inspiración de Vázquez-Figueroa parece no agotarse nunca. Inusualmente prolífico, este escritor que odia la etiqueta de "hacedor de best-sellers", confiesa que trata de recrear los ambientes de los países que ha visitado lo más sinceramente posible. Afirma deberle mucho al periodismo, al que dedicó muchos años de su vida oficiando como destacado en conflictos bélicos. Nadie diría por su acento cálido canario, que a pesar de sus periplos ha sabido conservar, y por sus ojos serenos, que éstos han visto los horrores de la guerra. Hombre práctico que maximiza su tiempo (jamás asiste a promociones o tertulias mediáticas) es el presidente de una empresa que potabiliza el agua del mar mediante un sistema que él mismo ha inventado a pesar de que nunca ha pisado el suelo de sus oficinas.

MARÍA JOSÉ FRAILE / UNO CONTENIDOS
En sus libros, hay un elevado contenido de aventura, descripción y de evasión... ¿piensa usted que este puede ser el motivo por el que sus novelas cuenten con un gran número de adeptos entre los presidiarios españoles?
    Claro, ¿qué mejor para un preso que un libro de evasión? (Risas). Sí, tengo muchos seguidores entre los presidiarios, los soldados, los militares. Los marinos también me leen mucho, pero la gente normal también me lee debido a la sinceridad con la que yo escribo. Además yo no le doy la lata saliendo en televisiones o en radios hablando sobre si mis libros son buenos o no son buenos, ni opino sobre las cosas más raras del mundo.

    Una de las costumbres que tiene la gente cuando alcanza cierta notoriedad en cualquier profesión es inmediatamente ir a todas televisiones a saturar y hablar de cosas que, en la mayoría de casos, no entiende. Yo hace unos veinte años me di cuenta que esa agresividad se volvería en contra del escritor. Claro está que la señora María o la señora Maruja no se cansa de ver boberías todos los días en televisión, que si hoy fulanito se divorcia, si no se divorcia, que Menganita enseña el "noséqué". Hay un tipo de público que nunca se cansará de eso, pero ese tipo de público nunca ha leído un libro, ni lo leerá, por lo que no me interesa para nada.

    Yo entiendo que la persona que compra una novela mía y se la lee no es la misma que se planta delante de una televisión a ver esos programas basura. Entonces entiendo, aparte de que no desearía participar en una de esas tertulias o programas, que mi lector se sentiría desagradablemente sorprendido si me viera allí. Mi obligación como escritor, es viajar a los lugares, tomar la información, escribir un libro o una novela lo más fidedignamente que pueda, ponerlo en la librería y quien quiera que lo compre y quien no, no. Y después, volverme a mi casa y en paz, para iniciar el ciclo nuevamente.

¿Cómo fue su paso por TVE? ¿Qué le reportó trabajar como periodista?

    A mí todo me lo ha reportado trabajar como periodista. Soy periodista de profesión, acabé la carrera en el 58. Soy de la promoción anterior a Hermida. Durante muchos años fui periodista, y trabajé como corresponsal de guerra de La Vanguardia y corresponsal viajero de TVE. Hice el programa "A toda plana" con Miguel de la Cuadra Salcedo y con Silva. Eso fue lo que me dio el background (documentación) para poder escribir así como la posibilidad de conocer los países por los que he viajado.

    Llegó un momento, primero por el accidente de submarinismo, y porque ya te vas haciendo viejo y tu mujer no quiere que te estés jugando la vida por ahí todos los días, en el que decidí que los veintitantos o treinta años de experiencia que me había dado el periodismo, me reportaban el material necesario como para poder escribir. Yo, mientras tanto, nunca había dejado de escribir. Mi primera novela la escribí cuando tenía catorce años, "Arena y viento" se llamaba. Siempre había seguido escribiendo mientras viajaba, con un escaso éxito. Sin embargo, súbitamente en el año 75, "Ébano" fue mi primer libro de éxito, cuando ya tenía publicados 14 ó 15. Al año siguiente se hizo la película y ya empezó aquello a funcionar. Empecé a poder vivir de los libros y le han seguido no sé muy bien si son 63 ó 64 obras más.

Usted, que ha presenciado innumerables conflictos, ¿cree que se puede uno disociar de los horrores de la guerra que le envuelven?

    Sí, desde luego. Si no aprendes a disociar te vuelves loco, alcohólico o drogadicto. De hecho, muchos de mis compañeros con los que yo conviví durante años en los conflictos, como no estaban de moda las drogas, le daban mucho al alcohol. Yo pronto me di cuenta de que eso era muy peligroso. Quizá el hecho de que yo hubiera tenido una infancia muy difícil por haber nacido durante la guerra civil, por la muerte de mi madre, o que me encontrara de niño viviendo solo en el desierto del Sahara, me había, de alguna manera protegido o acorazado contra esas situaciones. Y sobre todo te das cuenta de que si tú eres un profesional de algo y dejas que ese algo te afecte seriamente, no puedes seguir.

    Como en 1969, el terremoto del Perú, aquello fue una de las cosas más terribles que he visto en mi vida. Había pueblos totalmente arrasados, cientos de miles de muertos, gente sufriendo y no podías echar mano de todo lo que había allí. Las guerras africanas, por ejemplo, ¿qué hacer? Si ves a un niño de esos famélicos, ¿qué haces, ayudarlo? Si el de al lado está igual, y el otro y el otro y el otro. No puedes hacer nada porque si te llevas a ése, deberías llevarte a 10 millones de niños más. Lo único que puedes hacer es convencerte de que tu deber es escribir sobre lo que estás viendo, sobre lo que está sucediendo y tratar de concienciar a la gente. Porque hoy es un conflicto, pero mañana estará en otra guerra o cualquier otro follón que nada tiene que ver con el anterior y debes aprender a desconectar. De lo contrario, te vuelves esquizofrénico. Hay personas que se encuentran marcadas por un acontecimiento que pasó en su infancia, si uno fuera de ese tipo de personas, estaría traumatizado constantemente, toda la vida. Una cosa es que te sensibilices y otra que te traumatices, pero si te traumatizas no puedes ejercer esta profesión ni ninguna por el estilo.

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