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(página 2/2) ... viene de ¿No le habría gustado cubrir la guerra de Kosovo?
Además, la corresponsalía de guerra ha perdido un poco de romanticismo. En aquel tiempo era mucho más difícil, mucho más viva. Cubrir la noticia, luego tenías que hacer que llegara por cualquier modo. Tú vivías la guerra, la transmitías a los demás. Actualmente, y como ocurrió en Kosovo, se puede estar hablando desde el lugar con una parabólica y si los presentadores no están allí, puedes ver como está estallando una bomba en directo a través de la CNN. El periodista ahora no puede transcribir el sentimiento de cómo se ve esa guerra, la está viendo mejor el espectador de Madrid desde su casa, a través de la imagen, porque además tiene más puntos desde donde verla. El periodista está únicamente en un punto y está describiendo lo que ve allí, pero no sabe lo que está ocurriendo a 20 Km o a 300. Sin embargo, el espectador desde su casa está recibiendo imágenes de diferentes cadenas y se está haciendo una idea global de la guerra. Ahora mismo, se están dando unas guerras descafeinadas, no son lo que uno siente, lo que uno transcribe. Pasa lo mismo con los documentales. Hace poco vi uno sobre las islas Galápagos que versaba sobre cómo las hembras subían más de mil metros para luego bajar al interior del volcán y depositar allí sus huevos. Yo he estado diez veces en las islas Galápagos y he escrito un libro sobre ellas porque soy un enamorado de ellas y aún no lo había visto. Ni siquiera se me había ocurrido nunca que pudiera ser así. Porque aquellos señores estuvieron tres años para ver cómo la iguanita ponía el huevo, cómo bajaba o cómo subía. Ahora bien, eran imágenes. No hay la descripción del ambiente, del mundo que puede hacer un escritor. ¿Cuál es la diferencia entre un libro y una película? Los paisajes que muestra la película "Tuareg" del desierto son mejores que los que yo pueda describir, pero a la hora de la verdad la película no tiene la fuerza ni capta lo que yo quería transmitir con la novela. En el periodismo pasa lo mismo, el periodismo de guerra a través de las imágenes de televisión es una cosa y el periodismo de guerra que se hacía antes era distinto. Es como la diferencia entre una película y una novela, no tiene nada qué ver. Estás viendo las imágenes y éstas te conmueven, pero la conmoción ahora es a través de la imagen y no la conmoción que se daba antes con el discurso del periodista. Esto es lo que estoy viendo, tengo en mis manos un niño moribundo y yo soy el encargado de transcribir al lector. Ahora, aprietas un botón y, vaya, estás en Sarajevo y ves cómo la bomba está cayendo como si lo estuviera haciendo en el edificio de la Telefónica y, encima, va y te ponen el zoom para que lo veas más cerca. Es un cambio radical. Muchas de sus novelas se han transformado en películas, Alberto, ¿está satisfecho de su relación con el cine?
¿Qué porcentaje hay de fabulación y de experiencia hay en sus novelas?
Si lees la biografía de cada uno de ellos, verás que todos estaban en el mes de marzo en Santo Domingo en 1504. Todos acudían a la única taberna que allí había que se llamaba "La taberna de los cuatro vientos". Es coherente pensar que si en un pueblo de 1000 habitantes, tan sólo hay una taberna, ¿dónde iban a ir si no? ¿Dónde iban a ir los conquistadores, estos hombres que no tenían nada qué hacer durante todo el día? En esa taberna, se reunieron todos: Cristóbal Colón que ya tenía cincuenta y muchos años, y que venía ya de regreso a España para morir; Hernán Cortés, con 19, pero que acababa de llegar a Santo Domingo, Pizarro que era el mozo de la taberna. Parece inverosímil, pero para comprobarlo no tienes más que coger la biografía de cualquiera de ellos y buscar dónde estaban en 1504: en Santo Domingo, allí estaban los siete. Es como si tú me dijeras que es imposible que Pío Baroja y yo coincidiéramos y sin embargo yo conocí a Pío Baroja. Yo le entrevisté, al final de su vida y al principio de la mía. Yo estaba acabando de estudiar periodismo y con 21 años ya entrevistaba a quien podía: a Pío Baroja, a Wenceslao Fernández Flórez o Ernest Hemingway. Alguien podría decir que no somos de la misma generación, por supuesto que no lo éramos, pero éramos contemporáneos. Ese es el tipo de cosas que a mí me gusta investigar. Además tiene sentido, porque De Ojeda había sido lugarteniente, el segundo de a bordo de Colón, en el segundo viaje de éste, y Pizarro posteriormente a su vez fue lugarteniente de Alonso de Ojeda, y Pizarro era primo hermano de Hernán Cortés y el borracho de Balboa era íntimo amigo de Pizarro y fue quien lo sustituyó. Estaban todos interrelacionados. Este tipo de cosas es lo que se descubre cuando lees e investigas, y al lector le interesa. Y al mismo tiempo, le descubres un lugar del mundo que el lector ni se podría imaginar que existiera. Entonces la gente compra tu libro, tienes lectores y las cosas funcionan. Usted ha conseguido vivir de su literatura cuando muy pocos escritores lo han logrado, ¿cómo lo ha conseguido?
Mientras tanto estudié periodismo, dirigí cine, hice publicidad, viajé y seguí escribiendo porque lo único que deseaba era escribir aunque no me pagaran. Para mí, el placer de escribir era superior a cualquier cosa. Yo lo comparo a hacer el amor con una mujer que te gusta mucho. Ahora bien, si un día alguien viniera y me dijera: "Mire, por el hecho de acostarse con esa mujer le vamos a dar dinero". Entonces yo le diría, "mire no hace falta". Esto es lo que me pasó exactamente cuando salió Ébano. Tenía escritas veintitantas novelas, publicadas unas catorce y un día me dijeron. "Le vamos a dar dinero". Pues qué bien. Sigo escribiendo con la misma satisfacción que me producía ser escritor cuando tenía catorce años, sólo que ahora me pagan cada vez más y me puedo permitir una casa aquí y otra allá, un barco, mantener a mis hijos, etc. Pero, ¿por qué? Porque lo que he querido ser siempre es ser escritor, me paguen o no me paguen. Sin embargo, hay gente que persigue ser escritor para el día siguiente estar en todas las televisiones, en todas las fiestas, publicar... Yo jamás promociono mis libros, me parece una bobada. Si quieres comprar mi libro lo compras, si no, no. ¿Qué te voy a decir? Puede que te guste o que no te guste, pero no voy a ser yo quien te convenza para que lo compres. Yo qué sé. Hay libros malísimos que a las mujeres les ha encantado, como "Palmira" y yo me vuelvo loco al pensar cómo les puede gustar esa mierda de libro. No entiendo nada, nadie entiende nada de los libros. En cambio, "Ícaro", una novela que yo considero buenísima ha pasado del todo desapercibida. Sin embargo "Bocanegra" y "Fuerteventura" han arrasado. Después de cuarenta y pico años en el oficio, no entiendo nada. Lo único que entiendo de este oficio, es escribir. Con más de 60 libros publicados, quien no lee un libro lee otro y se siguen reeditando "Yaiza", "Mar adentro", "Océano", eso es lo que me hace ser un profesional. ¿Por qué le molesta que le etiqueten como un escritor de best-seller?
En su novela "Ícaro", hay dos clases de amor. Uno, el absorbente de la primera esposa que trata de detener al protagonista y otro el de la segunda, que le sigue a todas partes, pero que finalmente, también acaba perdiéndolo. ¿Cuál es su concepción del amor en la vida real?
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