Entrevista a Joan Foncuberta

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Un anuncio en el periódico finlandés Helsingin Sanomat que decía "Curso de milagrología teórico y práctico" hizo surgir la idea. Joan Foncuberta, fotógrafo barcelonés de reconocido prestigio, fue el encargado de llevarla a cabo. Cogió su cámara de fotos y se infiltró, como aprendiz de pope, en el monasterio Valhamönde de la región de Karelia, en Finlandia, para seguir los cursos. Foncuberta quería retratar las supuestas actividades sobrenaturales que allí se llevaban a cabo. De esta manera, Foncuberta da su visión, crítica, sobre el desarrollo del fervor religioso y la psicología en la sociedad actual. |
ISOLINA ESPINOSA / UNO-CONTENIDOS
¿Qué quiere mostrarnos en estas esta exposición fotográfica?
Quiero mostrar la situación de una pequeña comunidad monacal ortodoxa perdida en una isla de la región de Karelia, una región olvidada de la mano de Dios debido a su situación geográfica, ya que el acceso es muy difícil. Por eso, los monjes que residen allí han vivido prácticamente sin contacto con el mundo exterior y han terminando evolucionando hacia unas posiciones heresiarcas. Era algo interesante y a mí me interesaba documentar lo que estaba sucediendo a través de un reportaje fotográfico sobre sus actividades.
¿Durante cuanto tiempo estuvo en el monasterio de Valhamönde?
Un año. Un año en el que estuve totalmente aislado del mundo.
¿Paso miedo en algún momento?
Miedo no pasé. Pero la gama de sensaciones que tuve fue muy variada; a veces pasé una cierta aprensión, otras veces mucho frío, soledad, malestar por estar incomunicado en un lugar olvidado de todos. Son un cúmulo de experiencias: la disciplina que exige el monasterio, la austeridad de su vida... Pero pienso que fue muy gratificante por el resultado, regresé de allí con toda una serie de imágenes y materiales por los que considero que ha valido la pena sacrificarse.
¿Por qué su interés por el mundo del ocultismo?
Pienso que es un tema de actualidad. En estos momentos hay una gran necesidad de religiosidad por parte de la gente. En momentos de tensión, de preocupación, la gente se busca respuestas, se plantea cuestiones de trascendencia, se plantea cuestiones de espiritualidad. La gente rechaza que todo termine en esta vida y busca una perpetuación en lo espiritual. Eso lleva a un cierto florecimiento de estas escuelas esotéricas, de ocultismo, parapsicológicas o como se las quiera llamar.
¿Le fue difícil introducir la cámara de fotos en el monasterio?
No. Yo dije que quería hacer fotografías de mis compañeros, del lugar, y no hubo ningún impedimento a eso. Había, eso sí, unos lugares tabú, unos lugares inaccesibles, pero en la mayoría de los casos no tuve problemas.
¿Qué prácticas ocultistas de las que se llevaron a cabo le llamaron más la atención?
Todo el repertorio de los supuestos milagros era muy interesante porque detrás de cada milagro había trucos, muchas veces, muy complejos. Además eran muy espectaculares. En cuanto a eso disfruté mucho.
Me imagino que debe ser un apasionado también del periodismo, porque no se trata ya de un reportaje fotográfico sino también periodístico.
Si, de hecho he estudiado Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Madrid. Además, siempre he estado muy en contacto con el mundo de la imagen y la comunicación.
¿Tiene previsto algún trabajo similar?
Sí. Como respuesta a una invitación del Ministerio de Cultura de Francia para hacer un trabajo en la isla de Córcega, porque allí hay un elemento folclórico, una figura legendaria que se llama Mazzeri. Un Mazzeri es un anunciador de la muerte y, sobre todo, en las zonas rurales la gente cree que esas figuras aparecen y que cuando se te aparecen es que te vas a morir pronto. Es una leyenda muy arraigada en la cultura corsa.
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