Entrevista a Espido Freire

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Desde el pasado 15 de octubre, día en que se celebró la entrega del Premio Planeta de Novela 1999, Espido Freire se convirtió en la más joven escritora galardonada con un premio otorgado a sólo nueve mujeres hasta la fecha. Con su tercera novela, "Melocotones helados", y con un buen puñado de cuentos escritos, Freire salía del anonimato convirtiéndose en una escritora de mucho futuro, sobrada de talento y oficio para hacerlo. |
MARÍA JOSÉ FRAILE / SCD PRESS
Nacida en Bilbao hace 25 años, Espido Freire ha estado desde pequeña ligada al mundo de la música, la escritura y el dibujo. En la Universidad de Deusto fundó dos revistas de opinión y de creación literaria. Su primera novela salió publicada en 1998 con el título de "Irlanda". Más tarde, y de manera casi consecutiva, ha sacado al mercado "Donde siempre es octubre" y la premiada "Melocotones helados".
Además de los 50 millones de pesetas del premio, Espido ha tenido que hacer una gira por casi toda la geografía española para presentar su novela junto a la finalista Nativel Preciado. Su sobriedad y madurez, a pesar de su juventud, están fuera de toda duda. Antes de empezar a preguntarle nada, Espido Freire comienza por su cuenta a hablar de "Melocotones helados".
Los melocotones helados son el postre favorito de uno de los personajes, del abuelo. Es también el hilo conductor de la novela, la historia que no se atrevieron a vivir, es decir, la elección de determinada vida en determinado momento. Años más tarde, esa vida, que fue dejada a un lado, parece que hubiera sido la mejor. Ésta es una historia de olvidos, de recuerdos, de memorias silenciadas. La historia que se narra es la de una familia. Comienza cuando una chica joven, una pintora, va a vivir con su abuelo, y el lector, que no ella, poco a poco va desentrañando los misterios de esa familia. Ninguna gran tragedia, ningún hecho desesperado, solamente vidas que se truncaron a raíz de la guerra que luego los años han ido variando. Una niña que desapareció, dos hermanos en cierta medida responsables de la desaparición de esa niña, que a su vez tendrán dos hijas, a las que llamarán Elsa, como aquella niña desaparecida. Y básicamente la historia que se cuenta es aquella que la familia se ha esforzado por ocultar, por no contar, por silenciar ocurriera lo que ocurriera, porque estaban demasiado avergonzados para que nada de lo vivido o de lo sentido saliera al aire.
¿Esperabas llegar a la segunda edición tan pronto?
No, a las dos semanas de publicar "Melocotones helados" descubrí, con sorpresa y pasmo, que las cifras eran realmente excepcionales. Entonces una va haciéndose a la idea.
Espido, has declarado que, en la actualidad, los jóvenes escritores están sobrevalorados. ¿No es eso tirarte piedras sobre tu propio tejado?
No lo creo. En todo caso, de lo que estoy hablando es de la excesiva importancia que le estamos dando a un valor que es perecedero. La gente que trabaja bien, los buenos profesionales, lo son tanto a una edad como a otra. Incluso la madurez da una responsabilidad y una sensatez que no se tiene habitualmente entre los veinte y los treinta años. Creo que, en muchos casos, el único valor de determinadas personas es ser joven. No creo que eso sea suficiente para sentar las bases de una fama o de una profesión. No se trata de tirar piedras contra tu propio tejado, se trata de dejar muy claro que yo soy consciente de que me rodean una serie de hechos, como puede ser mi sexo, mi edad, el proceder de determinada región que, en realidad, son accesorios.
¿Una persona puede ser igual de egoísta con veinte años que con sesenta?
Puede ser más conservadora. Más egoísta imagino que dependerá de la evolución y de las vivencias que le hayan tocado a esa persona. Pero el egoísmo de la juventud es muy distinto al de la edad madura y, en algunos casos, mucho más intenso, más devastador. No solamente eso. La juventud, en los últimos años, se está prolongando de una manera natural. Ahora continuamos siendo jóvenes hasta una edad muy avanzada. Los productos para jóvenes, los programas, la música y demás, lo que llevan implícito es el mensaje de mantenerse jóvenes a toda costa y no creo que eso sea beneficioso. Nos está obligando a vivir en un círculo, en un mundo cerrado, en el que lo único importante es la gente que está en determinada franja de edad.
¿Está presente la reflexión sobre la edad en tu novela?
Yo creo que está más presente esa reflexión en la novela de Nativel Preciado (finalista del Planeta) que en la mía. En "Melocotones helados" hay un anciano de más de ochenta años que recuerda su juventud, pero piensa en la tristeza de hacerse viejo. Está completamente volcado en los recuerdos del pasado. Y luego existen varias personas jóvenes, de alrededor de la treintena, que tratan de abrirse camino pero que no se paran a reflexionar sobre su edad, tratan de escapar. En el caso de Elsa grande, que quizás es la más convencional. Es una muchacha que tiene su vida perfectamente atada, que quiere casarse, y quizás trata de huir del miedo, de la inseguridad que le produce su edad y de cerrarse en su mundo convencional.
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Ha estado desde pequeña ligada al mundo de la música, la escritura y el dibujo.
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