Entrevista a Antonio Gala

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La nueva novela de Antonio Gala, compuesta por treinta y dos relatos cortos, nos invita a gozar del riesgo de amar. Un asesinato pasional, una reconciliación en un ascensor, finales felices, finales trágicos... componen un enorme abanico de las situaciones que el amor nos puede plantear. Así es como ve este dramaturgo, escritor y poeta su particular jardín del amor: un lugar al que todos podemos entrar pero del que no todos sabemos disfrutar, bien por el temor al compromiso, los malos tratos u otras muchas cosas. Antonio Gala, con un lenguaje que enamora a cualquiera, nos habla en esta entrevista de ese jardín tan peculiar. |
ISOLINA ESPINOSA / UNO-CONTENIDOS
"Los invitados al jardín" está constituido por treinta y dos relatos cortos, ¿cuál es el nexo de unión entre todos ellos?
Es un libro unitario porque todos los relatos son historias de amor o de desamor, y para demostrar ese carácter unitario el título no tiene que ver con ninguno de los relatos en concreto, es decir, todos los personajes que salen en los relatos son invitados al jardín.
¿Por qué se ha decidido en esta ocasión por el relato en lugar de la novela?
Me pareció que un libro compuesto por relatos cortos se adaptaba mejor a nuestros tiempos, donde todos tenemos prisa y, prácticamente, nadie tiene tiempo para leer las grandes novelas del siglo XIX; las leemos un poco en el tren, en el avión... y, por eso, se nos olvidan hasta los personajes.
Pero también el lenguaje es distinto al resto de las mis novelas. Es un lenguaje mucho más rápido, mucho más inmediato, más jugoso, influido quizá por el cine, por la televisión, por el periodismo. Es también más sinóptico, más sintético y más joven, diría yo. Es un libro, entonces, con el que estoy muy contento porque me ha rejuvenecido. Me encontraba muy aviejado, había dado lo que se llama en Sudamérica el viejazo.
¿Quiénes estamos invitados a ese jardín del que nos habla?
Todos estamos invitados ese jardín, estemos o no en la novela, la leamos o no.
¿Y qué es lo que se haya en ese jardín?
Este jardín es el jardín de la felicidad, del amor, de la belleza, de la alegría.
Hay aspectos positivos siempre que nosotros sepamos aprovechar el jardín. Nos da la posibilidad de elegir el olor de nuestras flores, la sombra de los árboles que queramos, la pareja con quien queremos convivir dentro de este jardín, pero, normalmente, no lo hacemos así, lo hacemos muy mal. Ya fuimos una vez expulsados del paraíso terrenal, que fue el primer jardín, porque quisimos contraponer nuestra libertad frente a una vida de animales domésticos, encantadores y mimados que se nos ofrecía, pero también porque quisimos emplear nuestra razón para ver cuál era la diferencia entre el bien y el mal, y comimos del fruto prohibido. Pero, entonces, fuimos expulsados por denegación. Aquí, a diferencia de ese primer jardín, hay mucha gente que no quiere entrar. Por ejemplo, el otro día estaba con unos chicos que daba gusto verlos, me decían que eran muy felices y que, incluso, hacían el amor leyendo mis poemas. Yo les pregunté si estaban enamorados pero me dijeron que no, porque con el amor se sufre mucho. Estos dos jóvenes no quieren entrar en el jardín. Pero hay otras personas que entran en el jardín y usan el amor como un puente levadizo entre dos orillas muy distintas, y con frecuencia opuestas. Lo utilizan, en vez de para hacer proyectos de vida en común, a veces, para volarlo. No sabemos hacerlo bien, pero, por otra parte, nada nos ayuda a hacerlo bien en esta vida actual que llevamos, en la que aunque la tecnología ha avanzado mucho, la voluntad, el ánimo del hombre, la simpatía, la compasión, que son formas de amar, no han avanzado nada.
A ese jardín entramos todos los que queremos, pero, ¿cuándo salimos?
No se sale, en general, cuando se quiere, se sale cuando se puede. Este jardín está lleno de calles soleadas, de calles que invitan a la alegría y a la felicidad compartida, pero también hay rincones oscuros, rincones de sombra, que es donde deberíamos aprovechar para estar los enamorados porque el amor es individualista, el amor no quiere hacerse delante de la gente. El amor es como la pintura antisocial y siempre ha sido así. Pues en lugar de utilizarlos para eso, esos rincones en sombra los utilizamos para golpearnos, para maltratarnos, para matarnos, incluso, y eso es mala cosa para el jardín al que yo invito.
¿Y qué hay de sus anteriores novelas en las que ha echado a los protagonistas de sus jardines particulares?
Este es un jardín distinto del que yo he echado a todos los protagonistas de mis novelas anteriores, que eran sus jardines personales; desde Boabdil, que salió del jardín de la Alhambra, hasta Palmira Gadea, en "Más allá del jardín", que también salió de su jardín sevillano, todos han sido expulsados de su jardín cómodo, podado y mimado. Los he ido echando hacia el jardín común, natural. Los otros son unos jardines que nosotros hemos hecho a nuestra medida, en los que ya no hay riesgos... En este jardín común hay riesgo porque en todo amor hay riesgo.
A partir de este último libro, ¿hacia dónde piensa decantarse, hacia la novela o hacia los relatos?
Eso no lo puedo decir, es algo impredecible. Te pongo un ejemplo: la gente cree que para ser objeto de amor hay que ser atractivo, eso es una bobada: una mujercilla no mayor, pero tampoco ya joven, con el oficio más viejo del mundo, que está tomando una copa de coñac en una barra, puede ser perfectamente objeto de la historia de amor más maravillosa del mundo. Por eso, no se puede tener nada previsto. Lo que sí se puede hacer es contar siempre historias de amor, porque el amor y la muerte son los eternos temas.
Usted siempre habla del amor ¿Cómo definiría este sentimiento?
Una definición que yo he dado del amor es que es un trabajo que consiste en ayudar a que alguien se cumpla, y que al mismo tiempo que lo hacemos, nos hace cumplirnos a nosotros, es decir, es algo recíproco. No es alguien que da y alguien que recibe, es una corriente de vasos comunicantes. Aunque siempre hay alguien que ama más o de otra manera, que es el amante, y otro que ama, no menos sino de otra manera, que es el amado.
Un lector de Gala es un enamorado de Gala, ¿por qué cree que fascina tanto a sus lectores?
Yo creo que hay entre ellos y yo una especie de corriente inmediata porque yo no soy un escritor que enturbie el agua para que el agua parezca más profunda, yo quiero las cosas muy claras. También quiero ser muy inmediato, muy comprensible. De tal manera que mis primeros colaboradores son la soledad y el silencio y el último colaborador mío es cada lector, porque cada lector lee un libro diferente. Cada uno de ellos, según su preparación, su estado de ánimo, el tiempo que haga que el amor le ha hecho sus ultimas caricias o le haya hecho sus últimos arañazos leerá un libro diferente, se reconocerá en un personaje, se reirá con otro o tendrá compasión por un tercero, pero sabrá que alrededor de él existen todos esos personajes que viven y que puede identificar con un vecino, con un amigo, con un familiar... Entonces se encontrará dentro del jardín viendo a la gente que está invitada al jardín y será consciente de que él también esta invitado.
¿Por qué le entienden más las mujeres?
Pues porque, en primer lugar, el principal numero de lectores son mujeres, pero no sólo eso: yo hablo siempre de amor y las mujeres son siempre más capaces de amar, son más generosas y más abiertas en el amor. Una mujer puede dejar que se hundan los muros de su casa entera para que entre el amor, la ilumine y la queme si es preciso, mientras que el hombre es más de habitaciones, de compartimentos. Tiene una habitación para su trabajo, otra para sus amigos, otra para sus aficiones... y otra, que suele ser el dormitorio, para el amor.
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