Entrevista a José María García

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A pesar de haber nacido en Madrid, García se siente asturiano de corazón. Sus años de colegio quedaron marcados por el deporte y el pequeño José María ya se erigía en comandante de su equipo repartiendo órdenes a diestro y siniestro. Y también por el periodismo, ya que luchaba por colocar sus colaboraciones en la revista que editaba su colegio. A los diecinueve años comenzó su carrera profesional como reportero del programa Quién cantó las cuarenta en Radio España, al lado de un "monstruo" de la radio: Bobby Deglané. Treinta y seis años después, José María García es uno de los fenómenos de la radiodifusión española y un hombre rentable para todas las cadenas radiofónicas para las que ha trabajado. |
JUAN JOSÉ MURILLO / UNO CONTENIDOS
¿Aún sigue teniendo ilusión después de tantos años en la radio?
Si hay algo que me mantiene vivo es precisamente la ilusión. Siempre lo cuento: cuando comencé Hora 25, en el año 1972 (ya ha llovido) la noche que me pisaban una noticia me cabreaba como un mono. Eso ocurría con mucha frecuencia por la juventud, la inexperiencia y porque estábamos empezando. Pero cuando yo pisaba una noticia, algo que sucedía muy de tarde en tarde, era el tío más feliz del mundo. Han pasado veintisiete años, y la noche que piso una noticia, que felizmente es con muchísima frecuencia, me sigo alegrando, y el día que me pisan una noticia, cosa que ocurre de pascuas a ramos, me cabreo como un mono. Esto significa que sigue vigente la ilusión.
Después de tantos años es posible que esté un poco al margen de la tiranía de las audiencias. ¿Se ha sentido presionado alguna vez por los índices de oyentes?
Jamás he tenido la menor presión, porque en la radio privada el gran medidor de audiencias es el cliente, el anunciante, y seguimos batiendo todos los registros imaginables en radio, y yo jamás he dado un solo paso por tener más oyentes. Yo lo que quiero es cada día hacer mejor las cosas, y buscar esa rentabilidad, que para un profesional lo es todo. Porque el ser rentable para una empresa equivale a tu gran libertad. Yo dejé la Cadena SER, después de haber pulverizado todos los registros publicitarios y de audiencia. Partimos de cero en Antena 3, y la dejamos en un primerísimo plano de la radiodifusión nacional, hasta que se produjo la invasión del imperio del monopolio, apoyado y avalado por el Partido Socialista Obrero Español que era el que gobernaba. Y cuando llegué a la COPE en el año 92 esta casa estaba en quiebra técnica, y siete años después dio unas cuentas con un beneficio de más de dos mil millones de pesetas.
¿Se hace mejor periodismo deportivo ahora que antes?
Creo que se ha mejorado bastante. Lo que sucede es que en el periodismo, no sólo el deportivo, aunque fundamentalmente en éste por la importancia que tienen los medios audiovisuales, se está produciendo un sesgo importantísimo en su producción, a causa de los grupos de presión: éstos quieren tener el control de los derechos televisivos y demás. Por ejemplo, el imperio del monopolio, el Grupo PRISA, me refiero a Canal Plus, El País, la SER, es generoso y bondadoso con el Real Madrid, porque lo tiene en su cuadra mediática, a través de miles de millones, y es inflexible hasta la parcialidad con el Fútbol Club Barcelona porque José Luis Núñez, que es el primer gestor del fútbol español, ha conseguido la independencia mediática de su club, y no necesita del imperio para nada.
¿Qué le parecen los planes de estudio de la carrera de periodismo?
Yo creo que el periodista nace, y luego se va haciendo. Todo aquello que conlleve una mayor cultura, una mayor formación, ese barniz universitario, me parece bien. Pero significo lo que siempre he significado: el periodista es periodista en una redacción, sea en una televisión, en una radio o en un periódico.
En su caso, ¿cuándo le entró el gusanillo de ser periodista?
Yo tuve el privilegio con catorce años. Estudiaba en el colegio de La Salle, el colegio Maravillas, Hermanos de las Escuelas Cristianas, los del "baberito". Allí se editaba y se edita una revista que se llama Perseverancia, que ha sido una de las constantes de mi vida, la perseverancia. Y descubrí lo que quería ser: contador de cosas. Y es el gran triunfo de mi vida. Solamente soy eso: contador de cosas, a mi forma, a mi manera, desde mi ángulo, pero siempre partiendo de hechos reales y contrastados, porque el único patrimonio que tiene un comunicador es su credibilidad.
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