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Entrevista a Luis García Montero

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Dijiste una cosa que me gustó mucho: "hemos pasado de un país que exigía respuestas a un país que necesita preguntas".

    Nosotros teníamos que responder a muchas cosas, es verdad. Para nosotros la democracia era la respuesta a una serie de injusticias, el bienestar era la respuesta a nuestra pobreza, el progreso era la respuesta al pesadísimo lastre que teníamos con el pasado caciquil y con una España casi latifundista y feudal, la modernidad era nuestra gran respuesta a una serie de justicias sociales que queríamos conseguir...

...Y de lo que se trata es de abrir preguntas sobre eso mismo.

    Es decir ¿qué estamos diciendo cuando decimos democracia?, ¿qué estamos diciendo cuando decimos progreso y bienestar? Porque quizás la sociedad utiliza progreso confundiéndolo con desarrollismo. Es decir, convirtiendo el progreso en la productividad y la producción que está al servicio de unos intereses económicos no de la vida de los ciudadanos.

Me sentí cómplice tuyo cuando alertabas de la trampa política en la que caemos al confundir los conceptos de éxito y de fracaso.

    Yo me considero políticamente fracasado, después de muchos años de militancia, no porque la opción que a mí me representa políticamente tenga más o menos diputados, aunque me gustaría que tuviera muchos más, yo me considero fracasado porque existe explotación laboral, porque la miseria es cada vez más grande en el mundo, porque hay más distancia entre ricos y pobres, porque se está llegando a una legitimación de la violencia que parecía inconcebible, porque hay genocidios y se les denomina intervenciones antiterroristas, porque se mata a un individuo en su casa y en vez de víctima le llamamos insurgente, porque hay una explotación infantil que es impresionante. Ese es el verdadero fracaso de la izquierda, no el número de diputados.

En los últimos meses se ha tensado la vida nacional a partir de la aprobación de ciertos derechos civiles.

    A mí me parece un avance fantástico y que casi justifica una legislatura la aprobación de la reforma del Código Civil que permite las bodas de homosexuales o la ley contra la violencia de género, porque eso es parte de la democratización que necesita una sociedad que quiere tratar con respeto a todos sus individuos. Y un valor que me parece fundamental es la defensa de un Estado laico porque el poder de manipulación del lenguaje que tiene la iglesia todavía es muy fuerte. La iglesia está vendiendo como una agresión el respeto que le pedimos los ciudadanos no creyentes.

Y entonces fue cuando yo le comenté la noticia que había escuchado por la radio con las consecuencias que ya conocen y Luis, definió claramente lo que había pasado con el candidato a comisario Rocco Butiglione...

    Lo que ha sucedido es que una serie de fuerzas desde el centro hasta la izquierda más responsable se niegan a votar, como comisario que tiene que velar por las libertades de los ciudadanos, a un señor que ha agredido verbalmente a los homosexuales y a un señor que piensa que las mujeres deben estar en su casa obedeciendo al marido.