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Entrevista a Javier Alfaya

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Tal vez porque la izquierda europea está en la inopia.
La izquierda europea está pasando por unas de las peores crisis de su historia. Una crisis hondísima, de tal magnitud que exigiría una refundación de muchas cosas. Pero hasta ahora yo no he visto que nadie haya emprendido el trabajo.
En el libro se recuerda la aguda frase de Bergamín: "yo voy con los comunistas hasta la muerte. Ni un paso más. Luego, yo me iré al cielo y ellos se irán al infierno". Es agridulce el juicio de Javier Alfaya sobre el PCE, partido del que era militante desde 1963. Alaba la generosidad de sus bases pero denuncia con dolor el alejamiento de la dirección de la realidad española...
En tu visión del PCE aportas luces y sombras...
El PCE tuvo una base militante de una calidad humana y política única. Y la dirección del PCE en la legalidad no estuvo a la altura de su base ni mucho menos. Creo que esa es una de las razones de la muy profunda crisis de la izquierda en España. Es decir: gente que a lo mejor tenía un pasado muy heroico y que se había arriesgado mucho llegaron a este país como si hubieran llegado a Marte, no se enteraban de nada. Era gente muy mayor que había vivido una derrota tras otra y que, en muchos casos, no tenían esperanzas de nada.
Y contrapones esa gente a la que había surgido en el interior.
El partido se refundó en el interior (el PCE en los años 60 tenía una vida propia al margen de las estructuras de fuera) y eso fue lo que le dio una enorme agilidad y la capacidad de sobrevivir en la clandestinidad. Se consiguió estar en casi todas partes. Pero esa gran labor se fue toda al cuerno y llegó un momento que al PCE sólo le quedaba aparato burocrático.
Le comento a Javier Alfaya que en la página 62 hace un elogio que parece teológicamente excesivo: "Las CCOO aparecieron como una revelación casi arcangélica ante una resistencia agotada de luchar en solitario". Para más adelante constatar que: "CCOO se salvó porque, a pesar de su debilidad organizativa, tenía unos cuadros que se negaron a que el movimiento sindical se convirtiera en una mera correa de transmisión del partido en el más puro estilo leninista. A esa negativa a ser instrumentalizado debe CCOO haber seguido siendo el principal sindicato de trabajadores del país"...
¿Tan importante fue la aparición de CCOO?
Hombre, ten en cuenta que yo entré en el PCE en el año 63, que es cuando CCOO empezaba a asomar la cabeza, y el Partido en aquella época apenas tenía gente, apenas tenía nada y además es que no tenías margen de movimiento en ningún sitio. CCOO fue una idea nueva y hay un momento en el que, cuando CCOO trabaja al borde de la legalidad, hay mucha gente que trabaja en los movimientos de masa y ten en cuenta que había muchos cuadros antiguos que no habían trabajado en los movimientos de masas; ya que no existían en los años 50. Fui muy amigo, y en el libro lo cito dos veces, de una de las personas más admirables del PCE, que fue Lucio Lobato. Y Lucio, que entraba y salía de la cárcel continuamente, contaba que en los años 50 y 60 no había nadie. La organización estaba deshecha, la gente tenía pánico a meterse en nada y entonces era cosa de un pequeño grupo que no trabajaba en las fábricas y en los centros de trabajo porque no podían pero, cuando entra CCOO en juego, entra gente de otra generación y todo cambia. CCOO fue un milagro.
Un milagro en una época dura que ahora la propaganda de la derecha intenta suavizar...
Eran años de mucho miedo. Ahora existe un poco la tendencia de decir que en el tardofranquismo había espacios de libertad. Es mentira, los había para ellos, pero no para quien estaba enfrente del régimen. La visión que da televisión en el Cuéntame cómo pasó es edulcorada. La cosa fue más triste y dolorosa.
Afortunadamente, ahora también hay un intento de recuperación de la memoria histórica en la literatura y en la historia.
Más que lo que está ocurriendo en literatura, en donde evidentemente hay cosas que tienen interés, como lo de Dulce Chacón o de Javier Cercas, está habiendo una recuperación por parte de los historiadores de una gran solidez. Pero también está el esfuerzo de supervivientes privados que son gente común que con su esfuerzo cubren el hueco de la pasividad que ha tenido la universidad española. Y no hay que olvidar que la derecha está arreando, y ahí esta el libro de Pío Moa como ejemplo. Hay una reacción, y es que la cultura española vivía de espaldas a los graves sucesos del franquismo. La derecha, sin haber leído a Gramsci, sabe de forma natural lo importante que es la cultura y la instrumentalizan de una manera sistemática.
Esta entrevista fue publicada originalmente en la revista Tribuna de la Administración Pública en septiembre de 2003.
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