Entrevista a Kepa Junkera

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Maren es el título de su noveno disco. Kepa Junkera lleva una trayectoria profesional de tres lustros y ha pasado ya mucho desde su primer disco, Kepa, Zabaleta eta Motriku, en 1988. Maren es un disco que no sólo recupera la tradición cultural y melódica de celtas y vikingos, sino que también conecta con el sonido más innovador de las últimas tecnologías. Pasado y presente se funden en Maren, un disco que Kepa Junkera ha querido bautizar con el nombre de su hija. |
UNO CONTENIDOS
¿En qué medida se ha mantenido la riqueza multicultural en la música de tu último disco?
El sonido de Kepa Junkera siempre ha destacado, entre otros aspectos, por la riqueza cultural de la música. Por supuesto, dentro de una línea que yo quiero, en discos y en directo. Me gusta investigar en otras culturas y no caer en tópicos musicales, ni hacer lo que más se venda. La música que hago es la que me gusta tocar, y ello incluye la influencia musical de países árabes, irlandeses, de Oriente o del norte de Europa, ya que enriquece la música. Me gusta investigar la música de otras culturas y conocer nuevos sonidos.
¿Cómo influye el mar en tu música?
En Maren se utiliza el mar como símbolo. La idea viene de la zona Urdaibai, que está en Vizcaya, un lugar que ha sido una puerta de entrada y salida de muchas culturas, tanto en el pasado como en el presente, de ahí que en el disco dedique un tema a los vikingos.
¿Tus trabajos son una búsqueda de músicas que han caído en el olvido del tiempo?
A mí me gusta rescatar sonidos de culturas cuya música pueda lograr trabajar según la idea que tenga del disco. Pero eso no quita que combine sonidos de instrumentos antiguos o música tradicional de la cultura vikinga o celta, con el sonido de las nuevas tecnologías. Pero no sólo hay que mirar hacia atrás, también hay que aprovechar las posibilidades que nos da la tecnología para hacer música. Es como un viaje donde se mezcla el pasado y el futuro.
La música de Kepa Junkera, ¿es producto del trabajo diario o de la inspiración?
Un poco de las dos. Hay días que te viene una melodía en el momento más inesperado, pero también el trabajo diario logra que las cosas salgan. La verdad es que la inspiración y el trabajo deben ir en paralelo. Nunca me ha gustado estancarme, intento innovar. La música debe ser libre; no debe estancarse. La inspiración, en muchas ocasiones, logra superar un bache; o al revés, cuando la inspiración no ayuda, es el trabajo diario el que hace que salgan los sonidos como te gustan.
En los 20 años que llevas dedicándote a esta profesión, ¿ha habido muchos cambios en tu música?
Ha cambiado mucho. Son 20 años en diferentes espacios, en romerías, teatros, y muchos otros lugares. Con los años vas evolucionando, porque con nueve discos hay muchos cambios, y cuando ves el trayecto notas que hay muchas cosas que hacías al principio que ya no te apetece hacer, o quizá las vuelves a rescatar.
¿Podría decirse que tu música es minoritaria?
En cierto modo sí, aunque al principio era mucho más desconocido, y todavía lo sigo siendo, porque lo comercial busca toda clase de públicos, y aunque el mercado ha ido cambiando, todavía la música que hago es difícil que guste a todo el mundo. A mí me gusta idear e innovar, me gusta la globalidad de sonidos y músicas, y si logro que la música que me gusta tocar también conecte con gran parte del público, pues mucho mejor. Ahora se encasilla mucho, la imagen parece lo más importante, y ya es hora de olvidarse de los tópicos. Además hay que competir con muchos grupos, abrirse un hueco, aunque lleves ya una larga trayectoria a tus espaldas.
¿Qué te resulta más difícil a la hora de ponerte manos a la obra con un disco?
Hay muchas cosas difíciles y a mí me gusta participar en todo, desde el trabajo en estudio hasta la portada de los discos, o los vídeos. Pienso que grabar es lo más difícil, aunque cuando terminas el trabajo te aporta mucha satisfacción.
¿La paternidad te ha aportado un nuevo campo de inspiración?
Sí, lo cierto es que te hace reflexionar mucho, hay muchos aspectos de la vida que cambian a mejor, y es muy gratificante. También te hace más sensible, es una sensación muy primitiva, pero muy interior y que enriquece la música. De hecho, Maren es el nombre de mi hija, en su honor.
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