Entrevista a Isaías Lafuente

|
"Históricamente la realidad de las mujeres se resume en una maravillosa frase de Rosa Regás: los hombres no es que no nos queráis, es que no nos veis". Eso dijo Isaías Lafuente en un momento de la conversación y a mí me pareció que, periodista como es, me estaba regalando un titular. Era una mañana soleada de octubre y aquí estábamos dos chicos hablando de la lucha de las mujeres españolas por la igualdad a propósito de Agrupémonos todas, el tercer libro del subdirector del programa de radio Hoy por Hoy. |
MARIANO CRESPO / TRIBUNA DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA
Pues aquí estamos un chico y otro chico para hablar de las chicas desde el "viril feminismo".
Naturalmente, era una broma cómplice. El término "viril feminismo", que ya tiene narices la antítesis, se cita en el libro por ser utilizado por el claustro de profesores de una universidad pretendiendo ensalzar los méritos de una de las españolas pioneras en doctorarse. Hay elogios como algunos piropos que, además de matar, describen el talante de quienes los pregonan...
...Vamos a empezar por donde tu comienzas ¿Cómo es posible que en una enciclopedia de 15 tomos sobre España no aparezca una sola línea sobre Clara Campoamor? ¿Qué está fallando?
Pues el otro día descubrí que en un diccionario enciclopédico escolar de este año tampoco figuraba Clara Campoamor. Seguramente lo que está fallando sencillamente es la inercia. La inercia de siglos de discriminación, de siglos en los que la mujer ha sido absolutamente anulada.
Es lo que tú defines como la invisibilidad de las mujeres.
Es que las mujeres han sido invisibles hasta hace muy poquito tiempo.
Recuerda Isaías en su libro el ácido debate parlamentario entre Victoria Kent y Clara Campoamor sobre el derecho al voto de la mujer y el miedo que existía a que el voto femenino, por la influencia que la iglesia pudiera ejercer sobre él, pusiese en peligro las libertades republicanas. Clara Campoamor conseguiría el derecho al sufragio de las mujeres con un alto precio posterior y, en la actualidad, el olvido de sus compatriotas...
...¿Parece como que los derechos de las mujeres queden preteridos siempre a la solución de otras cosas que parecen más urgentes?
Y no sólo en la República. En la incorporación a la universidad es tristemente divertido ver cómo se produce un terremoto cuando de repente María Elena Maseras decide matricularse. No es que estuviese prohibido, es que los hombres no se habían planteado el hecho de que una mujer decidiera dar ese paso. Bueno, cuando se decidieron, las dejaron entrar y no se les ocurrió pensar que esas chicas que querían estudiar de repente un día decidieran doctorarse y ahí hubo un nuevo terremoto. A la mujer no se la ha visto y, de repente, cuando reclama sus derechos, aunque sea una masa ciudadana de la mitad de la población, se piensa que ya que han esperado veinte siglos podrán esperar algunos años más.
Como señalas que sucede cuando llega la Transición.
Muere Franco, se hace la Constitución en tres años y mientras estábamos sacando presos políticos por la amnistía estábamos encarcelando mujeres adúlteras. Y se aprueba la Constitución que reconoce la igualdad de derechos entre hombre y mujer, sin ninguna mujer como ponente por cierto, y la última modificación legal que es la Ley de familia y la Ley de divorcio no se hace hasta tres años después. Es decir, la mujer puede esperar tres años más, no han sido suficientes 40 años de dictadura.
Y socialmente se tiene la impresión que eso es cosa de algunos países árabes como refleja la propaganda cuando se trata de agredirlos por otros intereses.
Ahí se produce un fenómeno muy curioso que es que cuando vemos que esto sigue pasando todavía en algunos países nos escandalizamos mucho, pero no somos capaces de mirar atrás para decir que esto ha pasado aquí hasta ayer mismo y, sin embargo, parece una historia que no fuera con nosotros. Creo que la historia hay que mirarla como se conduce un coche. Es decir, que hay que mirar hacia delante, pero fijándose continuamente en los dos retrovisores para no perder la perspectiva.
En tu libro das tanta importancia a los hechos cotidianos como a los grandes nombres y las fechas importantes...
A las mujeres anónimas y a los hechos cotidianos. Estoy convencido de que la historia se hace a base de pequeños hechos. No me ha interesado tanto hablar de los movimientos cuanto de las mujeres. Es decir, de mujeres con nombres y apellidos que, en un momento determinado, decidieron dar el paso. Algunas son conocidas como Clara Campoamor y otras desconocidas como Catalina García que en 1925 dice: "¿Por qué yo no voy a poder conducir un autobús de línea?", y se pone a ello. Esas mujeres son las que mueven el mundo.
|
 |

| Imágenes |

 |
|