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Entrevista a Don Lind

Desde 1966, Don Lind se unió al programa espacial de la NASA y fue participante activo en todos los viajes al espacio. Pero el momento más brillante fue cuando dirigió a Neil Armstrong en aquel primer paso del hombre en la Luna, puede decirse que Lind fue su "hombre en la Tierra". Su actividad en la NASA también se conformó con la participación en el equipo de apoyo del Apolo XI y de los equipos de rescate Skylab 3 y 4, así como el "payload commander" de la tripulación del Challenger. Un trabajo en la NASA que duró 22 años, además de ser profesor de Física y Astrofísica en la Universidad de Utah.

ÓSCAR GRIFOLL / UNO CONTENIDOS
La vocación por ser astronauta, ¿le viene de la infancia o se desarrolló con el paso de los años?
    Cuando era pequeño ya leía los cómics, sobre todo me gustaban las aventuras de Flash Gordon y Buck Rogers. Pero perfectamente sabía diferenciar la fantasía de lo que es el mundo real. Pero ya cuando era pequeño hacía juegos del espacio, y que cuando creció ya había un programa del espacio auténtico y real. Así que lo que comenzó como una fantasía, al final acabó como una realidad.

Pero, ¿usted por entonces, cuando era pequeño, pensaba que algún día podría estar en el espacio?

    No, para nada, cuando era pequeño era solo una fantasía, pura imaginación, no pensaba que fuera a ocurrir tal cosa.

Pero poco a poco el sueño se iba haciendo realidad, sobre todo en sus años de universidad, ¿cómo se desarrollaron estos años?

    Antes de entrar en la universidad ya había entrado en la Marina y ya sabía volar con reactores y sabía pilotar. Después, en la universidad, acabé el doctorado de Astrofísica Nuclear y cuando ya tenía la titulación, y ya era piloto, me dije que ya podía ser astronauta.

Usted fue el hombre en tierra de Neil Armstrong, ¿cómo quedaron grabados en su memoria aquellos instantes que han pasado a la historia?

    Pues yo me encargué de probar y chequear todo el equipo que ellos iban a utilizar en la Luna. En lo que a mí respecta, fue la mayor experiencia de nuestra generación. Yo, además, me estaba entrenando para ir a la Luna y cancelaron ese vuelo, pero aún así considero aquellos años, como una época dorada.

Además de ese pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad, ¿cuál ha sido la misión que más le ha llenado tanto como persona como por astronauta, y que también haya sido importante para la NASA?

    La experiencia mayor, aunque no estuviera en el equipo, fue el aterrizaje a la Luna. Y, aparte de eso, la misión del Challenger.

¿Cómo vivió el terrible suceso del Challenger?

    Terrible... fue terrible. Vi a siete de mis amigos morir en televisión, y luego lo ponían cientos de veces... para mí fue como una auténtica pesadilla.

¿Qué suponía en aquellos años de Guerra Fría ser un astronauta americano?

    Pues realmente fue una dura competencia y que estábamos continuamente intentando vencernos el uno al otro, superarse el uno al otro, y que afortunadamente nosotros ganamos (risas). La Unión Soviética y las democracias occidentales competían en su sistema; entonces, como la guerra nuclear era impensable plantearla, ésta era nuestra manera de competir.

Y, ¿hasta qué punto ha cambiado esta competencia en la actualidad?

    Pues como la Guerra Fría se ha terminado, ahora se está colaborando entre los diferentes países y se está creando un conjunto mediante la Estación Espacial Internacional.

Los avances tan repentinos en la tecnología y en la maquinaria espacial, para un hombre como usted que vio prácticamente nacer al astronauta, ¿cómo cree que se puede enfocar hoy por hoy los viajes al espacio?

    Sigue siendo una gran aventura. Para mí va a ser igual de emocionante cuando el hombre aterrice en Marte, que se hará pronto, igual de emocionante que fue el aterrizaje en la Luna.

Pero, ¿realmente al hombre le hace falta viajar a la Luna?

    El hombre tiene una mente inquisitiva y tiene un deseo innato de conocer y de explorar. Y al igual que el hombre se dedicó a explorar la Tierra, a recorrer el Pacífico y a llegar hasta las Antípodas, pues la misma ansiedad es la que tiene para conocer el espacio y las eternas, y eso es lo que distingue al hombre de los animales.

¿Las nuevas generaciones están mejor preparadas que en los tiempos del Apolo XI o del Challenger?

    Las nuevas generaciones están igual de preparadas. Pero, cuando nosotros fuimos a la Luna teníamos un sentimiento como del destino, de marcar la historia que ahora se ha perdido en las nuevas generaciones. Pero en cuanto a la preparación es igual.

Usted se retiró en 1995, ¿cómo vive un astronauta después de experimentar tantas sensaciones a lo largo de su vida?

    Desde que estoy retirado estoy viajando con mi esposa para la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días voluntariamente, para expresar a las personas las maravillas del espacio. Y ahora la misión es que los jóvenes se entreguen más en los estudios de la universidad, doy charlas por universidades y escuelas. Además, se trata de patrocinar una creencia en Dios tanto como transmitir la vivencia en el espacio. Cuando estaba en el espacio y miraba hacia abajo, en la Tierra, potenciaba todavía más mi creencia en Dios, y que había creado un planeta perfecto para nosotros.

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