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Entrevista a Antonio Muñoz Molina

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Una sensación de estar en fuera de juego.
Nunca he sentido que estaba en el sitio que me correspondía. Yo veo personas que están perfectamente establecidas en sus circunstancias, que son lo que creen ser. Pero yo, ni de joven ni de mayor, me he sentido así. Eso tiene una parte de incertidumbre, pero tiene otra parte muy grata porque es más realista el sentir que las cosas no te pertenecen que el sentir lo contrario, puesto que es muy fácil que las pierdas. Y es muy seguro que las vas a perder cuando mueras.
Por eso reposa esa mirada cariñosa en los objetos, testigos mudos de nuestras presencias y ausencias. Recuerdo un excepcional artículo de prensa en que Antonio describía las sensaciones evocadas al contemplar las últimas actas escolares de sus alumnos que Antonio Machado había firmado en el curso 35-36, ignorante como estaba de que serían las últimas...
Hay un poema de Borges que se llama "Las cosas" donde habla de los objetos que nos rodean y termina diciendo que "no sabrán nunca que nos hemos ido". Es decir, nosotros nos iremos y las cosas estarán ahí sin saber que nos hemos marchado. Para mí hay una fascinación en eso.
Que nos hemos alejado de los objetos en esos trenes que nos llevan hacia destinos de misterio. El tren que le arrancó del sur y le condujo a su mili en San Sebastián. El que le arrancó de su futuro de campesino y de aquella madre que aprendería el alfabeto para leer las novelas de su hijo. Los trenes, los viajes físicos y los viajes de pensamiento…
Creo que una cosa que no ha hecho la izquierda en España ha sido reflexionar sobre su propia condición. Los ha habido que se han mantenido como "los últimos de Filipinas". Los héroes que no se corrompen, que siguen pensando lo mismo y eso me parece trágico. En otros países se ha escrito y debatido mucho. La gente, incluso, se ha autocriticado. Aquí no se autocritica nadie. Aquí ves gente que en 1975 te decía que Pol Pot era maravilloso y que ahora mismo siguen con la misma tranquilidad. Y cuando alguien propone una reflexión, entonces en seguida dicen: cuidado que eso es que te estás volviendo de derechas.
Parecerse al retrato del izquierdista, no ser de izquierdas...
Yo me acuerdo que el presidente de una Caja de Ahorros me dijo un día: "Yo te veo a ti muy socialdemócrata". ¡El presidente de la Caja de Ahorros! Pero hombre, por Dios. ¿Sabes lo que te digo? A mí eso me pone muy nervioso. El modo en que la izquierda política e intelectual no ha sabido, con escasas excepciones, reflexionar sobre lo que ha hecho y pensado. Nadie se siente en la obligación de reflexionar o recapacitar y decir: yo que decía esto hace veinte años ¿de qué he podido ser cómplice?...
Hablando de otro tipo de complicidades, tú has sido empleado público como nosotros. ¿Qué queda del auxiliar administrativo en el Ayuntamiento de Granada?
Fui funcionario por oposición. Ser funcionario público es una cosa seria. Yo viví, primero con ilusión y luego con tristeza, aquella promesa que se hizo, al principio de los años 80, que recordarás que se llamaba la reforma de la Administración pública y la creación de la carrera administrativa. Entonces los socialistas en el poder, en vez de realizarlo, lo que decidieron fue crear una Administración, a ser posible "clientelar". Es decir: preferir antes que un funcionario preparado, independiente y profesional, un machaca de confianza. Eso ha hecho mucho daño. Porque al mismo tiempo, por los años 80, se creaba esa idea del desprecio hacia lo público y la demagogia de que la burocracia entorpece. La idea que utilizan los que pretenden evitar los controles legales. Todo eso lo viví con mucha tristeza porque profesionalmente me afectó mucho. A mí me gustaba mi trabajo pero no tenía la menor posibilidad de prosperar porque no rendía pleitesía a la política. La gente que estaba en el poder, en los ayuntamientos, preferían un ex-fascista dócil a un demócrata independiente. ¡Vamos, descarao!
Volvamos a Sefarad. Es curioso que por los caminos de la persecución y de la barbarie te hayas quedado en sucesos en su mayoría pasados. ¿La barbarie reciente necesita de más tiempo para ser literatura?
Por alguna razón lo más estrictamente contemporáneo no está. Pero está presente en otros libros como "Plenilunio" o "Ardor Guerrero". Cada libro tiene su propia lógica, no son decisiones conscientes. Ahora, hay muchas partes en el libro que están escritas pensando en sucesos actuales. Hay un capítulo que empieza diciendo: "Tú qué harías si supieras que estás en la lista". Es algo que sentí muy vivamente cuando estuve en septiembre en San Sebastián.
Por cierto, ¿qué sucedió en el pase de "Plenilunio" en el festival de San Sebastián?
En el estreno estuvo bien. Pero en uno de los pases para la prensa lo intentaron reventar. Aplaudían y se reían a carcajadas ostensibles cuando el policía miraba debajo del coche, aplaudieron cuando le disparaban. En fin...
Al concluir la conversación le recuerdo que la casualidad nos ha hecho coincidir indirectamente en personas y actos. La presentación por conocidos comunes del libro de COPROPER por la democratización de la Guardia Civil... Entonces le pregunto si no hay un agobio en participar en actos cívicos y tener la obligación de decir o escribir siempre algo brillante...
No, porque uno, aunque no lo parezca, procura elegir. Lo que sí es cierto es que cuando intervengo en público tengo mucho cuidado con lo que digo. Porque a mí hay una cosa que me pone muy nervioso y es el ser avanzado a costa de otros y para comodidad tuya. Eso de decir: me solidarizo con el pueblo de Timor oriental. Eso no te supone ninguna molestia. Solidarizarte con los demócratas de la Guardia Civil o con la defensa de las libertades concretas de tu país, a lo peor es muy complicado. Pero ahora es el mundo al revés. Me decía el otro día un amigo muy querido: ahora los de izquierdas estamos quedando como reaccionarios y los carcas son los progres...
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