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Entrevista a Arturo Pérez Reverte

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¿Qué diferencias encontramos entre "La Reina del Sur" y otras novelas anteriores tuyas?
En todas mis últimas novelas yo buscaba un enigma, como en "La partida de ajedrez", pero esta vez el misterio estaba en el corazón de mujer. Esa es la principal diferencia.
¿Cuál es el retrato que haces de Teresa Mendoza?
Hay una cosa que literariamente me interesa mucho: para mí la mujer es un soldado en territorio enemigo. El hombre, si pierde sus batallas tiene dos mil mecanismos de consuelo: el fútbol, el sexo, los amigos..., pero la mujer tiene una lucidez diferente del hombre, no tiene la capacidad de autoengaño que tiene el hombre. Por otra parte, la mujer, genéticamente, ha estado mucho tiempo callada y mirando, y por eso, aunque ahora se mueva, esté trabajando y tal, tiene una capacidad de manejar el silencio que no tiene el hombre. Y a mí me surge un enigma: ¿qué hay detrás de ese silencio de la mujer, por ejemplo, cuando te da la espalda en la cama?
Esta mujer, a la que me había ido acercando poco a poco en mis novelas y que en la última casi la toqué, es la que ahora retrato. Nunca había entrado dentro de ella, ni había visto el mundo como ella lo ve: los hombres, el sexo, el dolor... Con esta novela decidí hacerlo y esto ha sido una experiencia nueva. En esta novela el enigma ha sido ella, y yo durante nueve meses, he sido mujer, he sentido como se siente la mujer cuando el hombre está por encima de ella. Para mí la mujer es ese soldado perdido que no tiene retaguardia. Y esa es la historia de la novela, ese soldado perdido que se llama Teresa Mendoza. Todo lo demás es el complemento.
¿Has conocido a esa mujer en la vida real?
No existe ninguna mujer que se llame Teresa Mendoza. Teresa Mendoza es el resultado de todas las mujeres que he conocido en el mundo: madres, amantes, hijas, viudas, tías, sobrinas... más las mujeres que he leído, pero no es ninguna de ellas.
Los mejicanismos debieron ser un problema, ¿cómo fue el trabajo con el lenguaje?
Cada novela es un mundo y tiene que ser contada con el lenguaje que requiere. En este caso Teresa Mendoza es mejicana, sinaloense, poco culta y, además, la he seguido 12 años, al final de los cuales es bastante más culta. Tenía que encontrar, por tanto, un lenguaje que fuera creíble en Méjico y en España, por lo que ha sido un trabajo muy duro, y más, teniendo que contar la novela a un ritmo de "corrido".
Por eso, aunque mis novelas no se las doy a nadie para que las lea, esta vez sí que necesitaba que me la leyeran porque podía haber cometido muchos errores con el lenguaje, con los mejicanismos.
Caías, además, en el riesgo de la caricatura...
Sí, en este caso es una novela peligrosísima, podía equivocarme en el lenguaje y en todo lo relacionado con la mujer. Es una novela con la que me he jugado, en definitiva, a unos lectores que tenía seguros.
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