 |
Entrevista a José Sacristán

(página 2/2) ... viene de
Pero tú ya abandonaste esa primera fila de militancia política.
Como consecuencia de un análisis político que hago de lo que esta ocurriendo y de cuál es mi posición en esta situación. Y volvemos a lo del cine. A mí ya no me basta con que un señor me diga que es de izquierdas. No me basta que un señor me diga que tiene un programa de izquierdas. No me basta si luego compruebo que, en los hechos, no hay una adecuación entre lo que se dice y se hace. Tampoco me basta el que alguien me hable de una película comprometida o de una película militante. Si la película es buena, estará bien y si es mala, no lo estará.
¿Hay algo de desengaño, de desencanto?
Yo procuro no utilizar nunca la palabra desencanto, porque no es para nada lo que siento ni he sentido nunca a propósito del acontecer político. Es simplemente un análisis paralelo de lo que esta ocurriendo, por un lado, y lo que me ocurre a mí en mi propia evolución. Y, desde luego, el panorama político actual no me invita para nada, ni me empuja para nada a ser yo la cara o la voz que hoy demande una respuesta ciudadana. Primero, no me corresponde. Y luego, si te digo honradamente la verdad, me faltaría convicción.
No tienes buena imagen de la izquierda política actual.
Creo que lo que está ocurriendo en la izquierda española es responsabilidad única y exclusiva de la izquierda. Nadie a la izquierda en este país le ha hecho más daño que ella a sí misma. Yo sigo pensando que ser de izquierdas es una categoría, y que, por supuesto, exige una responsabilidad. Entonces hay ciertos folklorismos políticos que yo no comparto. Igual es porque estoy mayor.
Cuarenta años de oficio y una enorme carga de popularidad. Sin embargo, repasa uno los premios, esos laureles bastardos con los que se llena la cartera de los curriculum y las vanidades, y no se encuentra su nombre asiduamente...
En ocasiones, a propósito de ciertos trabajos, debo reconocer que me ha sorprendido, y no para bien, el no estar incluido. Lo que ocurre es que también es una gimnasia, como tantas cosas: te toca y toca, y si no te toca no pasa nada. Se hace camino al andar y esto es una carrera de fondo. Pero yo recuerdo "El viaje a ninguna parte" y "Madre Gilda" en cine o "La guerra de nuestros antepasados" y "El proceso" en teatro, y pienso que ha habido cosas que a los "premiadores" se les ha pasado.
¿Pero les das importancia?
Cuando alguien me dice que he ganado el monigote, me pongo la mejor de mis sonrisas, el traje oscuro, y voy encantado de la vida. Pero pobre de aquel que crea sin más que un premio es la solución. Si Pedro no fuera lo inteligente que es, lo que está pasando con "Todo sobre mi madre" podría ser demoledor para él.
Ahora haces teatro y parece que la crisis de éste está superada.
No, creo que no. Hay una cierta recuperación, una cierta curiosidad. Pero para mí que no acaba de darse la cordialidad debida entre el teatro y la gente. Entre otras cosas, porque todavía el local llamado teatro, en una ciudad como Madrid, no reúne ni mínimamente condiciones de salubridad y de comodidad.
¿Qué pasó del Pepe Sacristán director de cine?
Se acabo ahí. Todo lo que me ha ocurrido en los últimos años no ha sido muy próximo al cine. Tengo un par de historietas pero es una aventura poner en marcha una película que lleva, entre la preparación y conseguir las pelas, dos años. Y yo no le digo a Salieri o a don Quijote: esperad, voy a ver si...
Por cierto, el otro día me decía un amigo que darías muy bien de Pepe Carvalho en pantalla.
A mí me lo ofreció Aristaráin cuando luego lo acabó haciendo Eusebio Poncela. Y en Buenos Aires teníamos un proyecto que luego se vino abajo para hacerlo en una serie. Pero yo creo que ya estoy un poco mayor para hacer de Pepe Carvalho.
El decía que das bien la cara del perdedor.
Es un problema de lucidez. En definitiva, es también de opción. Los triunfadores no le interesan a nadie. El arte, en general, informa de una forma de perder. Y el hombre en ese sentido lo que hace es pintar, componer, representarse a sí mismo. Esforzarse en resistir a la pérdida definitiva que va a ser la de la propia vida. Somos perdedores porque nos vamos a morir.
Esta entrevista fue publicada originalmente en la revista Tribuna de la Administración Pública en mayo de 2000.
|
 |

| Imágenes |

 |
|