Entrevista a Carlos Segarra, líder de Los Rebeldes

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Mucho tiempo ha pasado y en nuestro transistor siguen sonando las canciones de Los Rebeldes, un grupo que marcó la estela del 'rock and roll' en nuestro país y que hoy sigue congregando a miles de seguidores en cada actuación. Carlos Segarra, cantante y rostro de este grupo catalán, nos habla de música, de política, de la vida..., mostrándose tal como es. |
PEPA RODRÍGUEZ / UNO CONTENIDOS
Carlos Segarra, cantante y rostro de Los Rebeldes, nos recibe, con el correspondiente subidón adrenalínico, tras uno de los conciertos del grupo catalán. No lleva su característico sombrero tejano y se ha cambiado la ropa ceñida y el cuero que portaba durante la actuación, tan sólo unos minutos antes de las preguntas, pero el espíritu sigue siendo el mismo y así lo demuestra durante la entrevista.
¿Cuál es el espíritu de Rebeldes?
Rebeldes es un grupo que empezó reivindicando una serie de sonidos americanos de los años cincuenta, como el rock and roll, música soul, rythm and blues, blues... Nuestra estética estaba vinculada a lo que eran esos años cincuenta y éramos una banda que, dentro de ese rock and roll, tenía una labor reivindicativa. En principio, éramos gente que tocábamos clásicos de los años cincuenta porque no se oían en la radio ni podías adquirir discos de esa gente. Hay un refrán catalán que dice que si quieres dormir bien, hazte tú mismo la cama, eso fue lo que hicimos Los Rebeldes, juntarnos para hacer música que no podías oír fácilmente. Rebeldes pasó una época, de un año largo, sólo haciendo versiones, después empezó a hacer sus propias composiciones dentro de este estilo y, luego, hemos ido cambiando de pinta y hemos ido metiendo más influencias, por eso digo que el rock and roll es algo así como un gran cocido o arrós caldós, le puedes ir echando a tu bola. Es una gran receta con muchos ingredientes. Puede que eso haya llevado implícito un cambio de estética, pero todo ligado con la música rock and roll.
Después de aquellos inicios y del tiempo que ha pasado, ¿qué ha cambiado?
Desde que empezamos Rebeldes, y toda la gente que había antes de nosotros, no había infraestructuras, eso para empezar. Irte "de bolo" era irte a tocar a Galicia o a Andalucía, era como castigarte al destierro en Siberia, por decir algo, porque las carreteras eran muy malas. Además, la gente no tenía costumbre de ir a conciertos, no se había acostumbrado a comprar discos de rock en español. Eso se traducía en que los músicos no teníamos instrumentos buenos ni buenos amplificadores hasta que no estabas muy "currao" y te podías ganar un poco la vida con la música. Tampoco había sitios donde tocar, tocabas para peñas, despedidas de quintos, en algún garaje, polideportivo... Ahora, España es un país muy bien comunicado, hay ayuntamientos que tienen ya auditorios, no ya sitios donde pueden tocar los grupos, sino auditorios hechos. Un chaval que toca la guitarra como aficionado sabe que puede llegar a ser profesional de la música, a vivir menos bien, bien o mejor de los discos que vende, de sus actuaciones. Eso antes no lo había.
Muchos grupos se han quedado en el camino y vosotros seguís ahí, ¿hay algún secreto?
Si tuviera un secreto, un método, escribiría un libro, como Karlos Arguiñano con los de cocina, y ahora mismo tendría la música sólo como un hobby. Sí puedo decirte que, quizá, Rebeldes ha sabido evolucionar sin perder sus raíces, y eso es lo importante. Si una gente empieza haciendo, por ejemplo, rock y acaba haciendo reagge o acaba haciendo salsa, no ha evolucionado sino que ha dejado de hacer una cosa para hacer otra, que es diferente. Rebeldes, en cambio, ha ido evolucionando sin perder sus raíces.
¿Cómo está la música española en la actualidad?
Curiosamente, ahora es cuando más discos en español se están vendiendo. El otro día, hablando con gente de SGAE, veíamos que hay muy pocos grupos ingleses o que canten en inglés que estén en las listas. Tú miras las listas y ves que es todo Maná, Sabina, etc. No hay una movida de gente, una nueva generación, que tenga ganas de ir hacia un sitio concreto, como había en los ochenta. Ahora hay mucha gente que hace su música, pero a su bola. Digamos que no es un ejército, es una serie de francotiradores echando tiros a todos lados, pero como son muchos, hacen mucho ruido.
¿Qué opinas de ese tipo de grupos, un tanto artificiales, que llegan al nº 1 impulsados por las discográficas?
Son dos maneras de hacerlo, una es la concepción natural, que es el caso de Rebeldes y otra es el doctor Frankestein, que es poner anuncios tipo "se buscan chicos que canten", cogerlos, reunirlos, meterlos en el estudio y salir de gira. Son dos maneras distintas y cada uno se queda con la que más le gusta. Pero, total, aunque un grupo sea antinatural, a ninguna chica de catorce años le ponen una pistola en la cabeza para que compre. Dicen que la letra con sangre entra, probablemente la música también.
¿Transmiten algo vuestras canciones o son sólo simples historias?
Hay algunas que sí tienen mensaje, lo que pasa es que mucha gente no lo ve porque no esperan oírlo de Rebeldes. Hay gente que se dedica a hacer canción protesta y, de repente, a lo mejor sacan dos canciones de protesta y el resto son canciones de amor, pero como tienen sello de canción protesta... Hay muchas canciones de Rebeldes que tienen una segunda, o directamente una primera lectura, que a la gente le pasa inadvertida. Hay de todo, hay historias típicas, hay historias divertidas, hay historias de carretera, hay canciones ecologistas, hay canciones feministas, hay canciones con trasfondo social, de todo. Eso sí, tienes que molestarte en buscarlas.
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Carlos Segarra, cantante y rostro de Los Rebeldes, nos recibe, con el correspondiente subidón adrenalínico, tras uno de los conciertos del grupo catalán.
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