Entrevista a Carlos Taibo

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Acaba de publicar "Cien preguntas sobre el nuevo desorden" y la fortuna le acompaña en las ventas. Tengo que confesar una fijación con los estudiosos como él, no de asuntos intangibles como la teología o la felicidad, sino de fenómenos extintos: especialistas en el imperio romano, el austrohúngaro o quién nos lo iba a decir la Unión Soviética. Cosas desaparecidas cual pétalo rojo entre la niebla. Como el muro, el telón de acero, la guerra fría, el socialismo real... Mas quedan pocas horas para que nos desordene la primavera y es propicio hablar de rebeldía. |
MARIANO CRESPO / TRIBUNA DE LA ADMINITRACIÓN PÚBLICA
...A poco que uno estudiaba lo que sucedía, se daba cuenta de que había elementos de crisis que afectaban a lo fundamental, pero de ahí a deducir que se iba a desmoronar de una manera tan rápida hay un camino muy largo que recorrer, y yo no lo recorrí. Se reflejaba en la propia mente de los dirigentes que no creían en absoluto en el proyecto que retóricamente defendían y eso hizo que, cuando se desmoronaba, no hicieran nada por impedirlo.
Quien así cuenta la crónica de una muerte súbita o del "harakiri" más notable del pasado siglo es Carlos Taibo, profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid. Autor de libros como "La Unión Soviética de Gorbachov", y la "Explosión soviética"... En su nuevo libro trata de poner un orden dialéctico al desorden establecido…
...Cuentas en el libro que los teóricos marxistas eran proclives a lo que hoy llamamos globalización porque pensaban que la expansión del capitalismo era tan inevitable como saludable, dado que generaría un nuevo orden revolucionario y socialista.
En la tradición marxista hay una enorme lucidez para identificar flujos globalizadores. Lo que sospecho es que la conclusión final de ese análisis es más peligrosa que venturosa. Tal y como se desarrolla hoy la globalización neoliberal, la perspectiva de un uso emancipador de ella se me antoja fuera de contexto.
Por cierto, ayer, Félix de Azúa ponía en duda en El País que la estética de Porto Alegre sea el germen de una nueva izquierda.
Tal vez hemos exagerado la dimensión lúdica de los movimientos sin extraer la conclusión de que además deben ser serios. El problema de la tesis de Félix es que le molesta la dimensión lúdica pero mucho más que hubiera una seria transformación. Hay mucha gente con problemas para llenar su columna semanal.
¿La prevención que hay en el movimiento antiglobalización hacia partidos y sindicatos tradicionales tiene que ver con el uso del poder que se hizo en los países del llamado socialismo real?
Tiene que ver, pero no es lo fundamental. Para ellos, generacionalmente, es significativo el hundimiento de las ONG. Tienen una percepción de que, a lo largo de los 80 y 90, las ONG han traicionado el espíritu con el que surgieron. Hasta cierto punto es lógico, porque quién nos iba a decir que uno de los mensajes más machaconamente transmitidos por las ONG en situaciones de guerra era la solicitud de una intervención militar internacional. Hay quien ha hablado de humanización de lo militar y de militarización de lo humanitario. Los movimientos rechazan más a las ONG que a partidos y sindicatos, porque éstos les pillan más lejanos en el tiempo.
Los verdes alemanes parecen haber perdido influencia.
Porto alegre ha supuesto el desembarco estelar de la socialdemocracia o de algunos sectores de ella. Esto puede suscitar dos lecturas legítimas. Una, que ya era hora de que la socialdemocracia se percatase de que ocurría algo interesante. La otra, es el recelo: ahora que los movimientos tienen cierto peso la social-democracia desembarca por intereses mezquinos. El movimiento es una realidad plural. Si yo trazase el perfil de que en el movimiento está sólo el mundo alternativo de base y los okupas, estaría tomando la parte por el todo. Están ellos, pero también los sindicatos y la izquierda tradicional. Uno de los debates de fondo es sobre el referente político de los movimientos. ¿Cuál sería ese referente? Tú mencionas uno que hace 20 años lo pudo haber sido: los verdes alemanes. Hoy, por razones obvias, no sirve y la izquierda clásica está marcada por el leninismo y la socialdemocracia. Luego, existe una tercera posición que dice que este debate no corresponde.
Los partidarios del movimiento asambleario y la acción directa.
Los movimientos se han visto afectados negativamente en virtud de su vinculación abusiva con la contestación de las cumbres oficiales. Eso ha estado muy bien, pero es una dinámica perversa porque no tiene efecto en términos de debate teórico, ni de asentamiento organizativo, ni de articular proyectos de futuro.
Unos proyectos difíciles al convivir en su interior grupos localistas o nacionalistas. O al menos, así se les caricaturiza.
Es una dimensión importante. El movimiento surge porque hay que dar réplica a la globalización neoliberal pero las perspectivas son muy distintas. Hay sectores de nacionalismo reaccionario. El nacionalismo no tiene porqué serlo pero, en este caso, lo adjetivo así. Junto a ellos hay una contestación igualitaria y radical. Esto va ser una fuente de problemas pero tienen que hacer un esfuerzo para transcender de este debate interno. Porque el gran reto es atraer a la gente normal o el fracaso.
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