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Entrevista a Carlos Taibo

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Un fracaso repetido de la izquierda en los últimos tiempos.
En la izquierda, en los últimos años, el debate ha sido en circuito cerrado. Lo que refleja Barcelona de interés es que a esa manifestación fue mucha gente normal. Gente que no ha leído a Gramsci pero que siente inquietud por la situación del Tercer Mundo o por el deterioro medioambiental. A esa gente no se la puede traicionar y ello reclama un esfuerzo ingente en lenguaje.
¿A quién te refieres cuando hablas de gente normal?
Un ejemplo: yo me he quedado muy sorprendido al ir a dar una charla sobre globalización a una residencia de la tercera edad. Hay mucha gente deseando hacer cosas y que tiene una percepción muy lúcida, por lo que ha vivido, por lo que conoce del sistema, y está harta de telebasura, de propaganda y de que les engañen.
Me alegra que alguien incluya la vejez como grupo potencialmente generador de cambio social, porque estoy empezando a estar harto de ese panegírico con la juventud como protagonista que chifla por igual al Corte-Inglés y al Papa, a Marujita Díaz y a los teóricos de la cultura del botellón, bendiciendo a un sector juvenil más proclive a movidas que a revoluciones. Mientras, a los viejos les visitan los políticos cada 4 años, justo el día en que se mete un sobre en la urna y les amenazan con las pensiones a la sombra del sauce llorón del jardín del asilo...
...Una izquierda con lenguaje normal y próxima a lo alternativo.
En el mundo de la izquierda tradicional está habiendo muchos guiños hacia el mundo alternativo y en éste empieza a haber cierta conciencia de que lo alternativo tiene limitaciones.
Hasta ahora hablábamos de los rebeldes con causa. Era el momento de hablar del poder hegemónico de Estados Unidos que se ha desbordado tras lo sucesos del 11-S. Le comento a Carlos este curioso suceso en el que la víctima termina por sacar provecho...
Si me preguntas quién ha sacado beneficio del 11-S, la respuesta es la derecha norteamericana más cerril. La condición de hegemonía de Estados Unidos es de tal magnitud que sacan beneficio de cualquier situación imaginable. Pongo un ejemplo: si detienen a Ben Laden sacan beneficio porque castigan al responsable de los atentados. Y si no lo capturan, tienen la excusa para proseguir su campañas militares en todo el planeta. Controlan todos los procesos.
Y de la actitud de la Unión Europea, qué me dices.
Mi escepticismo es tal, que pienso que si se diese el caso de que la UE se emancipase de la tutela norteamericana, descubriríamos que, en modo alguno, tiene un compromiso con la libertad. Haríamos mal en olvidar que es uno de los 3 núcleos duros del capitalismo y que gentes como Aznar, Berlusconi o Haider no muestran gran compromiso con la causa de la justicia.
Tal vez lo olvidamos porque pertenecemos a una generación que pensaba que el amo estaba fuera.
Una buena parte de la izquierda sigue inmersa en ese discurso tontorrón de idealización de Europa. No quiero decir con mi análisis que no haya diferencias. Es importante que en la UE no exista la pena de muerte o que sus estados hayan firmado los protocolos del Tribunal Penal Internacional o de Kioto. Pero los dirigentes europeos no se distinguen por el coraje democrático.
Habrá que tener en cuenta el coraje en la capacidad de respuesta de la propia sociedad norteamericana.
Existe. La primera manifestación solvente del movimiento fue en Seattle y creo que, aun hoy, el núcleo teórico fundamental de resistencia a la globalización lo aportan los Estados Unidos. Hay un sector intelectual muy poderoso y la gigantesca maquinaria cultural americana produce cosas muy importantes.
Pero hay que situarlo en una sociedad que antes y después del 11-S ha sufrido una merma de libertades y derechos.
Pero, ojo, a la situación social interna. En el libro hablo de 46 millones de indigentes y vamos a ver cómo lidian con esto en el futuro. Y luego está la condición inserta en las potencias hegemónicas rotundas.
¿A qué te refieres?
La prepotencia de sus gobernantes se puede volver contra ellos. El modelo mental es Hitler invadiendo la Unión Soviética en 1941 sin haber zanjado las campañas militares en la parte occidental de Europa. La sociedad americana es profundamente autista. Para ellos la historia de los últimos 70 años se compila en Pearl Harbour y el 11-S. ¿Acaso no existieron Hiroshima y Vietnam?
En Porto Alegre han dicho que otro mundo es posible. ¿Qué condiciones se deberían dar para que una nueva izquierda lo sea?
Cambio de lenguaje. Cambio de cultura de la izquierda y de los sindicatos que, en algún caso, se han dejado embaucar por el mito del consumo y del crecimiento. Es un problema objetivo en mercadotécnica electoral. Si una fuerza política se presenta a las elecciones y les dice a los electores que tienen que reducir su nivel de consumo algo que identifican con el nivel de vida el electorado les daría la espalda. Y la tercera cuestión, una nueva articulación política en sus estructuras y jerarquías.
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