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Entrevista a Juan José Tamayo, teólogo

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Hemos asistido, voluntariamente o no, a un despliegue mediático universal con motivo del fallecimiento del anterior pontífice y la elección de Benedicto XVI. Asistimos perplejos a la campaña de propaganda que ha transmutado a un hombre con prestigio de conservador y martillo de herejes en una caja de sorpresas por llegar. De estos insólitos hechos y del presente de la iglesia española hablamos con un teólogo de prestigio. Una voz crítica a quien preguntamos de inicio por el legado que deja el hombre que se encamina a la santidad por procedimiento de urgencia. |
MARIANO CRESPO / TRIBUNA
 La característica que mejor define a Juan Pablo II es la contradicción, el aparecer como un hombre moderno del siglo XXI que rompe moldes y, al mismo tiempo, que preserva de manera cerrada el depósito de la fe, sin dejar ningún espacio al diálogo con los nuevos climas culturales y que refuerza todavía más la estructura jerárquico-piramidal de la iglesia. Dentro de la contradicción, creo que imperan los elementos regresivos.
Juan José Tamayo es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas, doctor en Teología por la Pontificia de Salamanca, diplomado en Ciencias Sociales por el Instituto León XIII, doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Madrid y actualmente, entre otros cargos, es director de la Cátedra de Teología y Ciencias de las Religiones "Ignacio Ellacuría", de la Universidad Carlos III de Madrid...
En el pontificado de Juan Pablo II se ha hecho continua referencia al Vaticano II, pero hay quien dice que se ha prescindido de su espíritu cuando decían obrar en su nombre.
Es un pontificado que se ha caracterizado por constantes referencias a los contenidos del Vaticano II y, sin embargo, ha actuado al margen y, en muchos casos, en contra del concilio. El Vaticano II fue obra de una mayoría de teólogos y obispos, sobre todo centroeuopeos, que después de la II guerra mundial ya habían ido elaborado la nueva teología, mientras que Juan Pablo II entonces representaba la minoría conservadora. Por ello no pone en marcha las reformas que aparecen en los documentos del Vaticano II y retrocede a etapas anteriores. Por tanto, se puede calificar este pontificado de restaurador e involucionista.
Dicen que no es ajeno a este proceso el encumbramiento que tienen durante su pontificado instituciones como el Opus Dei...
Una de las claves fundamentales de este pontificado han sido las organizaciones católicas que le han servido de brazo largo para expandir su proyecto neoconservador. Juan Pablo II va a buscar sus apoyos en los nuevos movimientos eclesiales de carácter conservador: legionarios de Cristo, con una fuerte presencia neoconfesional en el mundo de la cultura y en el mundo de la política, el Opus Dei, que no había conseguido encaramarse en la cúpula del poder eclesiástico con Juan XXIII y con Pablo VI y que encuentra el camino abierto con Juan Pablo II. El portavoz del Vaticano es del Opus Dei, el presidente del Consejo Legislativo también, el secretario de Estado, afín a la Obra y una buena parte de la cohorte curial o bien son miembros del Opus Dei o están en su órbita. Eso supone una gran contradicción porque el mensaje social de Juan Pablo II es un mensaje crítico del capitalismo y, sin embargo, va a contar con unos apoyos religiosos que están legitimando el neoliberalismo.
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