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Entrevista a Jorge Valdano

No se parece a su caricatura. Le imitan el tono y cierto aire de lenguaje barroco. Pero al natural se comprueba que es un hombre que ha dedicado a la palabra tanto tiempo como al balón. Le delata el orden de sus ideas, la precisión de su discurso.

MARIANO CRESPO / TRIBUNA DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA
Ha sacado el segundo libro de cuentos de fútbol con textos de Benedetti, De Prada, Umbral… En el prólogo Jorge Valdano dice que "el fútbol empieza a ser una mentira muy bien contada por los medios de comunicación…".
    Había un cuento de Borges y Bioy Casares que cuando lo leí me pareció algo premonitorio. Ellos hablaban de un partido de fútbol imaginado. Los comentaristas deportivos se habían puesto de acuerdo para contar lo que sucedía y, al día siguiente, todo el mundo hablaba de ello. Y en realidad lo que ocurría no había ocurrido, era un invento de los medios de comunicación. A veces uno piensa que está en medio de una mentira bien o mal contada.

Una ficción que nada tiene que ver con la realidad.

    Una de las características del nuevo fútbol es que el antes y el después del partido parecen importar más que el partido mismo. Considerar una derrota como excepcional o catastrófica me parece casi infantil. Forma parte del circo. Del primer fenómeno de conversación del mundo.

¿Cómo has logrado integrarte de un modo tan profundo en la realidad social desde un mundo tan ajeno a ella?

    Yo la curiosidad la traía puesta. Cuando vine aquí no es que me interesase por la realidad, es que la realidad se me vino encima. Dos meses después de mi llegada moría Franco. Todos los días ocurrían cosas que modificaban profundamente los comportamientos sociales. Además, Vitoria fue una ciudad especialmente violenta a la hora de afrontar el cambio.

Eso sólo no da todas las claves.

    No se me ocurre nada más, excepto que yo vine a España pensando que esto estaba lleno de "lolas flores" y llegué a Vitoria y no había ninguna. Y me encontré con que la realidad de España era más compleja, más rica y eso también me llamó la atención. Vivía solo, los días eran muy largos, dentro de una ciudad con un clima bastante duro. En algún lado había que poner la frustración de no jugar, porque vivía lesionado en esa época. El tiempo libre y la soledad de un joven que estaba ante algo nuevo completan el "cocktail" del que salió un poco lo que soy.

Alguien al que cuando quieren insultar llaman poeta o filósofo.

    Este es un medio que muchas veces presume de vulgaridad. Yo creo que la imagen mía como, para irnos a los extremos, la de Jesús Gil o la de Javier Clemente, son periodísticamente atractivas en la medida que enriquecen el paisaje. Somos especímenes claramente diferenciados, por lo tanto, eso hace más obvia la venta. Se trata de “guiñolizar” al personaje.

En su casa brillan por su ausencia los fetiches. Ninguna foto, ningún trofeo. Nada que indique que uno ha charlado con un campeón del mundo. Al final queda la duda de qué adjetivo poner debajo de su nombre en el comienzo de la entrevista. La clave la dio al afirmar que "aunque yo estuviera en una fiesta vestido de esmoquin, si me lanzaran una pelota empapada de barro, no dudaría en detenerla con el pecho. Se lleva en la sangre." Quizá entre el lodo del fútbol se ha fabricado el último caballero.

¿Te molesta verte en el guiñol de Canal Plus?

    No, ahí no, en absoluto. Me parece muy saludable reirme de mi mismo y, cuando me ofrecen desde afuera la posibilidad de hacerlo, me parece estupendo.

Aquel joven rebelde con el tiempo llega al Real Madrid que tenía la imagen de haber sido el equipo del régimen.

    Yo debo decir que mi patria de alguna manera es el fútbol y jugar un día en el Madrid suponía una sensación de plenitud. Tuve la satisfacción de ponerme la camiseta mundialmente célebre con 29 años. Así que todo lo que me ocurría en el Real Madrid yo lo saboreaba. Porque con 29 años gané mi primer título de liga en España. Luego había una historia que acompañaba al Real Madrid, que estaba en las antípodas de mi sensibilidad.

¿Nunca te llegó a provocar contradicción?

    Quizás fue una sensación que la sufrí más como entrenador. Yo recuerdo perfectamente un partido soberbio que hicimos frente al Paris SaintGermaín, en donde íbamos ganando cuatro a uno. Era un homenaje a Juanito. Yo pensaba que jugar bien al fútbol era eso que estábamos haciendo. Y cuando sentía la satisfacción de entregarle a la gente algo bien hecho, de los Ultra Sur empezó a bajar el canto del “Cara al Sol”. Sentí que lo mejor que yo había dado era percibido por los receptores de un modo totalmente contrario a lo que yo persigo. Ese fue el único momento en donde yo sentí que estaba en un lugar equivocado.

Vaya palo.

    Pero tengo tantos amigos del Real Madrid, que tienen una sensibilidad distinta a la entendida como clásica, que se me hizo relativamente fácil pensar que estaba en un club donde existen millones de aficionados de todas las tendencias sociales y políticas.

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"El fútbol empieza a ser una mentira muy bien contada por los medios de comunicación…"

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"Aunque yo estuviera en una fiesta vestido de esmoquin, si me lanzaran una pelota empapada de barro, no dudaría en detenerla con el pecho. Se lleva en la sangre."

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