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Este hombre que ha transcendido de la realidad deportiva, para que su opinión sea tenida en cuenta en diversos foros, llegó a España a los 19 años para jugar en el Deportivo Alavés. Cuesta entender que de un mundo tan endogámico como es el del fútbol haya surgido una figura de su personalidad, en un país que tan bien conoce y al que llegó como extranjero. ¿Cuándo piensas que nació tu estereotipo de intelectual?
Como jugador recuerdo que mi primera entrevista a Diario 16 se la di a Carmen Rigalt. Hablamos de fútbol y de más cosas y ella tituló con palabras mías: "Soy socialista y antimilitarista".
Y te dieron la medalla de oro y brillantes del Real Madrid.
Bueno, se me llamó al orden de alguna manera. No con violencia, de un modo paternalista. Llevando la conversación para el lado de las sugerencias, sobre lo que era o no conveniente. Se intentó que bajara el perfil.
Nos gustan a los latinos los héroes derrotados. Recuerdo que sentí una especial simpatía por Jorge Valdano cuando, ya retirado del fútbol, hizo el esfuerzo postrero por volver a la selección argentina. Fue descartado a última hora y su trabajo pasó a engrosar el museo de los esfuerzos inútiles. Aquello fue doloroso.
Yo llevaba prácticamente dos años fuera del fútbol y me ofrecieron la posibilidad de jugar el mundial. Me sentía como el personaje de “La rosa púrpura de El Cairo”. El espectador al que le ofrecen meterse dentro de la película. Yo estaba sufriendo la nostalgia obligatoria de todo exfutbolista. Estuve dándole muchas vueltas a la situación hasta que un día mi mujer me dijo: "bueno, tu que eres tan reflexivo porque no haces una vez en la vida lo que sientes, en lugar de lo que conviene".
Te animaste y luego vino el chasco.
Empecé a trabajar para desafiar los límites y me ganaron los límites. Resultó doloroso. Pero ese tipo de cosas uno con el tiempo las recuerda de otra manera. Era una lección de vida. Esos recordatorios de que uno es humano y de que los límites existen y que a veces los límites te ganan, vienen siempre bien.
Un aterrizaje forzoso en la realidad.
Yo estoy convencido de que el éxito nos hace un treinta por ciento más imbéciles de lo que somos. Y también de que eso que llaman fracaso es lo único que nos ayuda a ser un poco mejor.
¿Sigues pensando que hay un fútbol de izquierdas y de derechas?
Esa fue una frase de Menotti que no me parecía del todo descabellada. Yo creo que hay un fútbol pragmático que se atiene sólo al resultado y que hay un fútbol que tiene otro tipo de aspiraciones.
Un deporte practicado por obreros de lujo.
El primer efecto de la llegada al profesionalismo es el desclasamiento. Subes dos o tres escalones dentro de la sociedad, pierdes de vista el origen y ya se produce el desfase. Después, empieza a perderse de vista la realidad porque son muy jóvenes y tienen facilidad para todo. Gente que se encarga de despertarte, de elegirte el menú, de entregarte la tarjeta de embarque y finalmente de pagarte fortunas que te van alejando de la realidad.
Y eso como entrenador cómo lo corregirías
Es imposible. Lo mejor que le podría pasar a un futbolista joven es ser exfutbolista antes de alcanzar el profesionalismo, para entender globalmente donde se mete.
El éxito es un impostor que tiene muchos padres. Recuerda como se utilizaron los de la selección argentina
Yo no estuve en la grande, la del 78. Viví la del 86 y debo reconocer que Alfonsín fue muy civilizado. Hizo un verdadero esfuerzo por marcar el contraste con respecto a lo que había ocurrido en el 78. Nos recibió en la Casa Rosada y dijo que “el pueblo quiere participar de esa alegría con ustedes. Aquí tienen la casa del pueblo, les felicito” y desapareció de escena.
Dio el éxito a quien le pertenece.
Yo siempre he creído que el fútbol le pertenece a la gente. El fútbol es algo que nace y crece fuera de la cultura oficial. Es una expresión casi silvestre, espontánea, que se da mejor en la miseria que en la opulencia. Claro que como todas las cosas que funcionan a nivel popular está abierta a todas las demagogias.
Tu inventaste el término “miedo escénico”. ¿Alguna vez lo has sentido?
Un día que me hicieron bailar un tango en televisión. (risas) Antes de la final de la copa del mundo yo no dormí un segundo la noche anterior. Sabes que te va a ver toda la humanidad y que estás en el sitio que has soñado toda tu vida.
¿Existirá el fútbol en el siglo XXI?
Yo creo que el fútbol ha hecho quedar mal a todos los profetas. Se decía que la democracia mataría el fútbol. Luego que la cultura mataría el fútbol. Más tarde, la televisión matará el fútbol. En realidad, termina por producir un embrujo, una fascinación, que no es superada por ninguna otra oferta recreativa.
Y tú volverás al banquillo.
No estoy especialmente entusiasmado con volver a entrenar. He recibido ofertas que, en otro momento, me hubieran hecho perder la cabeza y que ahora no me mueven un pelo. Pero ¿quién sabe?
No lo echas de menos.
Ser entrenador significa convertirse en un obsesivo. Además, mientras fui entrenador, había algo en mí que se estaba torciendo y me empezaba a parecer peligroso. El autocontrol llevado hasta unos extremos poco saludables. La pérdida de la espontaneidad es poco aconsejable.