La iluminación es uno de los pilares fundamentales en los que hay que apoyarse para realizar una adecuada decoración de la casa. |
Cuántas veces nos ha ocurrido que al entrar en una casa notamos que algo falla y que no es cuestión del toque personal de los anfitriones a la hora de elegir sus muebles. Pasados unos minutos nos percatamos de que en la iluminación está el fallo. En ocasiones, la intensidad de la luz incomoda a las personas que intentan disfrutar de una reposada velada y, en otras, se da el caso de no llegar a distinguir bien los perfiles, porque hay todavía quien se empeña en crear ambientes acogedores pero con poca luz. Aquí está el error. El problema está en comprar las lámparas sin pensar en los vatios necesarios para los metros cuadrados que se van a iluminar y, sobre todo, para el lugar donde van a ser colocadas. Los diseños de estos grandes aliados de la casa cada vez son más vanguardistas. Las tradicionales lámparas de brazos están dejando paso a complementos estilizados de pie con alargadas pantallas de telas y otros materiales tratados como el papel o la madera.
A la hora de elegir la iluminación de nuestro hogar hemos de tener en cuenta que, como media, son suficientes 20 vatios por cada metro cuadrado. Al mismo tiempo, otra de las claves básicas de la iluminación es tener en cuenta que las paredes y los muebles oscuros absorben mucha luz y son susceptibles de deslumbrar si lo que se hace es dirigir el haz de luz hacia ellos. Si deseamos crear distintos grados de iluminación y obtener marcados efectos, tenemos que tener en cuenta que no será bueno fomentar los contrastes de luces y sombras, sino que tenemos que conseguir una progresión de la intensidad de la luz. Para esto son indispensables las pequeñas lamparitas. Y, por último, como consejo de vital importancia, hay que iluminar bien las zonas como pasillos, baños, cocina y zonas de trabajo, evitando para ello un solo foco intenso, y colocando en su lugar distintos puntos luminosos direccionables.
Otra de las medidas a tener en cuenta es la potencia de las bombillas. En ocasiones es mejor optar por colocar bombillas de tungsteno o incandescentes -las de toda la vida- que emiten una luz cálida y amarilla, muy propia si lo que se quiere es resaltar tonos rojizos. También podemos optar por las lámparas halógenas, de luz blanca y clara, que resaltan las gamas de verdes, azules y grises, o también las fluorescentes, desde la gama más fría a la más normal que emite ligeros tonos verdosos. Por regla general lo que se pretende es crear grandes espacios con la luz artificial, y esto sólo se consigue enfocando bien la luz hacia las paredes y los techos. Por otro lado, la iluminación ha de estar acorde con los gustos del habitante de la casa, pero hay una serie de reglas básicas para completar la decoración del hogar.
Para resaltar determinados espacios y ambientes hay que tener en cuenta que es preferible dirigir la luz desde el techo si lo que se desea es resaltar materiales como el cristal, y desde el costado si lo que se desea es resaltar objetos metálicos. Por regla general, la luz artificial contribuye a ampliar los espacios, por lo que si se pretende ampliar un salón la luz ha de dirigirse hacia el techo; si éste es demasiado elevado, con mantenerlo en penumbra será suficiente, sin llegar a mantenerlo a oscuras.
Un espacio, una lámpara
En las zonas de paso es aconsejable utilizar apliques en la pared y luces de techo, tanto colgantes como empotradas. Si se opta por lo último, en el mercado existe una amplia gama de empotrables con marcos de metal o cristal que hacen variar los efectos de la iluminación. En caso de colocar empotrables hay que tener en cuenta que los halógenos tienen que estar a 1'20 metros de distancia entre ellos, y sobre todo, ha de tener escayola en el techo. Si se opta por los apliques en las paredes, las mamparas de telas variadas o de plástico combinadas con madera o acero son las más apropiadas.
En los rincones del salón es donde mejor se aprecia la combinación de luces y se puede optar por altas lámparas de pie junto a otras de apoyo distribuidas en mesas. Las tendencias apuntan más a éstas últimas.
En la cocina lo mejor son los fluorescentes, que además de suponer un mayor ahorro energético son los que producen mayor potencia y multiplican por diez las horas de vida de una bombilla.
En la zona del comedor se hace obligatorio utilizar luces regulables en altura, y para ello son las más adecuadas las incandescentes o de tungsteno colocadas a unos 2,5 metros de altura. Por lo general suelen ser de pantallas amplias y el material varía dependiendo del gusto del habitante de la casa.
En los dormitorios se aconsejan lámparas de techo, pero no muy potentes, con complementos en las mesillas de noche. Para el baño siempre ha de tenerse en cuenta la intensidad de la luz. Lo mejor serán dos bombillas de igual potencia a ambos lados del espejo y, como complemento, una luz de potencia media en el techo.