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Viajar con animales domésticos

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Cuando viajamos en automóvil con animales de compañía, debemos procurar que éstos dispongan de unas condiciones adecuadas durante el traslado, y ello por dos motivos principales: en primer lugar, de estas condiciones puede depender la seguridad del conductor y de los pasajeros; en segundo lugar (pero no menos importante), también puede depender la salud (o incluso la vida) del animal. |
JAUME MONTOLIO / MUJERACTUAL
La seguridad
Para viajar de forma segura con animales de compañía, los comercios especializados disponen de varias soluciones. Una de ellas consiste en instalar una red entre los asientos traseros y delanteros para evitar que el animal pueda saltar a la parte delantera del vehículo y distraer al conductor o, incluso, saltar sobre el propio conductor. En los automóviles tipo "familiar" o en los "todoterreno", la red se puede colocar entre los asientos traseros y el maletero, aunque en este caso hay que reservar el espacio suficiente entre el equipaje.
Sin embargo, en el caso de los gatos lo recomendable es llevarlos en un "transportín" o caja de transporte. Se vende un aerosol con el que se puede rociar el interior de la caja y que desprende el mismo olor que sus propias feronomas, unas sustancias que fabrica su organismo y que, entre otras cosas, son el "tranquilizante" natural de los felinos.
Para los perros, se fabrican unos arneses en tres tamaños diferentes que se sujetan, mediante un mecanismo de anclaje, a uno de los cinturones de la parte trasera del coche. Estos arneses están diseñados para que no opriman el cuerpo del perro, pero le obligan a ir sentado sin la posibilidad de moverse de un lado a otro.
La salud
Hay dos situaciones principales de riesgo a las que los animales pueden verse sometidos durante un viaje:
- Mal del transporte
El percance más común es el "mal del transporte", que no es más que el clásico mareo. Evitarlo resulta difícil. A diferencia de las personas, que se puede prevenir tomando un antihistamínico poco antes de iniciar el viaje, en animales puede llegar a ser necesario iniciar el tratamiento hasta dos días antes, con una dosis cada ocho horas. El principal inconveniente es que no siempre es efectivo (sólo lo es en un 33% de animales). Otra solución es recurrir a tranquilizantes, aunque solamente es aconsejable en viajes largos. Para viajes cortos es más recomendable dejar al animal en ayuno durante 12 horas y no darle agua 3 ó 4 horas antes de la salida.
- Golpe de calor
El segundo problema que puede afectar a los perros es el "golpe de calor". Es importante tenerlo en cuenta porque puede llegar a provocar la muerte del animal. Al contrario que ocurre en las personas, su organismo es incapaz de tolerar altas temperaturas ambientales: para un perro la temperatura normal es de 38-39 grados, pero si alcanza los 40,5 grados entra en situación de urgencia. Si esto sucede durante el viaje y no se puede acudir a un centro veterinario, lo único que podemos hacer es darle de beber agua en abundancia y darle un baño de agua fría. Los profesionales recomiendan que, en condiciones de calor, no se debe dejar al perro solo dentro del vehículo, ni siquiera con la ventanilla algo abierta para que respire. Se conoce más de un caso de personas que lo han hecho, dejando al animal solo el tiempo justo para hacer una rápida comida, y al regresar se han encontrado al animal muerto.
Finalmente solo cabe tener en cuenta que las mismas paradas que hace la persona a lo largo del viaje, son ideales para que el animal respire aire libre y ejercite sus músculos.
En cuanto a problemas de salud más específicos, hay que saber que los perros cardíacos pueden presentar un exceso de nerviosismo y acusar más las subidas de temperatura ambiental, pero en ningún caso de les puede administrar tranquilizantes. Los gatos con "asma felina" (dificultades respiratorias crónicas), tienen probabilidad de sufrir ataques asmáticos a causa del exceso de nerviosismo, aunque a éstos si se les puede suministrar tranquilizantes. En todo caso, debemos tener en cuenta que cada animal es "un mundo" y que su veterinario habitual es el que debe decidir y recomendar lo que es más apropiado en cada momento.
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