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El síndrome de la abuela esclava

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Perfil psicológico y social
Abuela cansadaLas abuelas esclavas vivieron años de posguerra y estrecheces. Se ejercitaron en trabajar y obedecer, sin rechistar. Siendo adolescentes no les enseñaron casi nada, pero les inculcaron un excesivo sentido de la dignidad y el pudor.

Ahora son amas de casa con responsabilidades familiares que les sobrecargan inadecuadamente, llegando a extenuarles. Pero no se quejan. Durante años han asumido como propio un trabajo equivalente a la jornada laboral de dos o más personas, habituándose a hacer en un día las labores que normalmente precisarían dos o más jornadas.

Con el paso del tiempo y el crecimiento de la familia llega un momento en que son incapaces de responder adecuadamente a todo lo que sus familias les demandan a diario. Se amargan porque saben que su incapacidad decepcionará de alguna forma a los seres queridos.

Comienzan a sentir la incomprensión de aquellos a quienes han entregado lo mejor de sí mismas durante los mejores años de sus vidas. Se aterran al vislumbrar que acabarán sufriendo el desamor, y quizás el desprecio, de aquellos seres que más quieren en este mundo, que a la vez son quienes más les están decepcionando.

Jamás se quejan con la debida elocuencia. Consideran humillante, incluso indigno, la petición vehemente de socorro. Prefieren un final adelantado para sus vidas antes que gritar, "escandalosamente", pidiendo auxilio.

La abuela esclava puede pertenecer a cualquier clase social, si ejerce de ama de casa con responsabilidad directa asumida, y reúne las características psicológicas antedichas. A veces son mujeres sin nietos pero con cargas familiares equivalentes. Excepcionalmente algunos varones asumen responsabilidades semejantes si conviven con mujeres impedidas.

Diagnóstico
Debe sospecharse el síndrome de la abuela esclava en toda mujer con responsabilidades familiares directas que presente síntomas crónicos rebeldes y recurrentes, o enfermedades comunes que no responden adecuadamente a los tratamientos convencionales.

Evolución y pronóstico
Si el síndrome no se detecta y persiste la situación de estrés, el cuadro se complica y la paciente es catalogada con todos los diagnósticos compatibles con sus múltiples manifestaciones: hipertensión arterial, diabetes, angina de pecho, taquicardia paroxística, arritmias de diferentes tipos, hemicránea, ansiedad, depresión, neurosis, etc.

Los ingresos hospitalarios y las temporadas que las pacientes pasan fuera de sus domicilios habituales, liberadas de las cargas cotidianas, determinan mejorías espectaculares. El retorno al medio y las responsabilidades habituales provoca recaídas y agravación progresiva.

El síndrome hace crisis cuando la esclava no puede aguantar más el estrés al que se siente crónica e irremediablemente sometida. Al llegar a ese punto la esclava pide ayuda de diversas formas, pero desafortunadamente sin la suficiente expresividad para transmitir a los familiares la intensa amargura y desesperación que la embargan.

La abuela esclava que decide liberarse mediante suicidio lo hace pensando que van a descansar tanto ella como sus familiares. Cree que, con su desaparición, la familia quedará liberada definitivamente de la pesada carga que ella misma, la abuela, supone.

Si alguno de los familiares más cercanos intuye la auténtica entidad del problema, y acierta a coordinar a los demás miembros de la familia para, entre todos, liberar a la abuela de cargas y responsabilidades excesivas, el pronóstico es excelente.

Tratamiento
La curación o liberación definitiva se alcanza cuando se consigue el equilibrio entre los cometidos asignados a la abuela y su fortaleza física y emocional, en cada momento.

La cancelación de funciones con responsabilidades, la asignación de tareas sencillas no comprometidas, y el mantenimiento de un gratificante, aunque discreto, contacto con la familia, son las claves para liberar definitivamente a nuestras sufridas abuelas esclavas.

El doctor Antonio Guijarro Morales, es cardiólogo, profesor de la Universidad de Granada.