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El acogimiento, otra forma de solidaridad

Son niños rusos que vienen al levante español a pasar unas vacaciones de un mes acogidos por familias sencillas y humildes, pero con ganas de ayudar a los más necesitados. Para los niños es un pequeño granito de arena respecto a todos los días que tienen que pasar con frío, mala alimentación, falta de vitaminas, y pésimas condiciones de vida. Para ellos, España es como un paraíso estival en el que cuando están olvidan, o quieren olvidar, todas sus numerosas pesadillas. Son los hijos de un pasado marcado por la peor catástrofe nuclear conocida hasta la fecha en el mundo, Chernobil, y viven en un presente plagado de miserias en la Rusia actual que no deja ver nada claro su futuro.

RAQUEL BASCUÑANA / UNO CONTENIDOS
Familia de acogida
"Querida familia española estoy en el colegio escribiendo una carta. Las Navidades se presentan bastante malas..."
"Querida familia española estoy en el colegio escribiendo una carta. Las Navidades se presentan bastante malas, se espera uno de los inviernos más fríos de los últimos años. Tengo muchas ganas de ver a todos y de conocer al nuevo miembro de la familia. Hoy hemos ido a... Besos y abrazos para mis hermanos y mis padres españoles". Ésta podría ser una de las cartas que Daria, una niña rusa de 13 años de edad manda a la familia Martorell-Campos, que la acoge todos los veranos en la localidad valenciana de Picassent, también podría servir de ejemplo para Natasha, acogida por la familia López-Ibañez en el mismo pueblo y de tantas y tantas cartas que niños rusos que vienen a pasar el verano a los pueblos y localidades del Mediterráneo español como Algemesí, Picassent, Catadau... envían a sus familias españolas.

Daria es una niña rusa de 13 años que vive en la parte central de Rusia y viene a España todos los veranos desde que tenía 8 años. Este verano no ha venido con su familia española debido a que el consulado de España en Rusia cesó todas las salidas de niños rusos a España para averiguar donde iba a parar el dinero que familias españolas y rusas, a veces en condiciones de extrema pobreza, pagaban para el viaje de los niños. Finalmente el consulado averiguó que la monitora que hacia de intermediaria entre las familias españolas y los niños rusos se quedaba el dinero. Por ello este año tras haber pagado el viaje a los niños en marzo muchos de ellos no han venido, en cambio otras familias han tenido que pagar otra vez el dinero del viaje para que a la segunda, y esta vez con garantías, vinieran los niños. Por ello Daria este verano se ha quedado en Rusia en cambio Natasha sí que ha venido a Picassent.

Natasha también tiene 13 años, y es el cuarto año que viene en verano con la familia López-Ibañez. Natasha vive en un pueblo que no sale en los mapas, en casa de su abuela con escasamente dos habitaciones para adultos y niños y con poco que comer, mucho frío y epidemias en los colegios que no le permiten avanzar mucho en su educación. Sus padres están separados, él es alcohólico y ella barrendera. En el caso de Daria es huérfana de padre y su madre trabaja para la administración en lo que ella asegura que es "la casa blanca" de su pueblo, una especie de ayuntamiento.

Chernobil, una catástrofe para la humanidad
El 26 de abril de 1986 tuvo lugar en Chernobil, ciudad del norte de Ucrania, situada a 130 Km. del norte de Kiev y a 20 Km. de la central de energía nuclear uno de los más conocidos accidentes nucleares de los últimos tiempos, causado por el reactor de esta central. Un experimento cuya supervisión fue incorrecta (el sistema de enfriamiento del agua se desconectó) provocó una reacción incontrolada que, a su vez, causó una expulsión de vapor. La capa protectora del reactor fue destruida y, aproximadamente, 100 millones de curios de nucleidos radioactivos fueron expulsados a la atmósfera. Parte de la radiación se extendió a través de Europa septentrional y llegó hasta Gran Bretaña.

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