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El acogimiento, otra forma de solidaridad

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Daria
Daria es una niña rusa de 13 años que vive en la parte central de Rusia y viene a España todos los veranos desde que tenía 8 años.
Los datos ofrecidos por las autoridades indicaron, en aquel momento, que 31 personas murieron como resultado del accidente, pero el número de muertes que puede causar directa o indirectamente la radiación todavía se desconoce. Más de 100.000 ciudadanos ucranianos fueron evacuados de las áreas situadas alrededor del emplazamiento del reactor, y Chernobil y otras regiones cercanas, permanecieron deshabitadas durante un año después del accidente. Los funcionarios responsables del reactor fueron procesados en 1987. Los tres reactores restantes de la central volvieron a entrar en funcionamiento ese mismo año y más tarde, la zona de evacuación inmediata del desastre fue declarada Parque Nacional con el fin de evitar el regreso de la población. En 1991 el gobierno prometió la clausura total de la central de Chernobil, pero la demanda de energía retrasó su cierre. A mediados de 1994, los estados occidentales, alarmados por la falta de seguridad de la central, tomaron una serie de medidas para asegurar su cierre.

Pero todavía hoy en el pueblo de Natasha se sigue fabricando armamento nuclear. José López Ibáñez uno de sus "hermanos españoles" según dice ella, comenta cómo en el pueblo de su "hermana rusa" todavía "se sigue fabricando armamento nuclear de todo tipo, el acceso allí es muy restringido, no se puede entrar sin un visado especial de un organismo Internacional como pudiera ser Cruz Roja y, desde luego, no se puede entrar si tu presencia allí no es realmente importante", además asegura que las condiciones de higiene en el agua son realmente precarias igual que la calidad y el tamaño de los productos agrícolas "allí hay muy poca fruta, los plátanos y los tomates no los conocen y lo que más les extraña es su tamaño, lo único que comen de fruta es una especie de baya o papaya roja que le dan muchas utilidades y les sirve incluso para desinfectar el agua, es como aquí la uva, de donde nosotros sacamos el mosto para hacer el vino que lleva alcohol, con esa fruta ellos también hacen alcohol y les sirve para potabilizar el agua que por eso es roja".

Tanto el pueblo de Natasha como el de Daria se encuentran relativamente cerca, si tenemos en cuenta que la radiación llegó hasta Gran Bretaña, del ámbito donde Chernobil tuvo sus efectos más desastrosos y causó más muertes. Ninguna de ellas había nacido entonces pero sus madres sí que vivieron este trágico accidente embarazadas. Pertenecen a la primera generación de niños que nacieron tras Chernobil y los efectos que éste pudo tener en ellas todavía no se observan físicamente, aunque en un futuro no se pueden prever las consecuencias negativas que tanto ellas como muchos niños y niñas de su edad pueden tener.

En el caso de Natasha los síntomas físicos sí que se observan "es una niña que necesita venir a España, tiene asma, cada dos por tres tenemos que estar en urgencias con ella para que le pongan oxígeno, además siempre que viene a España está muy delgada, cuando se va siempre gana salud y algunos kilos de más, su madre en Rusia dice que la encuentra con mucha más salud", asegura José López Ibáñez. Daria, una de las hijas de la familia Martorell-Campos, Amparo, afirma: "ella no tiene aparentemente nada físico pero al haberse expuesto a la catástrofe de Chernobil le aconsejaron el buen clima de España, el aire no contaminado, el sol, las frutas y las verduras que son muy buenas para ellos".

Por fin en España
Pero todos los años están deseando ver a su familia española y dejar atrás todo lo que Rusia supone para ellos. Las dos niñas empiezan el viaje en su pueblo donde van hasta Moscú en un tren durante tres días y dos noches. En Moscú cogen un avión hasta el aeropuerto alicantino de L'Altet y desde allí los niños ya son distribuidos en grupos y por autobuses para que los lleven a los diferentes pueblos de la Comunidad Valenciana y Murcia, en este caso Picassent.

Amparo Martorell cuenta cómo el año pasado Daria vino en un grupo de niños que no iban a Picassent y vino con ese grupo porque venían para dos meses y tenía la oportunidad de venir con ellos, pero fue su familia la que se encargó de ir a por ella a Alicante y de ir a llevarla el día que tenían que marcharse.

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