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Este año, José también ha ido a por Natasha en el autobús hasta Alicante. Normalmente sólo van dos personas de la familia que suelen ser el padre y la madre, pero este año como han venido muy pocos niños por la cuestión de que había que pagar dos veces el viaje, el autobús iba bastante vacío y José se apuntó. El primer año que se trae a un niño de Rusia no se paga nada de su viaje, el segundo año si quieres que vuelva el mismo niño le has de pagar tú el viaje y si no, puedes seguir trayendo todos los años que quieras a un niño distinto. Amparo Martorell concluye: "lo de pagar el segundo año es porque a ellos les interesa que vengan todos los niños y de esa manera tienen más oportunidades".
Pero tanto Amparo como José coinciden en que el primer año se pasa bastante mal. Amparo Martorell es la primera en señalar: "Mi madre siempre trae a Daria y no quiere traer a una niña distinta porque el primer año todos lo pasamos muy mal. Ella lloraba y no sabía decir nada en español, nosotros tampoco la entendíamos y teníamos que estar llamando a la monitora muy a menudo y por eso el segundo año vino ella, para no pasar otra vez por lo mismo". "El primer año es duro porque tu no entiendes a la niña y ella tampoco te entiende a ti y vas por señas al cabo de los años ya vas entendiendo a la niña y ella te entiende también más a ti", concluye también José.
El primer año todo es más duro, Amparo narra cómo la monitora le dio a Daria una tabla con lo que creyeron más necesario en ruso y al lado su equivalente en español de ese modo "cuando ella quería algo lo señalaba en ruso y nosotros lo leíamos en español". Pero ambas niñas han ido aprendiendo a pasos agigantados un idioma que no es el suyo materno e incluso Daria sabe hablar ya bastante bien español, incluso se compró un diccionario para leer cosas en español y aprender y según afirma, Amparo, hija menor de la familia Martorell-Campos, "ella dice que el español es mucho más fácil de aprender que el ruso".
Cuando los niños vienen en vacaciones, lo suelen hacer durante un mes, por lo general el de julio. No se quedan todo el día en casa sino que los mismos monitores de aquí les organizan excursiones a las fabricas de helados de Camy, a la de Coca-cola, a fábricas de juguetes, a Aquasol -en Cullera- o a cuevas cercanas como la de Cova hermosa en Cortes de Pallars. Los fines de semana también salen con las familias y les enseñan monumentos de Valencia, van al campo y, sobre todo, a la playa. Tanto a Natasha como a Daria les enloquece la playa ya que en Rusia viven en el interior y, debido a las bajas temperaturas, allí algo tan sencillo como bañarse en la playa es imposible. Natasha llama a la playa "piscina grande" y José asegura que hay que estar muy, muy pendientes de ellos porque empiezan a meterse y aunque les cubra siguen metiéndose, porque como para ellos es algo tan novedoso no ven el peligro, "en España ellos nunca ven peligro".
El futuro
En uno y otro caso, tanto Daria como Natasha no quieren hablar mucho de Rusia cuando están en España. Nunca han dicho a las familias sus planes para cuando sean mayores. Amparo sólo recuerda una vez en la que Daria les dijo que ella de mayor quería ser monitora y venirse aquí a España a trabajar, entonces la Pepi Campos le preguntó "¿y tu mamá en Rusia sola?" y le contestó "no mi mama también aquí a trabajar". De todos modos por mucho que alarguen sus vacaciones estivales Rusia sólo permite traer a los niños de allí hasta los 16 años, una vez cumplida esa edad los niños no pueden venirse a pasar las vacaciones a España, y son pocas las personas que pueden salir del país. José asegura que su madre quiere agotar el plazo al máximo ya que: "ella es como una más de la familia, una hermana más y para mi madre una hija".
En el caso de Amparo todavía su familia no sabe nada respecto a sí el año que viene Daria vendrá con ellos, ya que este año hay un nuevo miembro en la familia Andrea, y a parte de su primera nieta Pepi Campos también tendría que cuidar a Daria. En el caso de Natasha nunca ha dicho que pretende hacer en un futuro por ahora "sólo se preocupa de los peluches, las barbies y los dibujos" afirma José entre risas. Sea como sea estos niños lo único que quieren es disfrutar, cosa que en su país no pueden hacer, por eso dicen que les gusta más España que Rusia y que aquí nadamos en la abundancia. El ver contentos a los niños es fundamental para el acogedor. Según José López Ibáñez: "mi madre prefiere acoger a un niño que meter ese dinero en una cartilla de un banco o en un sobre que nunca sabes si realmente llega a su destino y para ayudar y ver que realmente es efectivo qué mejor forma que ésta".