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La familia frente a la enfermedad de Alzheimer

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¿Cómo ayudar a la familia con un enfermo de Alzheimer?
- Intentar no perder el contacto con los miembros de la familia, aunque sea a través de acciones simples, como una llamada telefónica de vez en cuando o una visita. Son actos que significan mucho para ellos, aunque no se reciba respuesta de su parte.
- Tener para con ellos, ocasionalmente, pequeños detalles o atenciones.
- Ofrecerles ayuda para proporcionarles tiempo libre y el descanso que necesitan, pero una ayuda específica y concreta, no "general" (del tipo ¿necesitas algo?), ya que a las familias les resulta difícil pedir ayuda.
- Informarse sobre la enfermedad y sobre los cambios de comportamiento que ocasiona en el enfermo, para poder entender la situación a la que se enfrenta la familia.
- Proponerles actividades que les ayuden a salir, relajarse y descansar, incluyendo al enfermo si es posible.
- Aprender a escuchar, porque a menudo los enfermos y los cuidadores lo que necesitan es hablar con alguien, sin interrupciones. No es necesario ofrecerles respuestas, ni tampoco cuestionar o juzgar lo que explican. Basta con darles soporte y comprensión.
- Preocuparse por el cuidador y animarle a cuidar de sí mismo, procurándole información y ayuda o compañía si es preciso.
- Preocuparse de todos los miembros de la familia, incluido el enfermo, ya que agradece las visitas aunque sea incapaz de demostrarlo.
¿Cómo ha de ser la casa de un enfermo de Alzheimer?
- No debe estar sobrecargada de muebles ni de adornos, para que pueda circular libremente. Así se incrementa su autonomía, se reduce su angustia y se facilita la labor del cuidador.
- Deben evitarse los ruidos innecesarios, como los de la TV o la radio, ya que pueden desorientarle y, además, dificultan enormemente la comunicación con él.
- Los espejos y las superficies brillantes pueden llegar a asustarle: puede no reconocerse o confundirse con un extraño y, de resultas, angustiarse. O puede no reconocer cuando una puerta o una ventana de cristal está abierta o cerrada.
- El desorden incrementa su desorientación. Es conveniente no dejar a su vista más que objetos de uso cotidiano y procurar que todo esté siempre en su sitio.
- Llega un momento en el que resulta de gran ayuda que las diferentes habitaciones de la casa, los recorridos para ir al baño o a su habitación, o los contenidos de los armarios y cajones que utiliza, estén señalizados con rótulos o pictogramas: esa pequeña modificación le ayuda a sentirse más seguro.
- Una pizarra o un bloc que le indique las tareas que debe realizar cada día, le ayuda así mismo a estructurar su tiempo y a sentirse menos desorientado.
- Un reloj en la pared y un calendario en el que se identifique claramente el día que es, con números muy grandes y que se puedan leer con facilidad, le ayudarán en los momentos en los que puede padecer trastornos de orientación temporal.
¿Cómo saber lo que es necesario adecuar en la vivienda?
Lo primero que hay que hacer es identificar todos aquellos elementos que, por cotidianos que parezcan, pueden en algún momento llegar a entrañar peligro para el enfermo por las dificultades que llegará a tener tanto en el reconocimiento como en el manejo de objetos.
Hay que tener presentes así mismo aquellos objetos o zonas de la casa que pueden entrañar un riesgo por los cambios visuales que puede experimentar a medida que la enfermedad avanza: huecos de escalera, puertas ciegas, diferentes niveles de iluminación, espacios en exceso homogéneos y difícilmente reconocibles...
Muchas de las actividades cotidianas llevan aparejado un riesgo intrínseco, que se pone de manifiesto cuando una persona tiene mermadas algunas de sus capacidades. Hay que ser especialmente precavido en la cocina (atención a los electrodomésticos, a los cuchillos y objetos punzantes y cortantes, al gas, a los alimentos en mal estado, a los productos de limpieza...) y en el cuarto de baño por los riesgos de caídas y por las especiales dificultades de estos enfermos para manejarse.
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